Esta vez no hubo escarchilla en la cumbre, pero el ascenso fue cobijado por un viento frío y polvoriento. Esta situación de carrera le dio a la “Etapa Reina” las jinetas de gran hazaña. El público, que fue testigo desde las cornisas de la montaña, acompañó el paciente peregrinaje de los ciclistas. La llegada al Cristo Redentor constituye un desafío personal, también una militancia del sufrimiento.

