27 de julio de 2014 - 00:00

Un nuevo orden

Los chicos nos marcan que necesitan una sociedad más ordenada, porque sienten que los hemos dejado solos. Nosotros creíamos que los debíamos dejar “hacer su camino”. Eso nos corría de la responsabilidad de marcárselos. Pero pareciera que la “vara” se está

Hace unos días conversaba con jóvenes sobre las tareas que habría que hacer en educación en el nuevo tiempo. Aparecía muy seguido la idea de un orden, pautas, límites, respeto por el docente y el director, incluso por encima de las cuestiones más técnicas.

Les pregunté por qué hablaban tanto de orden, ¿qué era lo que sentían? Las respuestas fueron: “Esto así no va más”, “No se puede seguir viviendo en este caos”.

Pareciera que la “vara” se curvó hacia el otro lado. Ahora lo que necesitamos es encuadre, orden, una pauta clara de para dónde vamos, de modo de poder discutir el orden y las condiciones. Hace 20 años buscábamos creatividad, innovación, enfrentar lo establecido.

¿Queremos volver a las viejas pautas? ¿Queremos retornar a aquel orden? No es lo que parece. Lo que se nota en el reclamo de chicos y jóvenes no parece ser eso, pero sí mayor claridad de roles y garantizar lo que implican: “Queremos profesores que hagan de profesores, rectores que hagan de rectores, padres que hagan de padres”.

Lo que nos están pidiendo es la transparencia que requiere un nuevo marco, de límites claros, pero que, se explican, se pueden conversar en algunos casos.

Entendemos el reclamo, pero no tenemos claro cómo hacer para dárselos: “Yo no quisiera que mi hijo tome, pero todos (los padres) los dejan; no voy a hacer que sea el único que no los dejan tomar”. Probablemente sí, probablemente nos exija ese valor a cada uno, hasta volver a construir un nosotros, cuando los padres que no quieren que tomen y los que quieren dejarlos, puedan conversarlo y tomar una decisión.

Los chicos nos piden que lo hagamos, que nos banquemos ser la autoridad y la ley, que nos banquemos decir lo que sí o lo que no, aunque a ellos les dé bronca. Es probable que nos odien un rato, que les dé bronca; es lo que piden. Aunque a veces creamos que somos viejos si lo hacemos, necesitan que lo hagamos. Muchos de los chicos que se “caen” de la escuela secundaria no lo harían si los “siguiéramos de cerca”, con mayor claridad, si les dijéramos para dónde deben ir y los acompañáramos.

Es bravo. Pareciera que el camino de “hacé lo que a vos te parezca” es más corto; nos cierra mejor a nosotros; a ellos pareciera que no y empiezan a decirlo.

El nuevo orden es un encuadre de la claridad, de que cada uno defina su rol y lo cumpla, que probablemente nos obligue a decirles más seguido: “Porque te lo digo yo”, y parar de intentar explicarlo. Los chicos lo van a saber entender a la larga. Es que hay que ordenarlos y escucharlos. Si lo tenemos claro no es tan complejo.

No se trata de ser más duros o más blandos. Se trata de ser claros, de que cada uno cumpla con su rol y pueda ser demandado por ello y felicitado por sus logros. Lo que viene son maestros y alumnos claros, padres que cumplan el rol que creen deben cumplir. Cada uno debe construir su papel, aquél en el que cree, el que lo deja tranquilo, el que le hace sentir que está cumpliendo la responsabilidad que debería cumplir.

Los chicos nos marcan que necesitan una sociedad más ordenada. Los hemos dejado solos, necesitan marcos, pautas, claridad, acompañamiento. Nosotros creíamos que los debíamos dejar “hacer su camino”, elegir para dónde querían ir. Eso nos corría de la responsabilidad de marcárselos, nos dejaba más tranquilos.

Necesitamos un tiempo de claridad, de orden, de saber qué va a hacer el otro, de que cada uno cumpla con sus expectativas. Si es más claro, podremos reencontrarnos, trabajar juntos y sentir que podemos, juntos, mejorar. Entonces seremos parte de ese nuevo orden.

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