Imaginemos la existencia de una provincia en la que se contara con recursos naturales explotables mediante miniemprendimientos energéticos suficientes como para cubrir el déficit de provisión en la demanda propia actual y, en un futuro, exportar energía al sistema nacional.
También pensemos en un sector público con entidades con una visión sistémica de la temática socioeconómica que asumiera el papel inductor con la obra pública inserta en la actividad productiva total y le fueran claras las oportunidades de desarrollo de capacidades industriales, legales, económicas y logros sociales que se derivarían de las prácticas involucradas.
Imaginemos un sector público tal que promoviera la participación de la pyme local, en un sector productivo con empresas capaces de diseñar, fabricar y poner en funcionamiento emprendimientos energéticos.
Se traccionarían así la participación de una cadena de proveedores que conformarían un sistema sobre el que se establecería una sinergia sistémica, que dinamizaría la economía provincial en valores tales que alcancen alrededor de 7 veces los costos de instalación de los miniemprendimientos.
Dándose una envergadura de recursos económicos tales que 15% de ellos, igualarían el costo de instalación de las minicentrales. Si la inversión inicial correspondiera al sector público, con su capacidad de identificar el sistema de actividades inducido por las obras energéticas, emergería espontáneamente un mecanismo de recuperación de inversiones que puede alcanzar la casi totalidad de los costos. En estos aspectos se involucrarían las entidades financieras y bancarias para las gestiones respectivas.
Imaginemos que el subsector legislativo del público aludido fuese capaz de generar leyes que proveyeran formas de reorientación de impuestos nacionales para su aplicación al conjunto de obras del plan.
En tal caso, se podría justificar un conjunto suficiente de obras del plan con solo el objetivo de ocupar mano de obra local. Como subproducto resultarían instalaciones de centrales generadoras de energía con capacidades tales que podrían superar el déficit de provisión propia y, con el debido tiempo, generar excedentes exportables.
Estas centrales pueden engrosar el patrimonio de una empresa de energía que administra la provisión de energía en la provincia cuando es de propiedad estatal. A lo que deberían agregarse las nuevas capacidades de la industria local en la producción de equipamientos, su instalación, transporte de energía hasta los centros de consumo, que también pueden alcanzar capacidades para exportar.
Imaginemos la existencia en la provincia de empresas capaces de diseñar, fabricar los equipamientos y especificar los de provisión desde el exterior de la provincia, para completar lo que se requiera en las instalaciones del plan.
Imaginemos además que en el sector público hubiera capacidades de vislumbrar el poder de inducir el desarrollo de la industria local mediante la estrategia de seleccionar las primeras obras de un plan, que puedan ser realizadas con las capacidades industriales del presente y secuenciarlas para que las que requieran de capacidades superiores, puedan ser alcanzadas por la industria propia.
Imaginemos además que las industrias locales, en su intento de crear nuevas capacidades, recurran al sector tecnológico para complementarse en el esfuerzo de dominar nuevas tecnologías que obligadamente serían requeridas. Bajo la inducción promotora del sector público que imaginamos, no se escaparía el papel estratégico que los microemprendimientos representarían debido al tenor bajo de las dificultades tecnológicas a enfrentar.
Configurando así, una "puerta de entrada" en la actividad industrial, económica y legal que subyace. Se haría entonces evidente el error de ceder al comercio internacional las obras muy pequeñas. Este imaginado sector público debiera contar con la capacidad de dimensionar un plan de obras de adecuada magnitud y plazos de entrega para lograr la disponibilidad de recursos económicos, desarrollar las capacidades productivas hasta las más exigentes del plan, pasando por la generación genuina de empleos y participación coordinada de los sectores mencionados.
Imaginemos además que, como resultado de las actividades del plan, aparecerían nuevos diseños de equipos, componentes, sistemas de control. Consecuentemente, se requeriría seguir un proceso de desarrollo y experimentación hasta el funcionamiento eficiente esperado. Se involucrarían entidades del sector tecnológico que compete.
Las estimaciones de costos respectivas se derivarían de su intervención.
Imaginemos finalmente, replicar en otras regiones del país, del que formara parte la provincia del inicio de este cuento y, más aún, extenderlo a todo el país, que dispusiera de otros recursos renovables e intentara los desarrollos tecnológicos que se necesiten. La generación de los recursos económicos no sería lo esencial pues se han esbozado formas de lograrlos.
Pareciera que en las conjeturas de esta ficción son esenciales, en cambio, voluntades confiadas en la factibilidad de logros como los planteados, la observación de experiencias recientes y ocuparse de los problemas de competencia propios de las funciones inherentes a los cargos que se detentan.
La moraleja del cuento se reduciría a señalar el gran poder inductor que tendría un sector público en una provincia como los imaginados, donde el impacto en la lucha contra la pobreza sería muy notable, como así también, de gran importancia en su búsqueda de sustentabilidad económica y social.