Víctor Barabino era genovés y llegó con cuatro años a Buenos Aires con su familia, en 1868. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y si bien no obtuvo título universitario trabajó en el estudio del famoso ingeniero Francisco Tamburini durante un par de años. Luego empezó su aventura de recorrer ciudades del interior desplegando un amplio conocimiento del arte arquitectónico y de las nuevas tecnologías de construcción.
En Córdoba construyó el Templo de las Adoratrices (1890) y un sinnúmero de edificios particulares. En San Juan construyó el edificio del Banco Popular y el del Teatro y Club social.
En 1901 se instala en Mendoza donde en pocos años consiguió desarrollar una importante empresa constructora e inmobiliaria. En Los Andes promocionaba su empresa que realizaba obras "a prueba de temblores". Formó parte de la comisión técnica designada para evaluar los daños producidos por el fuerte temblor de 1903. Barabino era ya reconocido en la ciudad como un especialista en el tema.
Ese mismo año construye la primera residencia de la ciudad construida con "cemento armado", propiedad de Balbino Arizu en la esquina de avenida Las Heras y España (demolida), y también la sede del Centro Español en calle General Paz entre 9 de Julio y San Martín (demolido).
Construye numerosas residencias en la ciudad y sobre prolongación Sarmiento (actual Emilio Civit) que unía el trazado de la ciudad nueva con el flamante Parque del Oeste. Entre ellas su propia vivienda (demolida) y la Casa Stoppel (en la foto).
Entre 1910 y 1912 proyecta y construye para Luis Stoppel, un chalet suburbano sobre Sarmiento en una zona que era aún agrícola. El edificio hace alarde de una tipología de vanguardia tanto en lo tecnológico como en lo arquitectónico: los muros eran de un curioso mampuesto de hormigón comprimido, las losas de hormigón armado así como la estructura resistente de vigas y columnas. El estilo era modernista sobre una estructura compositiva académica, simétrica desarrollada sobre una planta compacta en torno de un gran hall central.
Barabino realizó también importantes edificios públicos, dos iglesias: La Merced (1908) que aun hoy nos sorprende con su planta basilical, sus italianas fachadas de ladrillo visto y una exquisita silueta con la gran cúpula del crucero. Sus torres truncas por temor a los sismos instauraron una tradición que siguieron otros templos. También construyó el Templo de San Nicolás en calle Sarmiento (demolido antes de su finalización). Realizó numerosas obras públicas en los años del Centenario: pabellones en el Hospital Provincial y en la Penitenciaría, obras menores en varios edificios públicos. Tuvo también una importante actividad inmobiliaria en lo que fue la expansión de la actual 5ta. Sección cuya proximidad al Parque la dotaba de un valor adicional a principios del siglo XX.
En los años 20 le perdemos el rastro. Sólo sabemos por referencia verbal de Juan
Draghi Lucero (quien lo conoció) que murió en la mayor pobreza. Es casi inexplicable después de tanto éxito en lo profesional y económico.