3 de noviembre de 2018 - 00:00

Un año votable (¿botable?) - Por Jorge Sosa

Los postulantes a presidente comienzan a aparecer. Estiran el cogote para que se les note la sonrisa. Ya están en campaña.

Se viene el nuevo año de manera avasallante. Si hasta parece que aún duran en el aire los efluvios de la Navidad pasada y ya tenemos que comenzar a pensar en otra Navidad que nos reúna como familia y donde se hagan los acostumbrados plácemes por un futuro mejor y una vida pletórica de felicidad.

Pero, ¿es eso lo que promete el año que se acerca? Al parecer, no. Al parecer han de ser meses difíciles de atravesar los que nos acerquen al fin del calendario y tan difíciles o más los que comiencen el año por venir.

La gente se siente atacada por varios lados: dólar, impuestos, tasas, inflación, aumentos y ya está cansada de lidiar en contra de tamaños enemigos.

Es probable que esto vaya esclareciendo a los argentinos por quién inclinarse cuando 2019 llame a reemplazar nada menos que al presidente, que no es poca cosa.
No falta mucho, en diez meses ocurrirán las famosas PASO que limpiarán el camino hacia las finales que serán en octubre: menos de un año.

Entonces, los postulantes comienzan a aparecer. Estiran el cogote para que se les note más nítida la sonrisa en las fotografías. Ya están en campaña.

Están los que lo dicen abiertamente, sin tapujos: “Yo quiero ser presidente”. Y están los que quieren pero aún no se largan como si estuvieran mirando el río a ver si descubren algún atisbo de pesca. No se postulan pero tienen unas ganas bárbaras. Son cautelosos porque saben que detrás de ellos debe haber una fuerza que los empuje y hasta ahora detrás de ellos sólo están los custodios.

Mientras tanto la gente todavía no mira la situación con cierta atención, está más preocupada en resolver el día de hoy que ponerse a hacer vaticinios de futuro. El día a día es muy pesado y no quedan espacios libres para una meditación electoral.

Sin embargo pueden descubrirse algunos signos, situaciones, hechos que son más evidentes que dos orzuelos en el mismo ojo.

El pueblo está dividido en sus pensamientos. Es como si hubiera tres espacios de opinión: los que siguen confiando en Mauricio, los que quieren que vuelva Cristina, y lo que no quieren ninguna de las dos posibilidades.

Las encuestas han comenzado a jugar sus roles y aunque las encuestas, últimamente, han demostrado que muchas orinan a dos metros del tarrito, ya comienzan a pintar las alternativas con distintos colores.

El peronismo que no descansa en Calafate está muy desperdigado. Últimamente han existido intentos de acercamiento en muchos de sus dirigentes y seguirán existiendo pero hasta ahora nada concreto. Son muchos los que dicen “Yo sí quiero”, pero poca la organización que pueda hacerles cumplir el objetivo.

El año que viene, si es que se atreve a venir, será quien comience a definir el horizonte o los horizontes. Vendrán las campañas, los afiches, las pancartas, los cruzacalles, los volantes, los discursos y las promesas. Ojalá estas últimas sean las que devuelvan la confianza en un pueblo que ya ha confiado demasiado, que tal vez haya pecado por confiar.

Vendrán por nosotros y nosotros nos enfrentaremos otra vez, delante de la historia de decidir. Ya nos hemos dado la cabeza contra la pared varias veces, esperemos esta vez que la pared sea de telgopor.

Esperemos que el 2019 sea un año votable, y no botable.

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