El destacado especialista argentino, Carlos J. Moneta, en uno de sus libros intitula a estos como "Dragones, Tigres y Jaguares". Los Dragones, por su porte, por su avanzado proceso de industrialización y comercio exterior son China y el vencido y destruido imperio japonés, en la Segunda Guerra Mundial.
Pronto advirtió EEUU que si quería contener a China, como era y es su propósito, debía contar con un aliado no solamente poderoso en lo económico sino también en lo militar, de allí que lo impulsó a echar por la borda las restricciones constitucionales y así, hoy, ya no es más un enano político sino un gigante en ambos sentidos.
Los denominados Tigres Asiáticos: Taiwán (reclamado por China como propio), Hong Kong (ex colonia inglesa, desde 1997 incorporado a China bajo la modalidad de "un país dos sistemas", quiere decir en lo económico capitalista y en lo político forma parte del territorio chino) y Corea del Sur (luego de la guerra de 1950-53 quedó dividida la península por el paralelo 38, guerra que si bien terminó con un armisticio nunca se firmó la paz).
Este país estuvo gobernado durante mucho tiempo por una autocracia militar, hasta que luego de honrosas luchas del pueblo logró imponer la democracia. Las autocracias gobernantes, sin embargo, eran desarrollistas y, contando con pueblos muy disciplinados y laboriosos, lograron en pocos años transformar países de una agricultura de subsistencia en ricos emporios industriales que inundaron con productos de alta calidad y bajo precio a EEUU y Europa. Lo mismo puede decirse del cuarto Tigre la ciudad-Estado de Singapur.
Los Tigres de segunda generación o Jaguares, según la denominación de Moneta, son los que fundaron uno de los primeros y más vigorosos procesos de integración en el área, en un principio con el objetivo de garantizar la seguridad de sus miembros e impedir el avance del comunismo en la región. Después de la gran crisis de 1997-98, al advertir el poco apoyo que recibían de organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial, pusieron también el acento en lo económico.
Es notable, como dijimos, la heterogeneidad que los caracteriza desde el punto de vista de los idiomas, culturas, religiones, regímenes políticos y desarrollo económico, etc, todos con una preocupación prioritaria de modernizar sus industrias para producir más y de mejor calidad y hacer buenos negocios, acrecentando el bienestar de sus pueblos. Tomemos el ejemplo de Vietnam. Éste, pese a su pequeñez, logró derrotar a la primera potencia del mundo, en una feroz y cruenta lucha, dirigida por Ho Chi Ming, logrando lo que no se había logrado en Corea, unificar el país.
Durante el conflicto recibió mucho apoyo de los soviéticos y sobre todo de su vecina del norte, China, de la que pese a comulgar los mismos principios ideológicos, la separaba una vieja enemistad con EEUU requiriendo llevar adelante una política de contención para con China. Vietnam podría ser una pieza clave de esa estrategia. De allí que, a los pocos años, reanudó relaciones comerciales con su ex enemigo y dos años más tarde abrieron sendas embajadas.
El gobierno de Ho Chi Ming pronto se contagió de los aires de progreso y desarrollo alcanzado por sus vecinos y adhirió a la política económica de China, a la que llamó Doi Moi. El Dragón asiático fue el primero en implementarla. En efecto, luego de la muerte de Mao, quien le sucedió no fue el heredero designado por éste sino un hábil y pragmático estadista, Deng Xiao Ping quien, con fuerza, tomó el timón y condujo la insuficientemente desarrollada economía de su país hacia lo que el denominó "socialismo de mercado" o sea una economía liberal capitalista.
Esto no significó la renuncia de sus principios, siendo propósito del líder mantener un gobierno centralizado, autoritario y dictatorial, coexistiendo con una libertad económica, eso sí controlada por el Estado.
El desarrollo de esta política con mano firme produjo un resultado extraordinario, sobre todo a través de las denominadas Zonas Económicas Especiales. De esta manera China desplazó a América del Norte de su primer puesto en el comercio internacional. De acuerdo con el panorama expuesto, ningún país por su gusto está dispuesto a dejar de lado su industrialización y progreso para enzarzarse en una guerra que no les conviene ni la comparten.
Pero ¿de dónde nace este conflicto? De una herida mal curada. Dijimos antes que el conflicto entre ambas Corea nunca se cerró, nunca se firmó la paz; sólo puso fin a la contienda un armisticio y como límite entre ambas se eligió una línea geodésica, el paralelo 38. Gobierna ese sector de la península la dinastía de los Kim, el abuelo, el padre y ahora el nieto, Kim il-sun, un jovenzuelo presumido y bravucón de no más de 30 años, que amenaza destruir con su módico arsenal de bombas nucleares a sus hermanos del Sur y de la que EEUU no saldrá indemne (según amenazó en un discurso de fin de año).
La mayoría de los especialistas sostiene que sólo se trata de asustar con el as de espadas, cuando sólo tiene un cuatro. Sin embargo no es exactamente así: posee instalaciones para enriquecimiento de uranio, ha lanzado misiles al mar cuando la marina de los sureños realizaba ejercicios militares y otro misil por poco no derriba un avión de pasajeros de nacionalidad china, con más de 200 personas a bordo.
Si el conflicto se desata por imprudencia, error o porque el diablo metió la cola, habría la inmediata respuesta del atacado, otros acudirían en su ayuda por los compromisos contraídos, solidaridad o como en el caso de China lo que menos quiere es una guerra, pero no podría dejar de participar, no por simpatía con el díscolo presidente coreano. Rusia dejó de proveerles ayuda y China la redujo. Recordar, además, que el gigante asiático votó a favor las sanciones que le impuso las Naciones Unidas por sus numerosas transgresiones, incluso el lanzamiento de un satélite espacial que todos supusieron que se trataba de otra prueba misilística.
Además en el área existe otro latente y peligroso conflicto, la lucha por la hegemonía y el liderazgo a nivel regional entre China y Japón y entre EEUU y China por la supremacía mundial.
En el lamentable caso que el incidente llegara a mayores, ¿qué tipo de armas se usarían: las convencionales o las atómicas? La amenaza de Kim il sun es clara: el ataque sería por sorpresa, la guerra duraría sólo tres días y el lugar de la contienda se convertiría en un holocausto nuclear. Japón, que se rearmó fuertemente cuando EEUU lo incitó a hacerlo, posee una escuadra más pequeña pero muy superior en calidad a la de China. En una contienda saldría victoriosa la primera.
A su vez, la situación en Asia Pacífico se torna cada vez más insostenible. La presencia omnipresente de los norteamericanos, con sus numerosas bases, la presencia de la poderosa Séptima Flota, etc. permite suponer que la lucha por los liderazgos se ha de resolver en ese escenario.
El hecho de que el Pacífico sea el mayor núcleo poblacional y el centro industrial del mundo, lleva a pensar que una aparente convivencia pacífica no puede mantenerse por mucho más tiempo. Alguien tiene que ser el patrón de la estancia. O sea que a las estentóreas amenazas de Kim il sun se agrega el pesado condimento de las luchas por las hegemonías y si, por desgracia, ambos factores se unen, tendríamos el escenario tan temido.
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