29 de julio de 2018 - 00:00

Una tranquilidad transitoria - Por Rodolfo Cavagnaro

Mientras los mercados muestran una tensa calma, los indicadores van mostrando la importancia de la crisis.

Las últimas dos semanas han transcurrido en un clima de cierta tranquilidad. En parte, porque la estrategia combinada del Ministerio de Hacienda y del Banco Central de absorber circulante mediante distintos instrumentos con elevadas tasas de interés generaron un gran interés de los inversores.

En parte, también, por cierta estabilidad en el plano internacional, en el que el dólar parece haber perdido el brío que mostró en la primera parte del año.

Lo llamativo es que esta tranquilidad del mercado cambiario se dio en el medio de la aparición de datos que confirman altas tasas de inflación, freno a la economía y la necesidad de plantear un plan de ajuste sin precedentes, ya que se está hablando de ajustar al sector público, del cual ha surgido la génesis de las crisis de los últimos 70 años.

De todos modos, puede considerarse que estamos frente a una tranquilidad transitoria ya que es un proceso que se va adecuando en forma gradual y eso permite que los cambios no sean traumáticos. Lo importante es que se superó el atraso cambiario y, si el dólar flota libremente, los movimientos futuros serán de suaves adecuaciones.

No obstante, siguen vigentes varias dudas ya que se ha impuesto una suerte de corsé monetario compuesto por el stock de Lebac aún vigente y los nuevos bonos que emite el Tesoro para absorber liquidez. En la medida que pasa el tiempo y sin nuevas inyecciones de pesos por parte del Banco Central, solo una reducción de las expectativas inflacionarias permitiría bajar las tasas y permitir una reactivación genuina del mercado.

Lo que queda pendiente

Hasta el primer semestre, y luego de la tormenta cambiaria, el dólar aumentó su precio un 48%, la inflación mayorista superó el 30% y la inflación minorista creció un 16%. El mayor impacto brotó de los ajustes tarifarios, alimentado por una fuerte inyección de moneda creada para financiar el déficit del Estado.

A partir del acuerdo con el FMI el Tesoro no financia más al Tesoro ni le compra dólares, lo que significa que habría razones para que el BCRA emita pesos, salvo para pagar algunos vencimientos de Lebac aún pendientes o para comprar dólares que el mercado le venda. Esto implica que aunque el Tesoro no le pida, la autoridad monetaria todavía sigue inyectando moneda al mercado que luego el Tesoro trata de sacar vía la emisión de Letes.

Lo que el mercado se pregunta es cuándo terminará esta presión de Lebac y cómo reaccionará el mercado, que aún no aparece totalmente libre por las medidas que, si bien paralizan algunas variables, también lo hacen con la economía, ya que los salarios siguen atrasados y las altas tasas de interés no permiten avizorar una reactivación de la demanda ni hay posibilidades de responder a ella.

Pero hay que agregar algunos temas pendientes que influirán en el segundo semestre y el año próximo. El primero es el precio de los combustibles, que tuvo un aumento a principios de Julio y podría mostrar otro en agosto. En algunas petroleras argumentan que hay un atraso del 22% en los precios, aunque en el medio el petróleo retrocedió un poco su valor y se mantiene estable, al igual que el precio del dólar.

El petróleo es una materia prima muy sensible a cuestiones políticas internacionales, pero pudo soportar una etapa de bajos precios gracias al desarrollo de nuevas tecnologías. Los precios hoy están más ligados a los conflictos o intereses cartelizados que a los costos reales, que dependen de cada yacimiento, y de cada país.

En Argentina el gobierno decidió liberar el mercado en la comprensión de que las empresas competirían pero esto no se está verificando y las compañías que operan muestran una conducta bastante cartelizada. Las provincias, como poder concedente, ven con complacencia la actualización del precio internacional ya que sus regalías dependen de ese factor.

El futuro del precio del petróleo por ahora es una incógnita ya que depende de los grados de tensión que el presidente norteamericano, Donald Trump, sea capaz de generar en los mercados internacionales. Y de los movimientos del mandatario de EEUU así como de las decisiones de la Reserva Federal dependerá el futuro precio del dólar.

El otro tema pendiente es la actualización de las tarifas por efecto de la eliminación de los subsidios, que siguen afectando el presupuesto público. El precio del gas sigue impactando un precio regulado, aunque se ha prometido que el mercado quedará liberado a fin de año ya que la mayor producción de Vaca Muerta puede asegurar autoabastecimiento y una caída de los precios.

Pero como el gas y el petróleo son la fuente más importante para la generación eléctrica, los precios del crudo pueden seguir influenciando, aumentando los costos y demorar mucho más el programa de eliminación de subsidios. Por ahora el gobierno decidió moderar dicho proceso y se anuncian aumentos de entre el 20 y 30% para el mes de setiembre. Combustibles y  energía impactarán en los índices inflacionarios del segundo semestre.

Los únicos rubros que podrían aportar alguna buena noticia son el turismo y las exportaciones. En el primer caso, ya se registra una menor demanda de dólares, a tal punto que la disminución del déficit por este rubro ha sido significativa. Pero además, las vacaciones de invierno han mostrado una notable reactivación del turismo interno junto a una mayor presencia de turistas extranjeros.

En el caso de la balanza comercial, los datos del último mes mostraron una fuerte disminución del déficit por una importante caída de las importaciones, donde se destacan las de automóviles y la de petróleo. En el caso de las exportaciones aún no se registra una gran dinámica, pero es comprensible, porque recuperar mercados no se consigue en forma inmediata. Además, está influyendo la pérdida de la última cosecha de granos que aporta mucho menos que en años anteriores.

El problema de las provincias

Las provincias juegan un rol importante en el programa de ajuste porque ellas verán disminuidos sus ingresos nacionales en 2019 y deberán asumir políticas de austeridad en sus respectivas jurisdicciones. Las negociaciones siguen y el gobierno nacional está tirando diversas alternativas sobre la mesa, toda vez que debe afrontar la reducción de 2/3 de los 300.000 millones mientras las provincias deben afrontar el 1/3 restante.

La Nación plantea transferir programas que actualmente financiaba para que lo hagan las provincias, entre los cuales se cuentan financiamiento de viviendas, programas de salud y hasta el incentivo docente. De la misma forma, plantea eliminar el Fondo Federal Solidario, que se nutre con una parte de las retenciones a la soja y hasta transferir a las provincias la responsabilidad de financiar los subsidios al transporte público.

Las provincias resisten pero asumen que algo deberán ceder, mientras la Nación les enrostra que este año han recibido más por coparticipación y, además, están recibiendo la devolución de la retención del 15% que les había quitado Cristina Kirchner. Incluso, les pide sacrificar un 5% para financiar a la Anses ya que las jubilaciones tendrán una actualización superior a la inflación esperada.

En este panorama, estamos en una tensa calma esperando cómo se desarrollan los acontecimientos que dependerán de condimentos externos e internos, entre los cuales los de tipo político tendrán una fuerte incidencia sobre los económicos.

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