23 de agosto de 2015 - 00:00

Un fósil de serpiente con cuatro patas

Un singular fósil de una serpiente con cuatro patas, que en julio causó sensación científica, provoca ahora una disputa legal. Las autoridades brasileñas abrieron una investigación para saber si el fósil fue sacado ilegalmente de su país y, por ta

Para algunos paleontólogos, la investigación revive un viejo debate: cuánta responsabilidad tienen los investigadores y revistas científicas en lo que respecta a mantener la legalidad de los especímenes sobre los que informan; quizá rehusándose a publicar investigaciones sobre fósiles obtenidos potencialmente a través de medios ilegales, o informando a las autoridades nacionales de sus sospechas sobre la proveniencia de un fósil.

Pero otros dicen que adoptar un enfoque cauteloso podría ocasionar que fósiles importantes se queden languideciendo en la oscuridad de colecciones privadas de todo el mundo.

David Martill, paleobiólogo de la Universidad de Portsmouth, en el Reino Unido, identificó por primera vez el espécimen de la serpiente (Tetrapodophis amplectus) en una colección privada de un museo de Solnhofen, Alemania, en 2012. En 1942, Brasil declaró ilegal la venta o exportación de fósiles sin permiso gubernamental; por tanto, parece posible que el fósil haya sido cruzado ilegalmente por la frontera.

"Formalizaremos una petición de investigación ante la Policía Federal Brasileña, para establecer cómo salió de Brasil este espécimen fósil", dice Felipe Chaves, director de la división de fósiles del Departamento Nacional de Producción Mineral de Brasil en Brasilia.

"Conocemos algunos detalles que merecen ser investigados", añade, pero se negó a decir más. El museo no respondió a las solicitudes de la revista Nature para que comentara al respecto.

"Personalmente, me hubiera gustado que el fósil volviera a Brasil, pero no era mi fósil, por lo que no era decisión mía. Sí hablamos extensamente sobre si el espécimen debía ser devuelto, dado que no estábamos seguros de cuándo había salido. Pero el contraargumento era que tampoco había evidencia en el sentido de que se hubiera violado alguna ley", dice Nicholas Longrich, un paleontólogo de la Universidad de Bath, en el Reino Unido, que junto con Martill es coautor de un documento de investigación publicado el 23 de julio que describe al espécimen.

Leyes proteccionistas
Chaves se enteró del fósil solo después de haberse publicado el documento de investigación. Dice que los científicos debieron haber informado a las autoridades brasileñas cuando descubrieron su probable origen. Pero Martill no lo cree necesario.

"Hay cientos, si no es que miles, de fósiles brasileños (en colecciones de museos) por todo el mundo", afirma. "Es un poco distractor que los científicos tengan que considerar la legalidad de los fósiles antes de estudiarlos", añade. "Veo miles de fósiles todos los años, de todo el planeta. No voy a escribir a los gobiernos de todos esos países solo para verificar cada fósil".

La cuestión más general es un argumento conocido por los paleontólogos. En opinión de Martill, las leyes proteccionistas sobre el comercio de fósiles (que no solo han sido adoptadas por Brasil, sino también por China, Mongolia y Marruecos) obstaculizan la investigación científica porque, pese a ser bien intencionadas, estas regulaciones pueden restringir el acceso a especímenes científicamente valiosos. Y en la práctica, los buscadores y mercaderes de fósiles han burlado las leyes brasileñas habitualmente, pese a intentos recientes de las autoridades por tomar medidas enérgicas contra este crimen.

Pero James Clark, un paleontólogo de la Universidad de George Washington, en Washington, DC, dice que los investigadores no deberían publicar artículos sobre fósiles cuya adquisición pudo haber sido ilegal. "Por lo que he visto, no debieron haber publicado la investigación", afirma.

"Por supuesto, somos conscientes de los interrogantes difíciles que se han planteado respecto de fósiles de colecciones privadas. Es un tema que estaremos evaluando más", dijo un vocero de la revista Science, que publicó la investigación.

La revista no tiene políticas explícitas que exijan que los fósiles sobre los que publica sean legales, pero tampoco las tienen la mayoría de las demás revistas de investigación, incluyendo Nature y publicaciones especializadas en paleontología. Una de ellas, Cretaceous Research, señala en las directrices para los autores que fósiles de origen incierto no serán aceptados para publicación, incluso si están en un museo pero (tal como sucede con el fósil de T. amplectus) carecen de registros de colección o propiedad.

No está claro si la investigación brasileña logrará progresar mucho, dice Clark. "Dado que se sabe que varias instituciones alemanas albergan fósiles brasileños de origen sospechoso, dudo que haya mucho que los brasileños puedan hacer al respecto".

"Siento que los abogados y las embajadas deberían pelear entre ellos y simplemente dejar que los científicos hagan su trabajo", dice Martill, quien aclara que, al igual que Longrich, le alegraría que el espécimen fuera devuelto a Brasil, si las autoridades lo consideran necesario. "Me importa un bledo dónde esté el espécimen ... siempre y cuando esté en un sitio seguro y accesible para que los científicos puedan investigarlo en el futuro".

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