En julio de este año, la OECD presentó un reporte en el cual analiza profundamente el sistema tributario argentino.
En julio de este año, la OECD presentó un reporte en el cual analiza profundamente el sistema tributario argentino.
El veredicto es conocido: tenemos un sistema distorsivo, que atenta contra la competitividad, las inversiones y el crecimiento y que resulta poco progresivo.
En este contexto, el estudio sugiere una serie de cambios que podrían sintetizarse en la modificación de 7 impuestos, algunos relacionados con la eficiencia y otros con la equidad.
Si se compara el proyecto de reforma tributaria con estas sugerencias de la OECD puede advertirse que el Gobierno coincidió con prácticamente todas las sugerencias que promueven la eficiencia, mientras que descartó las principales que generarían mayor progresividad en la política tributaria.
La OECD hace énfasis en ganancias e impuestos al trabajo, tributos que atentan contra las inversiones, la formalidad y el crecimiento, ya que poseen alícuotas distorsivamente elevadas (respecto a la región).
A su vez, se destaca el impuesto al cheque e ingresos brutos, que generan el conocido "efecto cascada" en la tributación a lo largo de la cadena de valor, con nocivos efectos sobre la competitividad de la economía.
En el proyecto de reforma, la reducción de alícuota del 35% al 25% para ganancias empresariales no distribuidas, y la generación de un mínimo no imponible para contribuciones patronales de salarios menores a $12 mil logran (en su plena aplicación) empalmar la presión de estos tributos a los niveles regionales.
"Ganancias e impuestos al trabajo atentan contra las inversiones, la formalidad y el crecimiento."
A su vez, la deducción del 100% del impuesto al cheque permite eliminar el impacto de este tributo. Los acuerdos alcanzados entre Nación y Provincias reducirían la incidencia de ingresos brutos por el equivalente a 1,5% del PBI (comprimiendo en un tercio su alcance actual).
Al final del exuberante gradualismo, la reforma hace un esfuerzo por converger con la región en los principales impuestos que hoy generan asimetrías competitivas.
Sin embargo, queda en el tintero una segunda generación de reformas relacionadas con la equidad. En este contexto, la OECD destaca al menos tres impuestos que debería reformularse.
Por un lado, se destaca que las exenciones y alícuotas reducidas del IVA generan una importante fuga de recursos que es capitalizada en gran medida por los estratos de mayores ingresos.
La sugerencia es homogeneizar la alícuota y hacer una política de devoluciones focalizadas sobre la población de menores ingresos (con mayor intensidad a lo realizado en la actualidad).
Por otro lado, sería necesario dar mayor progresividad al impuesto a las ganancias de personas físicas, e incrementar la importancia relativa de los tributos al patrimonio.
No debe soslayarse que algunos de estos cambios generarían tensiones políticas ya que impactarían adversamente en familias de ingresos medios y altos.
Sin embargo, acercarían la progresividad tributaria argentina a los niveles de la OECD, logrando sensibles mejoras en la distribución del ingreso.
En definitiva, a pesar del gradualismo y las materias pendientes, las propuestas lucen sensatas, elevan la calidad del debate y se focalizan sobre verdaderos obstáculos al crecimiento.