Ni un paso atrás de la Corte Suprema de Justicia, ni uno adelante del Gobierno. Ningún desenlace definitorio tuvo ayer la tensa tenida, finalmente política, alrededor del inicio del primer juicio oral y público contra Cristina Fernández de Kirchner. Habrá que esperar hasta la mañana del mismísimo martes para saber si ese mediodía, la ex Presidenta tendrá que sentarse en el banquillo de los acusados para escuchar la imputación por presunta corrupción.
Ayer, el Gobierno en pleno salió a celebrar cual si fuera un triunfo políticoelectoral el comunicado aclaratorio de la Corte. Pero ese “triunfo” no parece ser definitorio.
Hasta el martes faltan todavía cuatro días. Incluso el mismo día, a las 10, la Corte tendrá su habitual acordada (reunión plenaria) de la semana. Ese es un tiempo más que suficiente para que no sólo reenvíe la causa al Tribunal Oral Federal 2 (TOF2) que debe realizar el juicio. También para acompañar ese reenvío haciendo lugar a alguno de los nueve recursos de queja, uno de ellos de la ex Presidenta; o, en otro caso, para quedarse con las copias certificadas en base a las cuales, si así lo decidiera, colocar en suspenso el juicio hasta tanto haya pericias que tengan un valor probatorio mayor que las cinco ordenadas por el TOF2.
Nada está dicho, en definitiva. Ni siquiera si la ex jefa de Estado le dará al Gobierno la foto de campaña que necesita para intentar compensar la ausencia de hechos económicos alentadores. Hasta el mediodía del martes resta una eternidad.