9 de marzo de 2014 - 02:01

Viñas de ira

Ayer pudo verse en Mendoza cómo el poder de Cristina comienza a evaporarse. Mientras ella era la reina absoluta, el Gobierno y los sectores vitivinícolas parecían en armonía, aún fingida, pero ahora que hay que prepararse para un mañana sin Ella, cada cua

Esta vez, la Vendimia fue fiel reflejo de los cambios políticos ocurridos en el último año, como se pudo observar ayer en los no por solapados menos importantes enfrentamientos entre el Gobierno y una parte de los empresarios vitivinícolas. Mendoza devino, este año, un espejo nacional desde el cual se pudo apreciar cómo varió drásticamente el escenario político, tal cual una radiografía de la nueva Argentina que empezamos a vivir.

Lo que aconteció este sábado fue casi la contracara de la Vendimia 2013. En aquel entonces la presidenta Cristina Fernández tampoco asistió, pero su presencia estaba en todos lados. Las energías políticas enteras de la Nación habían sido expropiadas por Ella en su afán de acumular hasta el último resto de poder existente para invertirlo todo en su aún probable re-reelección.

Por eso, al carecer todos de poder, en 2013 nadie se peleó con nadie ya que la élite entera rendía pleitesía a su majestad la reina, puesto que sólo humillándose se podía conseguir algún mendrugo de quien acaparaba todas las decisiones. Así, en el desayuno de la Coviar o en el agasajo bodeguero del mediodía todos fueron buenos con todos. Para colmo, nos mandaron desde la Nación, como principal autoridad, a un Boudou deprimido, un zombie del cual todos huían. Mandarnos a nadie indicaba el valor nulo que políticamente se le asignaba al evento por parte de Cristina, más todopoderosa que nunca, despreciadora de todos.

En 2014, en colosal diferencia con 2013, Cristina no estuvo ni física ni espiritualmente. Simplemente no estuvo. Protocolarmente, Paco Pérez y Jorge Capitanich la mencionaron, pero sin que a ninguno le importara, ni a ellos. Ya nadie piensa en Ella, todos están pensando en ellos, vale decir, en un futuro sin Ella, donde ellos quieren seguir estando.

Eso se vio en la Vendimia ayer. Comenzó a desperezarse la política hasta hace poco monopolizada por Ella pero, en consecuencia, así como hace un año nadie se peleó con nadie, ahora todos se pelearon con todos. Como suele ocurrir con una madre autoritaria que siempre pensó y decidió por todos sus temerosos hijos, hasta que éstos, al ser lanzados a la vida sin la protección de ella, descubren que ya de nada sirve obedecer a quien ya no puede mandarlos.

Se ven obligados entonces a abandonar la protección del seno materno, que si bien les impedía ser ellos mismos, a cambio les daba seguridad. Pero ahora deberán introducirse en la ley de la selva, donde todos deberán disputar su sitio en la nueva vida peleando unos contra otros, porque ya de poco servirá ver quién llora más fuerte para lograr ser subido primero a las faldas de mamita. Sin embargo, el problema es que los pibitos liberados, cuando comienzan a hacer política ellos solos, cometen todas las torpezas de los recién iniciados.

"Hemos retrocedido más de veinte años, hemos vuelto a los años 80", decían, entristecidos, muchos en el almuerzo de los bodegueros, donde por primera vez desde tiempos inmemoriales el Gobernador faltó a la cita.

A los fines históricos, es intrascendente determinar si Paco Pérez no fue por los escraches de los que protestaban en las puertas de la bodega, o si no fue porque quería expresar con su ausencia una crítica política al sector de los "grandes" del vino.

No obstante, las furias venían de antes. Algún bodeguero dijo a fines del año pasado que "todo cambiaría después de Vendimia", como indicando la nueva guerra por venir, para la que se estaban preparando de ambos lados.

El Gobierno está que trina por el bajo precio que los bodegueros grandes pagan por la uva a los productores, por lo que los consideran unos desagradecidos que se cortan solos. Mientras que los bodegueros están que trinan porque creen que el Gobierno provincial los quiere hacer aparecer ante la Nación como los neoliberales, los capitalistas salvajes, los intereses concentrados que están en contra de los pequeños y medianos productores.

Sin embargo, los laderos de Paco Pérez niegan que le quieran ofrecer un tributo a un gobierno que se va, pero sí quieren hacer pesar Mendoza en el contexto nacional para que en la nueva división de roles que encare el próximo gobierno "Mendoza esté donde debe estar", dicen. O, en palabras más explícitas: "Pase lo que pase, gane quien gane en 2015, los que gobernamos Mendoza queremos hacer valer el gran peso de la provincia en las decisiones nacionales", insinuando que hasta ahora no lo lograron porque nadie tuvo poder frente a una presidenta todopoderosa que no compartía nada con nadie. Pero que de aquí en más todo dependerá de quién se anime primero a posicionarse.

O sea, los pibes liberados de mamá (que no es lo mismo que los pibes de mamá para la liberación) quieren juntar todas las fuerzas que hasta ahora no juntaron para sobrevivir en el peronismo poskirchnerista. Y para eso necesitan contar con el peso a su favor de un poder vitivinícola afín, ya que no creen que los actuales dueños les sean muy afines. Quieren hacer un trasvasamiento político vitivinícola. Por eso ayer, después de los discursos de la Coviar, se fueron a un asado del INTA con la tropa viñatera propia o cercana, dejando a las "ex fuerzas vivas" solitas y desairadas. En su discurso matinal, Paco Pérez habló de dos Mendozas, la conservadora y la progresista, a las que él decidió declarar en pugna política-ideológica, siendo él el comandante en jefe de la segunda, de la que llama 'progre'.

Los que piensan que ayer se retrocedió más de veinte años creen que por la impresionante transformación vitivinícola que empezó a fines de los 80 (mientras el país comenzaba su desindustrialización, Mendoza producía una reconversión gigantesca de su industria madre) los viejos almuerzos de las fuerzas vivas donde Gobierno y bodegueros se tiraban con panes y se insultaban, desaparecieron. Pero que ahora están reapareciendo, que lo de ayer estuvo cerca, como preparando el terreno para nuevos combates sectoriales que destruirían la trabajosa unidad construida.

Por estas horas, los moderados de los sectores enfrentados están hablando informalmente a ver si el agua no llega al río, pero aunque no llegue, en los hondos senderos de la vid algo parece haberse roto. Como que la estrategia vitivinícola que por un par de décadas contuvo a hijos y entenados, deberá sufrir grandes modificaciones para seguir siendo compartida por todos. Siempre y cuando la lucha por la herencia del Gobierno nacional que se va, una pelea sólo de elites, no arrastre en su remolino a la Mendoza productiva, a la Mendoza de fondo, porque sin ella no habrá herencia para nadie, ni nacional ni provincial. Hay cosas con las que no se jode.

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