“...en Mendoza comenzó a frustrarse la reforma política que el gobierno provincial vendió con bombos y platillos como el principal logro de su gestión”. “Es de esperar que la Cámara de Diputados de la Provincia no avale con sus firmas tamaña deserción reformista por parte de sus mismos propulsores y de cierta oposición que sólo confía en colgarse de las listas anónimas...”. Editorial Los Andes, “De bochorno en bochorno” 13/10/2002.
Muchos ciudadanos mendocinos (más de 5.000 firmas en su apoyo) nos habíamos entusiasmado con el magnífico proyecto del Gobierno de mayo de 2002 con sus dos patas inseparables: proyecto de Ley Orgánica de los Partidos Políticos y Reforma Electoral. No era el único ni el primero de los proyectos para terminar con las benditas “listas sábana”. La Legislatura estaba llena de “buenas intenciones”
No obstante los buenos propósitos de los impulsores del proyecto, el empuje inicial fue superado por la realidad de mezquindades políticas circunstanciales. En términos parecidos lo expresé en nota publicada en Los Andes el 04/12/2002 (“La agonía de la reforma”). Pero la realidad se impuso y la agonía se transformó en sepulcro.
La resurrección. Se insinuó casi siete años después con la separación de elecciones municipales, resuelta para la ciudad Capital, por el Dr. Víctor Fayad. La separación dispuesta por el intendente no atacaba el problema de fondo sino que obedecía a otras cuestiones políticas del momento, como la anticipación capciosa de las elecciones dispuesta por el gobierno nacional, a la que respondió nuestro intendente con la separación de los comicios del municipio. Sin embargo, esa medida circunstancial del Dr. Fayad podría haberse convertido en un importante servicio a la República, que quizá hubiera terminando con las abominables “listas sábana” de no haber sido por otras mezquindades políticas, también circunstanciales, comentadas en el editorial del epígrafe.
Una paradoja siempre vigente. Destacados políticos e instituciones se han manifestado a favor de la separación de comicios municipales y otros progresos del sistema electoral, como la utilización de urnas electrónicas y la obvia terminación de las “listas sábana” (v, Los Andes, 29/07/2009).
Lo paradojal es que, si estamos todos de acuerdo con lo sustancial del razonamiento ¿por qué no podemos ser consecuentes a la hora de tomar las decisiones? Tal vez la respuesta pueda darse con una paráfrasis de Agustín Álvarez, para quien todos podemos ser tanto más idealistas cuanto más de lejos nos afecte el ideal que declaramos defender.
Un rayo de esperanza. Considero que ahora es posible que los políticos mendocinos con aspiraciones para ocupar cargos ejecutivos o legislativos en las elecciones de 2015 suscriban, antes de esa fecha, un acuerdo para que, cualquiera fuere el resultado de las elecciones, queden solemnemente comprometidos a ejecutar o apoyar desde los cargos que llegaren a ocupar, todas las acciones útiles para que los lineamientos básicos del proyecto abortado en diciembre de 2002 se conviertan en realidad.
Creo que ahora es oportuno, porque el sentido que la gente está comenzando a dar al reto de “que se vayan todos” de 2001 es “que se queden todos” para cumplir con sus responsabilidades y promesas, que son imprescriptibles. Una de ellas es la que motiva esta nota.