15 de junio de 2014 - 00:00

Un esqueleto da pistas sobre la ascendencia americana

El esqueleto casi intacto de una adolescente de complexión delicada, que murió hace más de 12.000 años en el actual territorio de México, podría ayudar a resolver el acertijo de cómo se poblaron las Américas.

Buzos descubrieron el esqueleto hace siete años en un complejo de cavernas inundadas conocido como el Hoyo Negro, en la selva de la península de Yucatán. La llamaron Naia, en honor a las náyades, las ninfas de agua de la mitología griega.

Naia yace en una cámara colapsada junto con los restos de otros 26 mamíferos grandes, incluyendo un tigre diente de sable, a 600 metros del sumidero más cercano. La mayoría de estos mamíferos se extinguió hace aproximadamente 13.000 años. 

Análisis de los restos, cuya gran mayoría aún yace en la cueva sumergida donde se los encontró, sugieren que los nativos americanos modernos son descendientes de los primeros paleoamericanos, quienes migraron de Siberia hacia finales del último período glacial. Una teoría alternativa afirmaba en cambio que un misterioso y más reciente influjo había traído poblaciones nuevas del este de Asia.

“Naia -y los animales- se habría resbalado por un sumidero oculto para caer 30 metros en una charca poco profunda”, dice el paleontólogo James Chatters, de Paleociencia Aplicada, en Bothell, Washington, quien encabezó el estudio publicado la semana pasada en la revista Science. “No habrían tenido forma de salir”, explica. La pelvis rota del esqueleto de Naia, por lo demás intacto, probablemente fue resultado de la caída, afirma.

Reconstruyendo a Naia

Era imposible recuperar el cuerpo de la cueva con seguridad, por lo que el equipo de investigadores buceó e hizo mediciones de huesos in situ. Pusieron el cráneo de Naia en un trípode giratorio y colocaron una cámara en un segundo tripié al lado. Girando el cráneo lentamente, tomaron fotos cada 20 grados. Después, el equipo usó las fotografías para reconstruir una imagen 3D.

Naia, según calcularon, media aproximadamente 1,5 metro. El cráneo, con su pequeño rostro angular proyectado y frente pronunciada, era similar al de los primeros fósiles de paleoamericanos de hace más de 10.000 años, la mayoría encontrados en la región noroccidental del Pacífico. El desarrollo de sus dientes y huesos sugiere que tenía 15 o 16 años.

Los buzos también recuperaron dos dientes, una costilla y una muestra de depósitos minerales que se habían formado sobre la superficie de los huesos. Utilizando dos métodos independientes para datar los restos, los autores fecharon con carbono el esmalte de los dientes y midieron el ratio de uranio y torio en los depósitos minerales. Naia debe tener entre 12.000 y 13.000 años de antigüedad, concluyeron. El ADN mitocondrial de su análisis genético vino de uno de sus dientes.

Historia de ADN

El ADN de Naia revela firmas genéticas en común con los nativos americanos modernos, pese a su muy distinta forma craneal. 
"Nunca se puede excluir que los nativos americanos tengan más de un grupo de ancestros", dice Chatters. Pero los datos de su equipo, señala, son consistentes con la idea de que los nativos americanos evolucionaron de ancestros siberianos.

“Ayuda a apoyar la visión de consenso, a partir de evidencia arqueológica, genética y lingüística, de que las Américas fueron habitadas inicialmente hace entre 15.000 y 20.000 años desde Siberia”, dice el genetista humano Chris Tyler Smith, del Instituto Wellcome Trust Sanger, cerca de Cambridge, Reino Unido. 

De acuerdo con esta teoría ampliamente aceptada, las Américas fueron habitadas por ancestros siberianos que cruzaron el puente terrestre de Bering que en ese entonces unía a Eurasia con Alaska. Se piensa que la migración empezó durante la era de hielo del Pleistoceno (que terminó hace aproximadamente 14.000 años) y continuó durante los siguientes miles de años conforme las poblaciones avanzaron hacia el sur.

No obstante, a los investigadores los ha intrigado por qué los cráneos de paleoamericanos de más de 10.000 años que han sido desenterrados hasta el momento tienen una morfología tan distinta de la de descubrimientos más recientes y a la de los nativos americanos modernos.

Los científicos se preguntaban si otros ancestros de los nativos americanos habían llegado en una migración posterior. Los resultados del nuevo ADN indican que los muy distintos cráneos de los nativos americanos modernos han evolucionado en suelo norteamericano. 

Los restos de paleomaericanos son pocos y muy espaciados, dado que las tribus nómadas no siempre construían tumbas para sus muertos. Es el primer esqueleto entero que se encuentra, y el primer conjunto importante de restos desenterrado tan al sur.

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