3 de enero de 2018 - 00:00

Una carta a Churchill - Por Carlos Balter

Leyendo una publicación de Juan Carlos De Pablo encuentro el siguiente título: "Conmovedora y valiosa carta de Churchill a ídem".

Y a continuación escribe: "Me acaban de regalar 'Cartas memorables', compiladas por Shaun Usher. Es un típico libro para no leer de corrido sino a los saltos. Mi vista se posó en una carta, que el 27 de junio de 1940 Clementine Churchill envió a su marido, Winston, entonces primer ministro de Inglaterra. Comparto el texto con los lectores".

Coincidiendo en el interés que despertó en el profesor De Pablo esta misiva, me permito transcribirla a continuación, acompañada de la reflexión final del reconocido economista. "Querido mío: "Confío en que me perdones por decirte algo que creo deberías saber. Uno de los hombres de tu entorno (un amigo fiel) ha acudido a mí para decirme que corres el riesgo de que tus compañeros y subordinados te acaben tomando antipatía debido a tu dureza, tu sarcasmo y tu despotismo. Al parecer tus secretarios personales han acordado comportarse como colegiales y aceptar lo que se les viene encima y después huir de tu presencia encogiéndose de hombros. En esferas superiores, al parecer eres tan despectivo cuando alguien sugiere una idea (en una asamblea, por ejemplo) que pronto nadie presentará idea alguna, ni buena ni mala. Esto me sorprendió y me disgustó, porque a lo largo de todos estos años me he acostumbrado a que todos los que trabajan contigo y para ti te aprecian. Cuando así lo manifesté, me respondieron: 'sin duda es la tensión'. Mi querido Winston: debo confesar que me he percatado de un empeoramiento de tus modales y de que no eres tan amable como antes. A ti te corresponde dar órdenes y, si no se cumplen debidamente -salvo en los casos del rey, el arzobispo de Canterbury y el presidente de la Cámara de los Comunes-, puedes despedir a quien te plazca. Por consiguiente, a este poder tremendo has de sumar urbanidad, amabilidad y, a ser posible, una tranquilidad olímpica. No soporto que quienes sirven al país y a ti no te aprecien, además de admirarte y respetarte. Además, no obtendrás los mejores resultados mostrándote irascible y rudo. Eso sólo engendra en los demás antipatía o mentalidad de esclavos. ¡En tiempos de guerra, la rebelión ni se contempla!

"Te ruego perdones a tu amorosa, devota y vigilante Clemmie. Escribí esto en Chequers el domingo y lo rompí, pero aquí lo tienes ahora". (la carta está firmada en 10 Downing Street).

Desde el punto de vista formal, un texto "muy inglés". Donde todo se dice con cordialidad… pero se dice. En cuanto al contenido, qué importante es que -cerca de cualquier poderoso- haya alguien que le provea información desagradable, pero absolutamente relevante. Churchill se iba a enterar de cualquier manera de lo que estaba ocurriendo, pero si se lo dice alguien "de adentro", de su más absoluta confianza, corregirá antes. ¡Bravo, Clementine!

LAS MAS LEIDAS