En el mundo científico son conocidos como coccinélidos una familia de insectos coleópteros de la superfamilia Cucujoidea. Para los productores y el ciudadano de a pie, son conocidas como Vaquitas de San Antonio, un insecto benéfico para el control de pulgones.
“Nosotros las usamos mucho y mantienen a raya a insectos que son dañinos”, señaló la productora Estela Lanthier. En su caso, junto a su marido Daniel y su hija, poseen 40 hectáreas orgánicas donde poseen almendros, ciruelas, perales, a las que también han anexado toda la parte de horticultura como tomate, zapallo y ajo orgánico.
En su caso se protegen de las plagas fortaleciendo los suelos y los cultivos a través de abonos verdes, realizando compost, el que consiste en la elaboración de un compuesto de residuos orgánicos como desechos domésticos, hierbas y deyecciones animales. “Es un gran fertilizando natural de las plantas y del suelo”, explica Lanthier.
Para combatir plagas como pulgones, las larvas de la carpocapsa utilizan un repelente natural compuesto por agua e insectos que son plagas justamente como pulgones y las mismas larvas de la carpocapsa.
Claramente, la tecnología orgánica no ha tenido aún la evolución que vivió la industria química para perfeccionarse, masificarse y comunicarse, pero las cosas, según los productores orgánicos, están cambiando. Apuestan que es una forma sana de combatir plagas, beneficiar al medio ambiente porque no alteran el equilibrio biológico y da como resultado alimentos naturales.