11 de mayo de 2019 - 00:00

Velas y velitas - Por María del Rosario Ramallo

¿Cuántas palabras ‘vela’ nos brinda nuestro español? En primer lugar, debemos ver si tratamos del verbo ‘velar’, si estamos ante el sustantivo ‘vela’ o en presencia del adjetivo ’velar’, ya que, a simple vista no es lo mismo ‘pasar la noche en vela’, ‘apagó cinco velitas’, ‘no se le desplegó la vela adecuadamente’, ‘le tiene la vela’ y ‘velan a Juan en ese salón’. Las clases de palabras son diferentes y sus orígenes, también.

Consideremos, en primer lugar, el verbo ‘velar’, del cual se registran dos orígenes distintos: en primer lugar, existe ‘velar’, derivado del latín “vigilare”, que comparte sus valores significativos con ‘vigilar’; en efecto, mientras ‘velar’ es la palabra evolucionada o voz patrimonial, ‘vigilar’ es un cultismo en cuanto a que prácticamente ha quedado igual a su origen latino.

Usamos esta palabra ‘velar’ para indicar el hecho de hacer guardia por la noche o de asistir en horario nocturno a un enfermo; también, para indicar que se cuida el cuerpo de un difunto; cuando nos quedamos sin conciliar el sueño, decimos que nos quedamos ‘en vela’ y, también, cuando cuidamos solícitamente de algo. Ejemplos de estos significados son “Velé toda la noche a mi abuelita enferma”, “Se quedó velando hasta bien entrado el día”, “Mientras la población duerme, los centinelas velan por la seguridad”. Se usa también ‘velar’ para indicar la preocupación por el bienestar de algo o de alguien; lleva, en este caso, la preposición ‘por’:

“Un buen padre vela siempre por sus hijos”. Con este valor se vincula la expresión ‘velar las armas’, que aludía a la ceremonia antigua consistente en que un hombre, quien iba a ser armado caballero, debía vigilar las armas durante una noche. |

Hay otro verbo ‘velar’, que se relaciona con ‘velo’ (“cortina o tela que cubre algo”); por ello, su valor significativo es el de “cubrir, ocultar a medias algo, atenuarlo, disimularlo”: “Los cortinados velaban la entrada de luz”, “El ladrón había velado su rostro con un antifaz” y “Se trata de una crítica velada”. Por eso, en fotografía, se usa ‘velarse’ para indicar, referido a la luz, que se borra la imagen de una foto: “¡Qué lástima: el exceso de luz me veló todo el material fotografiado!”; metafóricamente, podemos usar el adverbio ‘veladamente’ o el participio ‘velado’, con valor adjetivo, para dar a entender que algún asunto se trata de manera disimulada o a escondidas o que se alude a él de modo sutil o indirecto: “Con esa respuesta, nos dijo veladamente que no hay ninguna posibilidad” y “Se escuchaba el ruido velado de una sirena”.

Al lado de los dos verbos ‘velar’, de orígenes diferentes, se da el adjetivo ‘velar’ que, en el ámbito fonético y aplicado a un sonido del habla, se refiere a la consonante o vocal que se articula acercando el dorso de la lengua al velo del paladar: “Vimos hoy en el curso los fonemas velares”. También, este adjetivo puede señalar lo relativo al velo del paladar: “Habló del movimiento velar en la fonación”.

¿Y cuántos sustantivos ‘vela’ encontramos en español? Descubrimos dos entradas diferentes en el diccionario: el primer ‘vela’, relacionado con el primero de los dos verbos analizados, puede señalar el tiempo que se destina por la noche a trabajar en algún arte u oficio o en cualquier otra cosa: “El nuevo guardián eligió la madrugada para su turno de vela”. Pero también, mucho más usado, es el término ‘vela’, que nombra la pieza generalmente cilíndrica o prismática, de cera o de parafina, con una mecha en su interior, destinada a iluminar: “En un clima muy romántico, los novios comieron a la luz de las velas”. En un ámbito coloquial y en plural, se usa el sustantivo ‘velas’ para nombrar la mucosidad que cuelga de la nariz, especialmente en los niños: “Se nos acercó Julián, tan pobrecito, con velas colgando en su rostro ardido por el sol”.

Con esta palabra 'vela', se relacionan algunas frases que han llegado a nosotros: "a vela y pregón" era una locución adverbial, que se usaba en las subastas públicas, cuando se anunciaban las pujas por pregón y se las admitía hasta que se consumía una vela encendida desde el comienzo del acto; otra muy famosa reza "encender (poner) una vela a Dios y otra al diablo" que sirve para indicar que se quiere contemporizar para sacar provecho de unos y de otros; "estar a dos velas" señala que se sufre carencia o escasez de dinero; también, "quedarse (estar) a dos velas" puede significar que alguien se ha quedado sin comprender nada; "hasta que las velas no ardan" es usado coloquialmente para señalar que algo se llevará a cabo hasta una hora muy avanzada de la noche; "tenerle la vela a alguien", también coloquial, significa que se lo espera; "darle 
vela en el entierro a alguien" equivale a permitir a una persona que intervenga en un asunto que se está tratando.

Por último, ‘vela’ como sustantivo puede venir del plural latino neutro de ‘velum’ y designa el conjunto o unión de paños o piezas de lona o lienzo fuerte, que reciben el viento impulsor de las naves. Con él se relaciona el sustantivo ‘velamen’ para designar el conjunto de velas de una embarcación: “Intervendrán en la competencia embarcaciones de mayor velamen”. También con este sustantivo se forman frases, tales como “a toda/s vela/s” o “a velas desplegadas (llenas/tendidas)”que, si se aplica en el ámbito marítimo, significa que la embarcación navega con gran viento, pero que en el lenguaje cotidiano marca que alguien se entrega enteramente o con ansia y diligencia a la realización de algo; también, “tender las velas” se usa en la marina para indicar que se aprovecha el tiempo favorable para la navegación mientras que, coloquialmente, se utiliza para indicar que alguien se aprovecha de una ocasión porque le es favorable para algún intento.

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