Son tantos ahora los ministros de Francisco Pérez que cuesta mucho llevar la cuenta de quiénes tienen que jurar todavía, quiénes ya lo hicieron o quiénes continúan en el cargo que venían desempeñando.
La polémica por estos cambios sigue, más allá de que le asiste a quien gobierna rodearse de los colaboradores que estime necesarios. Ante las reiteradas dudas del radicalismo, Pérez dejó aclarado que su elenco de colaboradores sigue siendo de 15, ya que antes eran 10 ministros y 5 secretarios, por lo que -dijo- "no habrá ningún tipo de erogación extrapresupuestaria". Pero esto constituye sólo una parte de la polémica, puesto que también, y con bastante fundamento, se plantea la necesidad de determinar realmente qué eficiencia en la gestión pública se logrará con semejante estructura ministerial.
El jueves asumieron Zandomeni y Elizalde, conocidos porque estaban al frente de otras áreas del Ejecutivo. Falta saber, entre otros asuntos relativos al Gobierno, si se concretará el cambio en la conducción de Salud y en ese caso cuál será el nombre del elegido por el Gobernador para asumir en esa estratégica área. Todas las apuestas continúan favoreciendo al médico Matías Roby.
Dicho recambio, el de Salud, era el más esperado, o el más previsible de acuerdo con todas las especulaciones antes de que se produjera el actual enroque de funciones. Pero por lo que se ve, esa modificación puede llegar a ser la última. En plena ebullición por aquel pedido de renuncia a todos sus colaboradores, desde el entorno de Pérez se aseguraba que la salida de Díaz Russo era una de las decisiones que había adoptado el Gobernador. De ahí el interés por saber en qué momento vendrá la movida más esperada.
Problemas a afrontar. Entre los que deben aún dar su juramento para poder asumir se encuentra Rodolfo Lafalla, el nuevo ministro de Trabajo, Justicia y Gobierno, quien deberá debutar con alguna estrategia determinada para afrontar la siempre difícil relación con los gremios estatales en tiempos de reclamos salariales.
Lafalla también deberá hacerse cargo con la mirada puesta en la conflictiva relación con los municipales de Lavalle, situación que todavía no se soluciona y que tiende a expandirse a otros departamentos. En este tema la presión gremial influye en la toma de decisiones o en la búsqueda de consenso.
Los números siempre mandan. El receso legislativo de enero puso una tregua en la discusión de los números de la provincia, pero de ninguna manera indica que, fundamentalmente en el Gobierno, no haya preocupación por lo que vendrá.
Enero es un mes de vacaciones a medias para el Gobernador, no sólo por la reestructuración de su equipo sino porque tiene que retocar el libreto para volver a discutir el Presupuesto el mes que viene.
Por primera vez en mucho tiempo el radicalismo obligó al justicialismo a "tirar la pelota hacia adelante". Esta fue la jugada del PJ cuando sus senadores decidieron pasar a febrero la revisión del Presupuesto 2014, con media sanción de Diputados en medio de la polémica por la forma en que se aprobó en esa cámara el pedido de endeudamiento.
En ese final de año, las circunstancias superaron la capacidad negociadora del oficialismo a través de Ciurca y Tanús, los presidentes de las cámaras legislativas. Y en el medio se había presentado, para colmo, la conversación con los titulares de la UCR y del PD que encaró por sí solo el propio Pérez.
Tal vez el mayor problema para el oficialismo haya sido no haber sabido negociar los números del Presupuesto con los legisladores demócratas, capaces de aportar los votos y el respaldo político necesarios para que la pauta de gastos y recursos tuviese suficiente aval, no sólo el de los aliados de siempre, los bloques más chicos y unipersonales.
El titular del PD, Richard Battagion, había recomendado a sus legisladores no respaldar un proyecto que no respondía, según su consideración, a un modelo "austero y eficiente en el gasto corriente y con mayor inversión en infraestructura pública" y de ese modo hizo pensar seriamente qué postura adoptar a sus legisladores.
Desde el punto de vista de la oposición el resultado político fue importante. Mucho más que en el caso de la parecida discusión que se planteó por el mismo asunto para el ejercicio anterior. En aquella oportunidad la sanción del Presupuesto provincial llegó justo sobre el final de 2012, después de herméticas negociaciones entre representantes del Gobierno y del radicalismo.
Fue cuando el gobierno de Pérez sintió como una suerte de brisa fresca porque desde la UCR también la presión se hacía sentir, como ahora. Por entonces el principal partido de la oposición mantenía su fortaleza y no le daba el aval político que necesitaba el justicialismo para imponer los montos de endeudamiento que tenía previstos en el proyecto.
Finalmente, la UCR lograba imponer un achique presupuestario que limitaría las posibilidades de financiamiento de obras públicas que resultaban vitales para la vidriera del año electoral del justicialismo local.
Es muy probable que el cuadro se repita en esta oportunidad, con la diferencia ya apuntada de que el oficialismo se vio obligado en el Senado a resignarse al debate definitivo en febrero. Para muchos, una astuta e inevitable jugada tendiente a lograr que el calor de enero ablande la rigidez radical, de la cual el intendente Alfredo Cornejo es uno de sus principales exponentes.
Muchos se preguntan si la solución llegará en febrero, o tal vez en marzo, y si pasará por una especie de mix entre entre las aspiraciones de endeudamiento del justicialismo y algún recorte que deje satisfecho al radicalismo. Aunque la pregunta clave es si estaremos los mendocinos ante un año sin obra pública.
De todos modos, hay un respiro para el gobierno de Pérez mediante la renegociación de la deuda con la Nación que ésta y otras 16 provincias acordaron hace pocos días. Las amortización de capital a través de "200 cuotas mensuales y consecutivas" es beneficiosa para la Provincia en el actual cuadro de situación.
Es más: también se supo esta semana que esta mano que la Nación les tiende a los gobernadores muy probablemente exija como reciprocidad el respaldo irrestricto que el gobierno de Cristina Kirchner está necesitando para mantener poder hasta su finalización. Ese respaldo frente a la conflictiva situación social que puede derivar de las crisis energética e inflacionaria es algo que deberán evaluar muy bien de ahora en más los mandatarios provinciales. Cerrar filas una vez más con la Casa Rosada a cambio de oxígeno financiero parece ser la premisa.
En el caso puntual de Francisco Pérez el escenario que se presenta no resulta del todo negativo. Siempre mantuvo la ilusión de su proyección nacional, a pesar de que eso hoy pueda parecer iluso en virtud de la derrota rotunda ante el radicalismo de Cobos.
Hay muchos que le insisten con el armado de una estructura propia. ¿Tendrá tiempo para ello? Aseguran en su entorno que está en condiciones de llegar a competir en las primeras primarias provinciales en todos los departamentos de la provincia. La designación de Omar Félix en el directorio de YPF por la Provincia marca una alianza con un sector importante de la interna peronista y con buen manejo territorial en el Sur.
Todo esto se lo pide a Pérez el kirchnerismo duro de la provincia, que quiere contrarrestar al sciolismo, representado de algún modo por Ciurca y otros dirigentes de su sector. Si se tiene que llegar a negociar con el sciolismo lo harán, pero antes quieren tener una estructura que los mantenga a salvo desde el punto de vista político.