3 de abril de 2026 - 00:00

Sorprendentes misterios e historias del antiguo calvario de Carrodilla­

Es el calvario más antiguo de la Argentina. Atesora tiempo y tradición. Fue fundado en 1840 por fray Francisco Aymont. En él había una historia escondida, que contó en 1970 doña Rosa Buenanueva de Franchín, descendiente de guerreros de la Independencia.

Era otoño. Otoño de 1970. Uno de esos otoños distintos, de atardeceres que se modelan en abanicos de ocres. Contrastando con los atrapantes dorados, estaba doña Rosa Buenanueva de Franchín, majestuosamente meciéndose en la silla tan añeja como ella.

La anciana de negro casi riguroso, rostro apergaminado, tenía historia y linaje. Descendía de guerreros de la Independencia y era recordada maestra de la Comandante Torres. Estaba allí para transmitir a Los Andes por primera vez los frutos de años y años de pacientes investigaciones sobre el Calvario, su fundador, y la Semana Santa.

Sus recuerdos eran nítidos. Se afirmaban en la tradición oral que venía de sus ancestros y de un cuaderno escolar con su prolija escritura de pluma inglesa. Evocó que poco se conocía del padre Aymont. Solo unas tenues líneas en un cartel pegado sobre la puerta grande del Calvario: "El padre franciscano, español, hijo de la ciudad de Manresa de Cataluña, que tantos sacrificios y contradicciones trabajó en este Calvario, suplica a los fieles que recen un Padre Nuestro cuando practiquen el Vía Crucis”.

Corría el año 1840...

Le decían "padre Imón". Su verdadero nombre, Francisco Aymont. Tenía un carácter severo, de pocas palabras, retraído y poseía el don de "leer en el corazón de las personas". Lo que ordenaba lo proclamaba con tonos que nadie se atrevía a desobedecer. Vivía en una habitación pequeña, que carecía de comodidades, pobre. Dormía sobre duras tablas. Cuando encaró la construcción del Calvario, buscó la buena voluntad del vecindario. Corría el año 1840.

Sorprendentes misterios e historias del antiguo calvario de Carrodilla­
Cristo articulado. Obra restaurada por el artista plástico Ricardo Cubisino

Cristo articulado. Obra restaurada por el artista plástico Ricardo Cubisino

A los hombres requería las labores más fuertes, pero él lo hacía a la par. Se cuenta que no desaprovechaba ocasión después de la confesión. La penitencia la transformaba en horas de trabajo o quizás acarrear cinco o diez viajes de piedras del zanjón. A las mujeres les pedía, por ejemplo, pelar cinco cañas por las cinco llagas de Nuestro Señor, o en las alfombras que llevaban para hincarse, acarrear cinco viajes de piedras más pequeñas. Así fue levantando el santuario y cumplir con la promesa que hizo al salir España y predicar el Evangelio: levantar tres calvarios. Cumplió. Fundó el de Carrodilla; Aicuña, La Rioja, y el de Catamarca, donde descansan sus restos.

El milagroso Señor de la Salud

El Calvario en el 1800 ocupaba una cuadra más o menos. En el extremo sur había una puerta de entrada que llevaba a la capilla del Señor de la Buena Salud. En ella había una rústica división. Era la prisión del Señor, donde estaba la imagen de Jesús Nazareno, con corona de espinas y la cruz sobre los hombros. A esta capilla acudían millares de peregrinos a implorar al Señor remedios para sus males. Las promesas cumplidas testificaban la infinidad de objetos; algunos, insólitos.

Caminando hacia el norte, estaban las trece pilastras. Cada una tenía un cuadro de los actos de la Pasión. En el extremo norte había otra capilla. El local era un poco más grande. Allí se celebraban las misas y oficios de Semana Santa.

Sorprendentes misterios e historias del antiguo calvario de Carrodilla­
El Señor de la Salud vestido de violeta para Semana Santa.

El Señor de la Salud vestido de violeta para Semana Santa.

Bajo el altar estaba el Santo Sepulcro, con el cuerpo de Jesús. La imagen tenía en los hombros un mecanismo que le permitía subir o bajar los brazos. El Jueves y Viernes Santo, los hombres hacían guardia, vestidos con armaduras, lanzas y cascos, como soldados romanos.

Ayer... Semana Santa

Durante la Semana Santa cesaba toda actividad en Carrodilla. Los promesantes arribaban en carretas entoldadas, a caballo... El padre Aymont procuraba dar a la Pasión profundo realismo. La feligresía se emocionaba tanto que lloraba muy fuerte. Algunos se desmayaban.

La procesión recorría en silencio añejas calles. En algunas casas se colgaban arcos de flores y luces de cebo al anochecer. El olor agrio de las velas, el polvo que levantaban los caminantes y los animales de tiro, más los llantos de los creyentes por la Pasión del Señor y las valiosas tallas de los Cristos daban un notable realismo, creando un halo de misterio, casi fantasmagórico.

De todas las escenas, la que mayor tensión generaba era descender el cuerpo de Jesús de la cruz. El franciscano decía: "Quitadle la corona de espinas". Lo hacían y lo ubicaban en una bandeja. Cada instante merecía un comentario. Cuando ordenaba que descendieran el cuerpo del Señor, expresaba: "¡Enseñadlo al público!" Hombres y mujeres lloraban más fuerte.

Doña Rosa atesoró en aquel marzo del '70 sus valiosos recuerdos y testimonios. Los Andes, los guardó en sus páginas. Registraba 90 años; había nacido el 1 de septiembre de 1880.

* El autor es periodista y docente.

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