En los próximos meses, Venus Express caerá lentamente a través de la atmósfera de bióxido de carbono y ácido sulfúrico de 250 kilómetros de grosor que envuelve al planeta. La Agencia Espacial Europea anunció que la misión ha finalizado, luego de perder contacto con la nave espacial a finales de noviembre, cuando se le agotó el combustible.
Durante los últimos 8,5 años, Venus Express ha estado orbitando nuestro vecino más cercano, develando calladamente los secretos del planeta cubierto.
“Se espera que la nave espacial caiga por debajo de los 150 kilómetros a principios de enero de 2015, y que se sumerja aún más dentro de la atmósfera de Venus para principios de febrero”, dice Patrick Martin, gerente de misión de Venus Express. “Se destruirá en la atmósfera muy probablemente hacia finales de enero y principios de febrero”, señala.
La nave probablemente se incendiará conforme haga su descenso final.
Durante su tiempo en órbita, a casi 250 millones de kilómetros de la Tierra, Venus Express reveló muchas sorpresas sobre el planeta hermano de la Tierra. Encontró cierta evidencia de existencia previa de agua en la superficie y de actividad volcánica reciente, y espió los gigantescos vórtices cambiantes que se arremolinan en los polos del planeta.
Estudió la rara atmósfera súper rotante del planeta, que se mueve velozmente por un mundo del tamaño de la Tierra a 400 kilómetros por hora. Y hasta detectó evidencia de relámpagos (y ozono) en la gruesa atmósfera compuesta principalmente por bióxido de carbono.
“Geológicamente y desde el punto de vista de la circulación atmosférica, Venus Express simplemente ha sido una misión excelente”, dice Ellen Stofan, científica en jefe de la NASA. “Y realmente ha ayudado a refinar la cuestión de qué se quiere hacer después en Venus”, afirma.
Los últimos movimientos de la nave espacial
Lanzada en 2005, Venus Express fue programada para orbitar Venus tan solo durante dos años. Pero se negó a dejar de recopilar datos, y casi una década después la nave seguía al pie del cañón; a principios de año incluso realizó una atrevida maniobra experimental de aerofrenado en un intento por elevar su altitud de órbita.
Apenas el mes pasado, científicos de la misión presentaron datos de la maniobra durante la reunión de la División de Ciencias Planetarias de la Sociedad Astronómica Estadounidenses, realizada en Tucson, Arizona. Pero dos semanas después de esa reunión, los científicos perdieron contacto con la nave.
Habían estado intentando elevar la altitud de órbita de la nave, lo que consistía en una serie de quema de propulsores que conllevaba el riesgo inherente de agotar cualquier combustible remanente que aún quedara luego de años de estar rozando la cima de las nubes venusianas.
El 28 de noviembre, el equipo de control de vuelo no pudo contactar a Venus Express.
Para el 3 de diciembre, el equipo pudo recuperar contacto intermitente con la nave, que en ese entonces estaba en “modo de sobrevivencia”. Los gerentes de la misión supusieron que a Venus Express se le había agotado el propulsor, eventualidad prevista que sucediera a finales de este año.
Sin combustible en el tanque para alimentar los propulsores, Venus Express ahora está en poder de la gravedad del planeta. El equipo sigue recibiendo señal portadora de la nave, pero ya no está recibiendo datos.
“Todos estamos tristes de ver finalizada esta gran misión, pero al mismo tiempo estamos muy orgullosos de sus muchos logros y éxitos”, dice Martin. “Y en el futuro cercano ciertamente celebraremos esta fantástica aventura única en la vida”, afirma.
Explorando el infernal hermano de la Tierra
La extrema presión atmosférica de Venus arrugará y chamuscará la nave antes de que llegue a la superficie de un mundo que tiene las temperaturas más candentes registradas en el Sistema Solar (aparte del Sol, por supuesto). Las presiones superficiales son 90 veces mayores que en la Tierra, y no tolera mucho tiempo a las visitas.
En las décadas de 1970 y 1980, Venus acabó fácilmente con la media docena de vehículos espaciales robóticos que formaban la columna vertebral del programa soviético Venera; no obstante, algunas de las naves se las ingeniaron para sobrevivir lo suficiente para enviar fotos e información de la superficie.
Aunque breves, estas victorias de corta vida marcaron las pocas décadas en que los reflectores de la exploración espacial apuntaron a Venus. Luego que Magallanes (la última sonda enviada a Venus por la NASA) se incendiara en la atmósfera del planeta en 1994, pasaría más de una década para que Venus Express fuera lanzada.
Ahora, con apenas una sola nave espacial japonesa (ya debilitada) dirigiéndose a Venus, el hermano de la Tierra una vez más se está retirando a las sombras planetarias.
Pero es un mundo que podría enseñarnos algunas cosas. Los científicos sospechan que el ahora infernal Venus alguna vez se pareció mucho al mundo en el que estamos. Los datos sugieren que fue acuoso y más templado, y posiblemente capaz de sostener vida.
Sin embargo, hace miles de millones de años algo salió terriblemente mal. Los gases de invernadero abrumaron al planeta, demoliendo un frágil equilibrio y transformando al ex oasis en un mundo tóxico rostizado.
“Venus y la Tierra no empezaron tan distinto”, dice Stofan. “Realmente es nuestro hermano gemelo que salió mal. Es verdaderamente crucial entender por qué, y después qué significado conlleva para cómo evolucionan mundos habitables alrededor de otras estrellas”, agrega.