9 de abril de 2026 - 00:00

Alberdi: el prócer olvidado

Juan Bautista Alberdi representa una forma distinta de heroísmo cívico. Su legado no está asociado a una batalla ni a una presidencia, sino a la construcción intelectual de un proyecto de país. Fue uno de los pocos pensadores argentinos del siglo XIX que intentó articular una visión completa de la organización política, económica y social de la nación.

En la historia argentina abundan las figuras asociadas a gestas militares o a grandes episodios políticos. Los nombres de José de San Martín, Manuel Belgrano o Domingo Faustino Sarmiento forman parte del panteón nacional con una presencia casi incuestionable. Sin embargo, existe otra clase de protagonistas históricos cuya influencia fue menos visible pero profundamente determinante: los arquitectos intelectuales del país. Entre ellos se destaca Juan Bautista Alberdi, cuya obra ayudó a moldear las instituciones y el rumbo económico de la Argentina moderna.

Pese a la magnitud de su legado, Alberdi podría ser considerado uno de los próceres más influyentes y, al mismo tiempo, más olvidados de la historia argentina.

La importancia de Alberdi radica en su capacidad para pensar el país cuando aún no existía plenamente como nación organizada. Tras la independencia, la Argentina atravesó décadas de guerras civiles, enfrentamientos entre unitarios y federales y una profunda inestabilidad institucional. El territorio era vasto, pero el Estado era débil y fragmentado. En ese contexto, Alberdi elaboró una visión estratégica para organizar la República sobre bases modernas.

Su obra más conocida, "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", publicada en 1852, se convirtió en uno de los textos fundamentales que inspiraron la Constitución Argentina de 1853. En ese libro, Alberdi planteó los principios políticos e institucionales que debían guiar la organización del país: federalismo, división de poderes, respeto por las libertades individuales y un marco jurídico que promoviera el desarrollo económico.

Sin embargo, limitar la figura de Alberdi a su aporte constitucional sería incompleto. Su pensamiento fue mucho más amplio y profundo. Uno de sus aportes más significativos se encuentra en su obra "Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina", publicada en 1854. En ese libro, Alberdi desarrolló una verdadera teoría económica aplicada al nuevo Estado argentino.

El objetivo de ese trabajo era interpretar el espíritu económico de la Constitución de 1853 y explicar cómo debía organizarse el sistema productivo y fiscal del país. Alberdi comprendía que las instituciones políticas sólo podían consolidarse si existía una base económica sólida. En otras palabras, la organización nacional debía ir acompañada de un modelo de desarrollo capaz de generar riqueza, atraer población y consolidar el poder del Estado.

En su libro Sistema económico y rentístico”, Alberdi propuso un conjunto de principios que reflejaban su visión liberal de la economía. Defendía la libertad de comercio, la seguridad jurídica para la propiedad privada y un sistema tributario moderado que no sofocara la actividad productiva. Consideraba que el papel principal del Estado no debía ser dirigir la economía, sino crear las condiciones institucionales que permitieran su crecimiento.

Alberdi también comprendía que la Argentina tenía una ventaja estructural: un territorio inmenso con abundantes recursos naturales. Pero esa riqueza potencial sólo podía transformarse en prosperidad real si el país lograba atraer población, capital y conocimiento. De allí surgía una de sus ideas más famosas: “gobernar es poblar”.

Este enfoque tuvo consecuencias profundas. El modelo de país que emergió en las décadas posteriores a la Constitución de 1853 —abierto al comercio internacional, receptor de millones de inmigrantes y orientado a la producción agroexportadora— reflejaba en gran medida los principios formulados por Alberdi.

Por supuesto, ese modelo no estuvo exento de tensiones y debates. Pero es difícil comprender la estructura económica del país sin reconocer la influencia intelectual de Alberdi. Su pensamiento no fue el de un economista académico en el sentido moderno, sino el de un jurista y filósofo político que entendía la economía como parte esencial de la organización nacional.

A pesar de ello, su figura nunca alcanzó la centralidad simbólica de otros próceres. En parte, esto se debe a que Alberdi no fue un militar ni un líder político de masas. Su campo de acción fue el de las ideas, los libros y la diplomacia. La cultura histórica argentina, como ocurre en muchos países, ha tendido a valorar más las gestas heroicas que las contribuciones intelectuales.

También influyó su compleja relación con otras figuras influyentes de su tiempo. Su polémica con Domingo Faustino Sarmiento marcó uno de los grandes debates intelectuales del siglo XIX argentino. Aunque ambos compartían el objetivo de modernizar el país y la pertenencia a la llamada Generación del 37, las diferencias sobre el papel del Estado, la política exterior y el modelo de desarrollo fueron significativas.

Además, Alberdi pasó gran parte de su vida fuera de la Argentina, desempeñándose como diplomático en Europa. Esa distancia física contribuyó a que su figura quedara, en cierto modo, fuera del imaginario político cotidiano del país.

Quizás por eso Alberdi representa una forma distinta de heroísmo cívico. Su legado no está asociado a una batalla ni a una presidencia, sino a la construcción intelectual de un proyecto de país. Fue uno de los pocos pensadores argentinos del siglo XIX que intentó articular una visión completa de la organización política, económica y social de la nación.

Llamarlo el “prócer olvidado” no implica desconocer su reconocimiento académico o histórico. Significa, más bien, advertir que su influencia en la estructura institucional y económica de la Argentina ha sido mucho mayor de lo que suele reflejar la memoria colectiva.

En una época en la que el país vuelve a debatir el papel del Estado, la importancia de las reglas económicas y el valor de la estabilidad institucional, el pensamiento de Alberdi adquiere una renovada actualidad. Sus reflexiones sobre el sistema económico, la organización fiscal y la relación entre libertad y desarrollo siguen ofreciendo claves para comprender los desafíos de la Argentina contemporánea.

Es muy interesante y poco conocido el vínculo de Alberdi con Mendoza. El Lic. Daniel Pereyra en su reciente obra, “Alberdi: La indómita luz” se explaya sobre esa relación, por ejemplo, señala, que el gobernador Pedro Pascual Segura le pide a Alberdi que redacte un proyecto de Constitución para Mendoza, de allí surgirá la Constitución de 1854.

Recordar a Alberdi es recordar que las naciones no se construyen únicamente con épicas militares o grandes discursos políticos. También se construyen con ideas, con instituciones y con proyectos de largo plazo. Y en esa tarea silenciosa pero decisiva, pocos argentinos dejaron una huella tan profunda como Juan Bautista Alberdi.

Sin embargo, pese a la profundidad de su influencia, Alberdi nunca ocupó un lugar tan visible en el panteón nacional como otros próceres. Las razones de este relativo olvido son varias. En primer lugar, su figura fue la de un intelectual y diplomático, no la de un militar o un caudillo. La cultura política argentina, como la de muchos países latinoamericanos, ha tendido a exaltar más las gestas heroicas que las contribuciones intelectuales. Las batallas se recuerdan con facilidad; los libros y las ideas, en cambio, suelen quedar en un segundo plano.

El redescubrimiento contemporáneo de Juan Bautista Alberdi en el debate público argentino tiene una relación directa con la irrupción política de Javier Milei. Aunque Alberdi nunca dejó de ser una figura relevante en la historiografía y en el derecho constitucional, durante décadas su pensamiento permaneció más presente en ámbitos académicos que en la discusión política cotidiana. La aparición de Milei en la escena pública contribuyó a devolverlo al centro del debate ideológico.

Milei ha citado repetidamente a Alberdi como uno de los pensadores que mejor comprendió el problema fundamental de la Argentina: la necesidad de construir instituciones que favorezcan la libertad económica, la seguridad jurídica y el desarrollo productivo. En ese sentido, el economista convertido en presidente suele presentar a Alberdi como el gran arquitecto intelectual de un modelo de país que, según su interpretación, permitió a la Argentina convertirse a fines del siglo XIX en una de las economías más prósperas del mundo.

Tal vez ese sea uno de los efectos más interesantes del actual debate político: recordar que detrás de muchas de las discusiones contemporáneas sobre economía, Estado e instituciones se encuentran ideas formuladas hace más de un siglo por pensadores como Juan Bautista Alberdi, cuya obra continúa proyectándose sobre la historia argentina.

* El autor es abogado. Miembro de la Fundación Alberdi.

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