23 de febrero de 2014 - 02:29

Un año que viene cruzado

Sin Presupuesto, las paritarias se complican y las internas afloran. En el paquismo se ilusionan con un “nuevo” Iglesias.

Con la paritaria docente como prueba piloto de lo costoso que le será cada paso en este problemático 2014, Francisco Pérez acumula incertidumbre sobre lo que vendrá. Es que esta vez no sólo debe hacer frente a las demandas sindicales con su habitual menú de protestas sino que el tire y afloje con los maestros no hará más que contrastar de manera cruel el modelo declamado versus la dura realidad.

La reciente devaluación y la consecuente asunción oficial del 3,7% para la inflación de enero, lo que proyectado arroja casi un 45% anual, tensionan de manera inimaginable cualquier acuerdo salarial sensato. De allí la urgencia de los gobernadores justicialistas para acordar una pauta de incremento que ronde el 25%, en clara sintonía con el deseo no dicho del Gobierno nacional.
Así las cosas, la paritaria docente, y las que seguirán con el resto de los estatales, supone un test extremadamente difícil para Pérez, que no quiere quedar en off side con la lentitud que exhibe la Nación, que apuesta a demorar las decisiones lo más posible, ni con algunos gobernadores no alineados, como el cordobés José Manuel de la Sota, que ofreció de entrada un poco más del 31% para profundizar sus diferencias con el kirchnerismo.

Pérez sabe que no puede actuar como De la Sota porque no hay recursos (de hecho aún no tiene el Presupuesto 2014 aprobado) y porque no se saldrá del libreto oficial preparado para esta ocasión por la Casa Rosada. Por estas horas, los analistas del oficialismo no saben qué puede ser más problemático: que la Nación acuerde con los gremios nacionales un piso que satisfaga plenamente a los maestros (algo más que difícil, tras el ofrecimiento  de 22% en tres tramos) o que el diálogo se rompa y el aumento salga por decreto, como confirmó el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. Ello obligaría a las provincias a enfrentar solas los reclamos y, por ende, atenerse a sus consecuencias. Obviamente, con paro y más conflicto de por medio.

¿Presupuesto? ¿Para qué? Pero las paritarias no son el único foco de atención para el gobierno. El Presupuesto 2014 sigue deparando encontronazos con la oposición y cortocircuitos en el propio oficialismo. Parece superada la zozobra que sobrevoló sobre Hacienda cuando, en su desesperación por divisas, el ministro de Economía, Axel Kicillof, amenazó con un "dólar petrolero" que condicionaba seriamente los ingresos provinciales por la liquidación de regalías.

Si algo positivo había estimado el propio Marcelo Costa del escenario post-devaluación, era el crecimiento de las regalías. Por ello, la sola mención de un valor diferencial  sumió en el abatimiento al Ejecutivo.

Por estos días, la oposición se preguntó seriamente si Pérez quería efectivamente contar con un Presupuesto aprobado o si, por el contrario, prefería manejarse con el de 2013 y disponer así libremente de casi 10 mil millones de pesos, según especulan. Lo cierto es que la novela ya llegó casi a marzo sin ninguna resolución, con el endeudamiento como parteaguas y con la imperiosa necesidad de reducir gastos corrientes en un año complicado, sin tener ganas de hacerlo. Por ende, todo puede estallar. Por más que desde el Senado se esfuercen por decir que "no hay plazos para buscar un acuerdo", la paciencia parece agotarse.

Es que en el plano estrictamente político, al siempre cauteloso vínculo del Ejecutivo con Carlos Ciurca, se sumaron esta semana más precauciones internas con el público reacomodamiento que se encargó de difundir el sector azul, núcleo interno que está cansado de ceder en pos de la unidad. Si bien nunca le fue mal en el reparto de espacios, ahora quiere ir por los premios mayores.

Detrás de la ya confirmada precandidatura de Adolfo Bermejo a la gobernación, y bajo la tutela del operador presidencial Juan Carlos Mazzón, los azules quieren no sólo encabezar la fórmula del PJ en 2015 sino también conducir el proceso previo que derive en ello desde la presidencia del partido. Una definición que se postergó tras la debacle electoral del PJ el año pasado pero que, quienes piensan en lo que vendrá, no quieren dilatar mucho más.

Hijos y entenados. El gabinete, abroquelado fortín del paquismo frente los embates ciurquistas, azules y de los hermanos Félix, también percibe esa tensión y la incertidumbre que se traslada a las expectativas personales por la sucesión de Pérez. Es cierto que el gobernador está dispuesto a hacer "correr" a todos sus ministros y hasta los ha estimulado a esforzarse y destacarse por sus propios méritos. Pero mucho más cierto es que en su fuero íntimo sólo pocos nombres satisfacen absolutamente todas sus expectativas: especialmente, Diego Martínez Palau y Matías Roby.
 
Quienes frecuentan el día a día del Gobierno también hasta arriesgan y no descartan que Celina Sánchez, mujer del gobernador, sea considerada en algún lugar en la lista de nombres que el paquismo ofrezca. Pérez quiere asegurar que de cara a 2015, la "vidriera" del gobierno será sólo para posicionar a un hombre propio, no a los candidatos de otros sectores.

Según esa visión, Martínez Palau tendría la fórmula exacta de lealtad con Pérez, pertenencia política, gestión y cierta frescura. El ministro de Transporte es un viejo conocido de Pérez. Al igual que Roby, son amigos desde las épocas del Liceo Militar (los tres compartieron la Promoción XXXIII). Al ministro de Salud, más nuevo en la política, más desprejuiciado y polémico, se le achaca además que "tiene poco peronismo encima", pero no lo descartan del todo.

Con la primera dama, el paquismo podría apostar a tener una presencia 100% de su riñón o continuar una práctica de promoción marital inaugurada por los admirados Cristina y Néstor Kirchner, pero también imitada por otros gobernadores tan feudales como kirchneristas. Tal es el caso del santiagueño Gerardo Zamora o del tucumano José Alperovich.

El caso de Sánchez es, de todas formas, particular. Desde el primer día se ha mostrado comprometida y activa con los asuntos de gobierno. Recientemente, a ella se le atribuye el nombramiento del nuevo ministro de Desarrollo Social, el sacerdote Cristian Bassín. Hay quien exagera y hasta dice que, en su obsesión por los detalles de la gestión, ha pedido a algunos ministros revisar un discurso antes de un acto público.

Las vacaciones en Andorra, en pleno contexto de crisis y con el propio gobernador en Mendoza, parecen haber hecho caer tal vez definitivamente las acciones de Marcos Zandomeni. Incluso cuentan los infidentes que la furia de Pérez hasta pondría en peligro su continuidad después de la Vendimia.

En busca de atajos. Desde el gobierno evalúan como muy difícil la próxima ronda electoral, cuando el año que viene haya que elegir gobernador y presidente. Ello, en un contexto de mayor desgaste para el kirchnerismo, y con un menú de candidatos (de Scioli a Randazzo pasando por Urribarri o Aníbal Fernández) que, a priori, tampoco garantizan demasiado entusiasmo en el electorado. Por eso, ya están pensando en alternativas para limar las chances del precandidato más consolidado que tiene el radicalismo, Alfredo Cornejo.

El de Godoy Cruz se ha transformado para Pérez en una obsesión y en la encarnación de todos los males. A él le atribuyen los traspiés oficiales, pero también las maniobras opositoras para desgastar al peronismo. La magnitud del encono les ha hecho posar la mirada en la performance del diputado nacional Enrique Vaquié (UCR), quien también ha mostrado su intención de competir por la gobernación y busca encolumnar detrás de sí a referentes partidarios como para dar pelea en las PASO.

Y si bien Vaquié puede ser un hueso más o menos duro de roer para Cornejo, si es que antes no alcanzan algún acuerdo que evite la confrontación, lo que parece equivocar el paquismo es que difícilmente en Vaquié encuentren un hombre dispuesto a romper con su partido, o a jugar por fuera de la estructura. Mucho menos después de la fracasada experiencia que capitaneó Roberto Iglesias.

Vaquié es un dirigente orgánico, que siempre estuvo dentro del partido aun en los momentos de mayor crisis interna, y que ha sabido mantener un buen vínculo tanto con el iglesismo como con Julio Cobos. Sus legítimas aspiraciones -dicen los conocedores de la interna radical- jamás serán funcionales a un debilitamiento de la UCR o -por el contrario- a una estrategia que termine favoreciendo al PJ.

Pero este año viene tan cruzado para Pérez que de pronto todo parece quedar en segundo plano, hasta el creciente malestar de viñateros y productores que esta semana también desembarcaron en Casa de Gobierno y ya se pusieron en pie de guerra en la recta final de la emblemática Vendimia.

Para colmo, el cuerpo parece haber dado a Pérez un alerta temprano sobre la intensidad de su compromiso y sobre la magnitud de los problemas que no drenan. Está claro, la biología -en cuanto igualadora de las limitaciones humanas- es la fuerza política más poderosa del planeta.

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