Sabemos que las teleseries, hoy, barajan tramas paralelas y laberintos narrativos y que tanto esta complejidad como el ritmo que imprimen a su acción no habría llegado a las pantallas de este siglo sin, por ejemplo, Hitchcock, Claro que la tradición audiovisual va más allá de la narrativa cinematográfica y se gesta en las técnicas contemporáneas que han influenciado nuestra forma de leer. Tal como asegura Jorge Carrión en “Teleshakespeare”: “Mientras que la velocidad de las series sintoniza con el espíritu de la época, el profundo desarrollo argumental y psicológico al que nos han acostumbrado conecta con la novela por entregas y con los grandes proyectos narrativos del siglo XIX”.
Esa profundidad psicológica hace de los personajes un gancho eficaz. Y ese es uno de los grandes desafíos. Más, cuando el guión explora eso que los alemanes llaman Bildungsroman (novela de formación) y que ha dado tan buenos ejemplos en la literatura como en el cine: historias para crecer.
Cierta vez, en una mesa del Barloa, el cineasta Santiago Estevez desplegó como deseo la trama de una serie de ficción que pretendía filmar en su tierra natal, Mendoza.
- ¿Qué clase de amor tenés con el género?
- Creo que a esta altura es una relación de amor no correspondido.
Si bien llevaba tiempo queriendo filmar aquí una historia urbana con dosis de thriller, ya en 2012 había probado su affaire con “Los Crímenes”, el cortometraje con el que obtuvo casi una decena de premios nacionales e internacionales.
Pasó el tiempo y los concursos del Incaa y Estevez (repartido entre Mendoza y Buenos Aires), fue dándole forma concreta a su deseo. Ahora, en la etapa incial de su realización, nos adentramos en “La educación del Rey” (producida por Dámaris Rendon), una serie de Fomento TDA que cuenta con el apoyo de la Universidad Nacional de Cuyo.
- ¿Cómo surge el argumento de esta serie?
- Juan Manuel Bordón, con quien trabajo discutiendo y desarollando relatos desde hace años, un día me trajo un pequeño embrión de historia donde estaban los personajes principales: un jubilado del transporte de caudales y un pequeño ladronzuelo. Al leerlo juntos descubrimos que el relato debía ser extenso, que para que una “educación sentimental” como la que los personajes auguraban fuera interesante, el relato necesitaba una duración mayor incluso a la de un largometraje.
- ¿Qué dosis hay de policial y novela de formación?
- En nuestro caso, los dos géneros están presentes y se cruzan como si fueran países con una frontera muy vulnerable. La educación que Carlos le da a Reynaldo funciona como el ojo de la tormenta, como un momento de tregua en medio de un mundo violento. El relato policial funciona en este caso como la trama que va atando los acontecimientos y que va poniendo a prueba constantemente esa educación, al tiempo que amenaza la vida de los personajes.
Estéticamente, “La educación del Rey” es un relato realista y suburbano, con una fuerte influencia del policial y el western.
- ¿Y en qué sitios de Mendoza será filmada? ¿Actores conocidos?
- Todavía estamos definiendo las locaciones definitivas, pero pensamos mucho en los barrios de Godoy Cruz o Las Heras cercanos a la precordillera, y también locaciones de Luján directamente precordilleranas. De los actores, vamos a tener la enorme suerte de trabajar con Germán De Silva, a mi gusto uno de los mejores actores argentinos de nuestro tiempo (“Relatos Salvajes”, “Las acacias”, “Un mundo misterioso” y un largo etcétera) para el rol de Carlos Vargas. También contaremos con excelentes actores mendocinos y algún que otro actor más de Buenos Aires.
- La sinopsis habla de un mundo de códigos en los márgenes de la legalidad. ¿A qué se refiere? ¿Qué tipo de códigos? ¿Existen aún?
- Creo que los códigos funcionan como un sustituto primitivo de la ley. En eso nuestro relato toma del western la idea de un mundo donde la ley todavía no se instaló, o mejor dicho, existe, pero en otro estrato social. Cuando Reynaldo cae huyendo en el patio de Carlos escapando de un robo, éste no lo entrega a la policía, sino que le propone un trato justo: arreglar lo que rompió. Este es el acto que pone en marcha la relación entre los personajes.
- ¿Hay reflejadas en esta serie algunas de tus obsesiones como realizador?
- En procesos tan largos como éste, que lleva varios años de escritura y desarrollo, la principal obsesión suele ser concretarlo. En el cine (en este caso en la televisión) uno descubre lo que estaba buscando recién cuando lo comparte.