27 de junio de 2019 - 00:00

Uranio, un  mal negocio para el país - Por Eddy  Lavandaio

Tiempo atrás, el Centro de Información Minera de Argentina(www.cima.minem.gob.ar) publicó varios informes sectoriales entre los cuales se encuentra uno sobre el uranio actualizado al 2016. Según dicho informe, la Argentina cuenta con recursos uraníferos propios suficientes para satisfacer la demanda interna (generación de energía, medicina y otros usos) por lo menos durante 100 años. Sin embargo, como consecuencia de decisiones políticas, todo el uranio que se consume es importado. Las cifras varían de un año a otro, pero tomando en consideración el quinquenio 2011 a 2015, el uranio importado provino de Canadá y se pagó un valor promedio de 32 millones de dólares por año.

Como primer comentario digamos que esos 32 millones son divisas que salen de nuestro Banco Central e ingresan al del país vendedor. Argentina pierde divisas y Canadá las gana. La ganancia financiera es solo una parte de los beneficios que obtiene el país del norte. En lo económico, hay muchos otros beneficios, tal vez menos visibles para nuestros políticos.

Para poder vendernos este “commodity”, Canadá necesita producirlo y para ello debe mantener operativas sus minas de uranio. Esa actividad requiere infraestructura, tecnología, maquinaria, construcciones, instalaciones, vehículos, insumos y servicios que se compran, por supuesto, en Canadá.

Además, todos sabemos que sin mano de obra no hay producción. Un número importante de profesionales, técnicos y operarios trabajan en la producción y cobran sueldos que sus familias gastan en la misma comunidad, en Canadá. Y por si eso fuera poco, todas las actividades económicas pagan impuestos cuya recaudación corresponde a los gobiernos de Canadá.

En definitiva, los 32 millones de dólares, convertidos a moneda local, representan la contribución que realiza anualmente el Gobierno Argentino al desarrollo de la economía y a la creación de empleo en Canadá. No queremos caer en groserías, pero como mínimo debemos aceptar que los argentinos somos demasiado generosos.

Si en nuestro territorio tenemos abundantes recursos uraníferos deberíamos crear fuentes de producción y trabajo acá en lugar de estar “subvencionando” la economía de otro país. Esos 32 millones de dólares anuales podrían repartirse, por ejemplo, en San Rafael, si se pusiera en producción la mina Sierra Pintada. La industria, el comercio, los servicios y nuestra gente serían los beneficiarios de esa actividad.

Es importante destacar que, además de tener mucho uranio, también tenemos abundancia de recesión económica, desempleo y pobreza. Se necesitan soluciones políticas adecuadas a estos problemas. Pidámosle a nuestros políticos que, en lugar de seguir contribuyendo generosamente con la economía de otros países, se ocupen de procurar el desarrollo económico y el bienestar de los argentinos.

LAS MAS LEIDAS