29 de diciembre de 2019 - 00:00

¿Un sacrificio innecesario para compensar errores? - Por J. Peter Meuli

En solamente 10 semanas gastaron lo que ahora pretenden recaudar en dos años, castigando con un impuestazo al trabajador argentino.

Como economista, me interesan los números. Como argentino, me interesa el bienestar de mi querida Patria. Pero las perspectivas sociopolíticas y económicas no pueden ser peores – y el paquete de medidas recién tomadas, no puede ser más equivocado: en lugar de dar un incentivo importante al desarrollo de la Nación, que tanto necesitamos, volvimos a las recetas inútiles y contra-productivas del pasado – siempre enfocándonos en cómo combatir los síntomas, siempre cortoplacistas, y nunca con una amplia visión al futuro. Y claro, todos esos errores vienen, como de costumbre, acompañados por un discurso intencional-mente distorsivo. Parece que el termino “redistribución de riqueza” ha llegado a su final – sobre todo después de una frase célebre del socialista francés y ex director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn: “antes de poder redistribuir riqueza hay que generarla…”. Así que ahora remplazaron “redistribución” por “solidaridad” – y para darle más peso al término, agregaron “hambre”. Sin embargo, los populistas evitan olímpicamente pensar en y fomentar la generación de riqueza. Analicemos por un momento algunos números con el objetivo de entender mejor la relación entre los miles de millones de dólares que ahora quieren sacar de una parte del pueblo. Los damnificados siempre son los mismos: los que con sudor y lagrimas están tratando de generar riqueza; nunca a los privilegiados como los jueces, los legisladores, los concejales, los asesores; jamás los políticos) y los miles de millones que se han desviado, que se han “fumado” o que simplemente los mismos políticos han malgastados y despilfarrado. Hagamos algo de memoria: Cristóbal López, en mayo de 2016, tuvo una “deuda” con la AFIP de 8.000 millones de pesos lo que al tipo de cambio de 14 pesos/dólar representaba 571 millones  de dólares. Este monto equivale aproximadamente al 20% de los U$S 2.880 míllones que el Gobierno tiene pensado recaudar con el 30% de impuesto al “dólar ahorro” en 2020. Los bienes de Lázaro Báez (¡solamente los ubicados en Argentina!) están estimados en U$S 2.700 millones, un llamativo 93,75% de la misma recaudación anual prevista. Sturzenegger, en un solo mes (abril 2018), gasto U$S 4.732 millones en un intento de mantener la paridad peso/dólar. En las seis semanas siguiendo a los PASO 2019, el mismo Banco Central gastó otra vez 4.000 millones de sus reservas con la misma intención. Con el impuesto al “dólar turista”, el gobierno ahora pretende recaudar en un año unos U$S 4.000 millones, – castigando a unos 4.500.000 de argentinos quienes, de acuerdo con el “Informe del mercado de cambios y balance cambiario” del Banco Central, gastaron U$S 2.130 millones en el exterior en 2018. En solamente 10 semanas gastaron lo que ahora pretenden recaudar en dos años, castigando con un impuestazo al trabajador argentino que se permite un merecido descanso o visitando familiares en el exterior. Hubiera sido mucho más fácil y más “solidario”, incluir a los miembros el Poder Judicial, la totalidad de los legisladores y los demás grupos privilegiados en un régimen simple, justo y equitativo de pagar impuestos a las ganancias. Hubiéramos evitado el enojo (justificado) de la gente trabajadora que formen parte de la economía privada. Además, el superávit generado con esos simples medidas, nos hubiera dado la posibilidad y los fondos necesarios de hacer una contribución importante a las pymes y al aparato productivo en general – y así aportando a una solidaridad verdadera. Basta de subsidios y de limosnas. Lo que hace falta es capital de trabajo, incentivos, una carga impositiva tolerable y créditos blandos. Lo que hace falta es una economía creciente, expansiva y lucrativa. Solamente una sociedad que genera riqueza puede pensar en una redistribución. No niego que haya hambre y pobres en nuestra querida patria – pero estoy convencido que hay políticas más viables, mas éticas, más justas y más inteligentes que deberíamos aplicar para combatir las causas y no las síntomas. Ojalá que los comentarios hechos recientemente por el presidente Fernández se convierten en realidad y se manifiesten el leyes o en un DNU.

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