12 de enero de 2014 - 00:02

Verano caliente

A la incertidumbre presupuestaria, Pérez sumó en enero el desfile de municipios en llamas y la trágica muerte de una nena que -tal vez- el Estado podría haber evitado.

N o hay respiro. El agobio no sólo es climático en este enero caliente. La realidad tampoco da tregua, como si se tratara de esos complots infinitos que suelen alimentar las cabezas -también afiebradas- de funcionarios y operadores gubernamentales.

Lo cierto es que cualquier especulación política se hace añicos cuando la muerte de una nena de 3 años expone de manera tan brutal esa sociedad real que las estadísticas ocultan y que los exégetas del oficialismo soslayan para evitar la reprimenda del poder central.

El asesinato de Luciana Milagros Rodríguez sumó un nuevo dolor de cabeza para el gobierno provincial pese a su repetida jactancia sobre la inclusión. Por el contrario, el entramado del asunto es un caso testigo de la exclusión y la marginalidad extrema.

Pese a la pública condena y las explicaciones del gobernador Francisco Pérez, está claro que existieron responsabilidades políticas que, por vía separada está investigando, de oficio, la fiscal Claudia Ríos. Más allá de cualquier análisis, la percepción generalizada de los mendocinos es que el Estado no hizo todo lo que debía hacer para evitar la muerte de la pequeña. O, lo que es aún mucho peor, que llegó irremediablemente tarde.

Con un cambio de ministro en el área concretado hace días (Guillermo Elizalde por Cristian Bassín), tal vez el propio gobierno no debería haberse refugiado sólo en la burocrática iniciación de un sumario para deslindar subestimaciones u omisiones. Tal vez, podría haber emitido una señal política más contundente que al menos diera cuenta de que cuando existen responsabilidades públicas (o al menos la proximidad de la sospecha) no alcanza con el pésame y la reflexión social sobre la tragedia consumada.

En fin, es la impronta de un inicio de año tan ajetreado como el fin de 2013. Básicamente por la manera que el gobierno tiene de lidiar con los problemas y por las soluciones que propone.

Tal vez un buen ejemplo sea la demoradísima renovación de la conducción del ministerio de Salud. Esta semana, Pérez decidió dar por finalizado el cautiverio político al que durante meses sometió a Carlos Díaz Russo. Con la decisión tomada, el sucesor elegido y las circunstancias filtradas, Pérez siguió negando hasta un día antes en Malargüe el momento del recambio. ¿Con qué intención? Nadie lo sabe a ciencia cierta.

Lo concreto es que como se había adelantado, Matías Roby asumirá mañana con la impronta de generar una revolución en la salud pública mendocina. Para ello, trae entre sus manos algunos proyectos efectistas que él mismo adelantó a los medios como la agilización de los turnos en los hospitales y centros de salud, o la posibilidad de realizar operaciones los sábados; pero además otros muchos más polémicos que desde que Pérez lo bendijo en silencio, el propio Roby se encargó de empezar a conversar con referentes tanto del sector salud como del propio ámbito de la política.

Entre ellos se encuentra la controvertida iniciativa de pagar a los profesionales por las prestaciones que realicen, con lo que se apunta a descomprimir las atestadas guardias.

Supone Roby que si los médicos cobran (además de un básico igual para todos) una cápita por paciente, los profesionales se esmerarán por atender la mayor cantidad de personas para cobrar más. En Ampros no todos creen que esto pueda ser así de sencillo, en especial por los tiempos distintos de la atención de cada especialidad o las complejidades propias de algunas técnicas o tratamientos.

Otro de los proyectos que Roby trae bajo el brazo (incluso ya se lo solicitó a referentes del PJ en la Legislatura) es la creación de una sobretasa provincial para el tabaco, que podría llevar -según confiesan los que accedieron a los borradores de la idea- a duplicar el precio de los cigarrillos en Mendoza. Esa diferencia iría, casi en su totalidad, a reforzar el presupuesto de salud, con un porcentaje que quedaría para los mismos quiosqueros, que operarían como agentes de retención del nuevo impuesto.

Más allá de los proyectos, la designación de Roby ha tenido una sugerente resistencia en el núcleo duro del PJ que aún no alcanza a comprender (o de hecho no quiere admitir) el rumbo que toma el Gobierno tras los recientes cambios en el gabinete. Suponen que el “paquismo”, como se ha denominado esta nueva etapa, no sólo es la clara construcción política de poder interno del gobernador sino también el anticipo de  la discusión por la sucesión que empezará a tallar cuando avance el año.

Conocedores del entramado fino de la movida aseguran que “si las cosas le salen más o menos bien, Matías sí es delfín del Paco”. La advertencia es incluso una respuesta a la entrevista que la semana pasada dio a Los Andes el secretario (ahora también ministro) general Legal y Técnico Francisco García Ibáñez, quien se cuidó de dejar expresamente sentado que él no era el elegido. Tal vez la insistencia, la perseverancia y la pretendida sigilosidad que Pérez mostró en la designación del excéntrico médico traumatólogo (que forma parte del núcleo íntimo del gobernador desde hace décadas), sea -en sí mismo- la mejor señal para 2015 y la única justificación de todo el enroque de ministros y ministerios.

De allí la advertencia de Rodolfo “Olfi” Lafalla durante su propia asunción a cargo del ministerio de Trabajo, Justicia y Gobierno, cuando aclaró que él no venía a armar “el partido del gobernador”. Es que a Lafalla le tocará, justamente, reconstruir y generar redes de contención sobre todo lo que durante dos años el propio Pérez, Félix González y Marcelo Costa, se encargaron de romper. En especial con los gremios, con la oposición y con el propio peronismo.

Por ello, la tarea de Lafalla será más que  encomiable. Para ello contará con su afabilidad y su particular vocación de diálogo, dos herramientas que han escaseado en esta gestión. A su lado, tendrá además a Mauricio Guzmán, uno de los cuadros políticos más importantes de este gobierno y principal responsable de que las paritarias del año pasado transcurrieran casi sin sobresaltos para Pérez.

El contexto, otra vez, no es el mejor. A la parálisis en la discusión presupuestaria, se sumó también, en enero, la sucesión encadenada de conflictos en diversos municipios justicialistas cuyas cuentas públicas empiezan a exhibir también el adelgazamiento de sus vacas. Lavalle fue el inicio, luego lo siguió Luján (con Carlos López Puelles de vacaciones y el departamento sin recolección de residuos durante días), Malargüe, y el ajuste liso y llano en Guaymallén y Santa Rosa. En estos últimos dos departamentos no se renovaron centenares de contratos y hasta se pidió la reducción del sueldo de los funcionarios con bajas de hasta el 25%. Cualquier parecido con la historia más o menos reciente es exclusiva responsabilidad del lector.

Frente a tan complejo escenario, cuesta entender entonces la estrategia oficial y, en particular, los avances sobre la opinión pública que Pérez quiere dar para ganar la iniciativa política. También esta semana, con los ecos aún resonantes del tembladeral que dejó la discusión en stand-by del Presupuesto 2014, el gobernador no se pudo contener ante los periodistas y anunció las tratativas con las emblemáticas bandas de rock, U2 y AC/DC, para que vengan a tocar a Mendoza.

Mientras el caballito de batalla opositor sigue siendo la necesidad de eliminar gastos superfluos, innecesarios o los bolsones de ineficiencia de su gestión, Pérez anuncia -sin aclarar como en el caso del Indio Solari, cuál será el rol del Estado-, megaconciertos sólo justificados en la promoción internacional de una provincia con otras urgencias.

A veces, bajo los efectos de las altas temperaturas, las personas suelen trasladar sus deseos y creer que ellos son una realidad cierta y deslumbrante. Lo concreto es que se trata nada más (y nada menos) que de simples espejismos.

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