Vimos en la nota anterior cómo el gusto, el olfato y el tacto podían aparecer en expresiones que toman sentidos figurados. Hoy veremos si sucede otro tanto con la visión y el oído.
Vimos en la nota anterior cómo el gusto, el olfato y el tacto podían aparecer en expresiones que toman sentidos figurados. Hoy veremos si sucede otro tanto con la visión y el oído.
¡Qué riqueza posee el vocablo ‘vista’! Dejando de lado su primer valor de “sentido corporal con que los ojos perciben algo mediante la acción de la luz”, encontramos otros sentidos derivados de este primero, como el de “conjunto de los órganos de la visión” y “aspecto o disposición de las cosas que se ven”: La luminosidad de la pantalla afecta su vista y Disponga mejor los muebles para que haya mejor vista. También, puede indicar la dirección en que se enfoca la mirada o el panorama que, desde un punto, se ofrece a un espectador: Al enfocar mi vista hacia atrás, lo pude ver allí y Saqué entradas para ese palco porque ofrece mejor vista al escenario. Además, se llama ‘vista’ a la representación pictórica o fotográfica de un lugar o de un monumento: A la derecha, una vista del Monumento a la Bandera.
Otras acepciones indican que ‘vista’ puede ser el conocimiento claro de las cosas: Su estudio pormenorizado del tema le permite tener una vista rigurosa de cada aspecto. En cambio, en otros contextos, puede indicar una mirada superficial o ligera de algo: Solamente, le echó una vista al asunto.
En ámbitos específicos, como el de la computación, ‘vista’ puede indicar el diseño de la información que aparece en el monitor: Es necesario que modifique la vista de la pantalla para que los datos se aprecien mejor. En derecho, se da este nombre a la exposición, ante un tribunal, de las alegaciones de cada una de las partes, respecto de un pleito.
Hay locuciones con la expresión ‘vista’, como ‘a la vista’, con distintos valores significativos: “En un lugar visible”, como en El perjuicio que ocasionó el tornado está a la vista. Además, “en presencia de todos”: Rompió los papeles a la vista de un numeroso público. Otra acepción es “teniendo en cuenta lo dicho, lo hecho, lo visto, lo sucedido, etc., anteriormente y en comparación con ello”: A la vista de lo ocurrido, estamos muy preocupados. Toma también, como locución adverbial, el valor de “evidentemente”: A la vista está su talento. Asimismo, “en perspectiva”: Tiene un proyecto a la vista.
Las locuciones ‘a primera vista’ o ‘a simple vista’ señalan “de manera inmediata y de acuerdo con la primera imagen que se tiene de algo”: “A simple vista, el expediente ha desaparecido”.
Si uso la locución ‘hacer la vista gorda’, de manera coloquial, habré querido significar que he pasado por alto una falta o un error, ya por propia conveniencia, ya para beneficio de otros: Como lo quería beneficiar, hice la vista gorda ante esos aspectos negativos.
Para un saludo informal, diremos ‘¡hasta la vista!’, mientras que si usamos ‘perder de vista’ significará que hemos dejado de ver a una persona, por alejamiento o por distancia: Desde entonces, lo he perdido de vista.
El ‘punto de vista’ es la manera de considerar un tema o asunto: Tu punto de vista y el mío no siempre coinciden. Finalmente, ¡qué bello es un ‘amor a primera vista’, ya que señala la atracción emocional y física, muy fuerte, entre dos personas, que se produce apenas se conocen: Aquel amor a primera vista se prolongó durante toda la vida.
¿Y qué podemos encontrar con respecto al ‘oído’? Su definición es clara: “Sentido corporal que permite percibir los sonidos”. En relación con ella, se da la acepción que alude a la aptitud para percibir y reproducir los temas y melodías musicales: Desde pequeño, demostró un oído absoluto. Cuando una persona posee muy buen oído, se dice que tiene ‘oído de tísico’. Y si deseamos que nos escuchen con profunda atención, diremos a nuestro interlocutor que ‘abra los oídos’. En cambio, si usamos la locución ‘al oído’, podremos querer decir dos cosas: o bien, que algo se transmite de memoria solamente habiéndolo escuchado, como en Aprendí varios términos lunfardos al oído, o bien, que nos hemos acercado al oído de una persona y le hemos hablado en voz tan baja que únicamente ella lo ha podido percibir: Le murmuré al oído todo mi cariño.
¡Qué desagradable es que le digan a alguien que es ‘duro de oído’!: se habrá querido significar que padece sordera o que carece de facilidad para percibir el ritmo de una poesía o la armonía de una melodía. Si intento restar importancia a alguna información que me llega, diré que me ‘entra por un oído y me sale por el otro’. Algo similar ocurre cuando se afirma que alguien ‘ha hecho oídos sordos’, para dar a entender que no atiende ni se da por enterado de lo que se dice. Esa misma locución tiene como equivalente ‘hacer alguien oídos de mercader’.
Es verdaderamente desagradable que una persona adule o lisonjee a otra, generalmente por interés; esa actitud, que tiene como motor el interés, se traduce en la locución ‘regalar a alguien el oído’. Y si alguien escucha algo con suma atención, se dirá que ‘es todo oídos’, mientras que si se niega a hacerlo porque le resulta desagradable, la locución que aparece es ‘se tapa los oídos’.
Como es ya costumbre, concluyo con algunos refranes: “Con hombre egoísta, ni de trato ni de vista”, que muestra la inconveniencia de relacionarse con alguien que no tenga generosidad; “Dios nos alarga la vida, el tiempo nos acorta la vista”, que alude al acrecentamiento de los problemas visuales con el paso del tiempo; “El amor es ciego, aunque con el tiempo se recobre la vista”, que presenta cómo lo cotidiano va deteriorando lo que, en principio, fue perfecto entre enamorados; “A lisonjeros dichos, no les prestes oídos”, que recomienda no atender las adulaciones; “Dios nos hizo una boca y dos oídos, para que escuchemos más de lo que hablamos”, que nos dice, de modo indirecto, la conveniencia de ser prudentes y no caer en habladurías.