No hay plata que alcance. - Apenas llegamos a fin de mes. - Trabajamos los dos para poder sostener la familia. - ¡Y eso que gastamos para lo justo y necesario! - El trabajo no es bien pagado. - ¿Por qué hay tanta diferencia en el ingreso económico de unos y de otros? - A este paso, ¡habrá menos ricos más ricos, y más pobres más pobres! - Ando buscando algún curro para poder vivir.
El lector, seguramente, podrá añadir varias frases más, y semejantes, que reconocen su origen en una charla informal o en la conversación familiar o en los encuentros casuales o en los apurados saludos callejeros o en las quejas de cada jornada o en exposiciones académicas o? Frases que se dicen en todos los idiomas y en todas las latitudes.
¿Es que nuestro planeta no es suficientemente grande y bien dotado para atender a las necesidades básicas de quienes hoy lo habitamos?
¿Es que no hay riqueza -natural y producida- suficiente para todos?
¿Es que la tecnología no nos ha acercado infinidad de instrumentos y de complementos que nos facilitan el vivir de cada día?
¿Es que nuestra sociedad mundial no produce alimentos, ropa, medicinas, educación y confort mínimos para hacer posible la vida de los siete mil millones de seres humanos que hoy estamos en ella?
Si somos sinceros, creo que todos responderemos con un rotundo "sí" a los anteriores interrogantes.
Y, entonces, ¿por qué nuestras mayores preocupaciones pasan por lo económico, y por lo que nos falta y por lo que desearíamos tener aunque tengamos lo suficiente?
Reflexionando, desde mí y desde otros -que han estudiado desde diversas disciplinas nuestra cultura económica- hay coincidencia en dos factores que son como el anverso y el reverso de la misma moneda. "Tanto tienes, tanto vales".
Aunque la frase es muy antigua, parece que aceleró su contenido y sus consecuencias a partir de la revolución industrial operada desde mediados del siglo diecinueve.
Cierto es, y del todo obvio, que desde aquel inicio de la industrialización y de la tecnología mundial, la vida de -por lo menos- la mitad de de los terráqueos se ha facilitado en gran manera al acercarnos instrumentos y elementos industrializados que suplen, mejoran o ayudan en el desarrollo de la vida de las personas.
Pero, de allí a hacer de nuestra vida una incansable búsqueda de qué podemos tener hoy que ayer no teníamos, hay un gran abismo. Por supuesto, hablo de quienes tienen poder adquisitivo suficiente para comprar y consumir.
Y ésa es la palabra: "consumir", "comprar", "tener". Como si ese fuera el mejor y mayor objetivo de nuestra vida. Hay quienes han dado un título a este tipo actitudes: la sociedad del "use y tire", cuyo primer puesto lo detenta -y lo ha detentado desde hace muchos años- EE.UU.
Pero que también es bastante frecuente por nuestros lares. Usted y yo, ¿no conocemos gente que se desespera por tener el último televisor, teléfono digital, ordenador, o chiche que ha llegado a los escaparates desde los grandes fabricantes y comercializadores que los ponen frente a nuestras narices -como la zanahoria delante del animalito- para que nos agotemos trabajando a fin de comprarlo?
A sabiendas, esos fabricantes y comercializadores son los principales beneficiados de este mercantilismo y consumismo que incesantemente fomentan.
El ejemplo más patente, y patético, de esta cultura del consumo son los centros comerciales y los grandes supermercados: todo está estudiado (iluminación, decoración, colores, posicionamiento de los productos, música, aire acondicionado) para atraer al "comprador/a" o "cliente" (no persona) a fin de que adquiera hasta lo que no necesita.
Me vuelvo a preguntar, y pregunto: ¿esta forma de vida es humana o nos hace más humanos?, ¿mejora nuestras relaciones sociales y nos hace más comprensivos y solidarios?, ¿nos hace dueños o esclavos de las cosas?, ¿vale la pena gastar así la vida?
¿Y la "madre tierra"?
Este es el otro aspecto de nuestra "sociedad progresista". Baste un solo botón de muestra para entendernos, y dicho por los mejores sociólogos y economistas mundiales: si se diese el caso, y si fuera posible, que todos los habitantes del planeta Tierra pudieran tener la misma cantidad de automóviles por familia que poseen los EE.UU., harían falta cuatro (4) planetas más para lograrlo.
La conclusión es clara: con lo que le estamos exigiendo al planeta, el modo como lo estamos "estrujando" y con el trato que le estamos dando, la madre tierra no podrá sobrevivir por muchos años más.
Y pensar que hicieron falta millones de años para que esta madre se fuera haciendo y fuera elaborando un ecosistema que posibilitara la vida, la nuestra y la de todos los seres?
Éste es el asunto y el desafío de quienes hoy habitamos aquí: la vida. Amparar la vida, sostenerla, propiciarla, defenderla, cuidarla. Todo lo demás viene después de ella, no antes.
Por eso es urgente comenzar a implementar una sociedad de la "austeridad compartida". Digo austeridad. No miseria ni escasez. Tener y gozar de todo lo necesario y suficiente para llevar adelante una vida digna. No para algunos.
Sí para todos. Sin cosas superfluas. Sin malgastar tantos recursos naturales y fabricados. Cuidando el agua y las diversas fuentes de energía. Dejando de cometer la inmensa maldad que significa el hecho de que el mayor gasto mundial sea el destinado a fabricar y comercializar armamentos para matar y destruir.
Otra sociedad y otro mundo son posibles.
Si, en verdad, lo queremos entre todos. O lo quiere una gran mayoría. O pone manos a la obra una minoría importante. Será relevante la actitud que tengan las personas de buena voluntad y los comprometidos con su fe religiosa.