El mundo está loco y los que lo gobiernan, peor

Los ataques de Trump a su compatriota el papa León XV y sus afirmaciones que le debe su ascenso al pontificado como asimismo sus apariciones en las redes con apariencias de monarca y ahora como Jesucristo ratifican la peligrosidad de este megalómano cuya condición mental ya se cuestiona, incluso, por algunos que fueron sus partidarios.

Una buena noticia aconteció el domingo pasado con la derrota de Viktor Orbán como jefe del gobierno de Hungría. Este personaje exponente del populismo Iliberal, autocrático y corrupto ha sido un permanente caballo de Troya de Putin en la Unión Europea saboteando la ayuda a Ucrania y las políticas de integración, ampliación e inclusión de la comunidad de naciones de Europa.

Ese domingo fue una derrota de ese contubernio entre Putin y Trump, que incluso envió a su vicepresidente Vance a participar de actos de apoyo al autócrata derrotado. Las últimas elecciones europeas han sido un freno a los extremismos y hacen abrigar fundadas esperanzas en el reverdecer de la democracia liberal. En las municipales de Francia, en Castilla, como en el plebiscito convocado en Italia en el que Meloni se proponía desarmar el sistema de justicia anticorrupción y antimafia vigente y que con éxito mandó a la cárcel a políticos, empresarios corruptos y jefes mafiosos como los que provocaron tantas matanzas en Sicilia en los ultimas décadas del siglo pasado en Sicilia.

Otro que, por prejuicios, ignorancia del mundo y de las ideas predominantes y además por su servilismo enfermizo hacia Trump perdió el domingo pasado es el presidente Milei, que fue hace pocos días a Hungría a darle su apoyo a Victor Orbán como lo ha hecho con cuanto neofascista circula por Europa como los nostálgicos del franquismo español que representa VOX.

El desarrollo del conflicto bélico con Irán es otra muestra de la ineptitud de personajes mediáticos que logran llamar la atención de tal modo que ganan elecciones pero que no tienen las condiciones necesarias para afrontar los problemas. En Estados Unidos el gobierno de Trump se caracteriza por gobernar sin tener en cuenta la opinión de estamentos profesionales con notables credenciales de formación académica y conocimiento del terreno, como lo son el Pentágono, el Departamento de Estado, la CIA. Prefiere manejar asuntos tan delicados como un conflicto complejo como el que tiene lugar en Medio Oriente con la opinión de corredores inmobiliarios amigos y familiares compinches en sus negocios privados. A ellos se suma la necesidad de rodearse con los SÍ señor, esa raza de cortesanos complacientes incapaces de decirle la verdad a quien detenta el poder.

El problema del programa nuclear de Irán lo había solucionado el presidente Obama con la diplomacia. Irán entregó el uranio enriquecido que poseía a Rusia y aceptó los controles internacionales sobre su programa nuclear. En su primera presidencia Trump desconoció el acuerdo e Irán reanudó la producción de uranio. Ahora ninguno de los objetivos anunciados por Trump en la guerra que inició fue logrado, pero sí provocó una crisis en la economía mundial cuyas secuelas son impredecibles.

Este problema lo tenemos también en la Argentina. Hay puntos de contacto entre Milei Y Trump, más allá que uno nunca fue más que un empleado menor en una corporación y el otro un mega millonario. Uno de los puntos en común es el resentimiento social que ambos manifiestan. Otro la incapacidad para aceptar opiniones distintas de los que saben más que ellos.

Por eso no soportan las críticas, y odian a los medios de prensa independientes donde hay periodistas en serio capaces de investigar y no ocultar los hechos, aunque esos hechos molesten a los que gobiernan.

Los ataques de Trump a su compatriota el papa León XIV y sus afirmaciones que le debe su ascenso al pontificado como asimismo sus apariciones en las redes con apariencias de monarca y ahora como Jesucristo ratifican la peligrosidad de este megalómano cuya condición mental ya se cuestiona, incluso, por algunos que fueron sus partidarios.

En nuestro país debe aclararse si nuestra relación especial es con los Estados Unidos o con este personaje que es la antítesis de los valores que introdujeron los padres fundadores de la revolución americana.

Mientras tanto, en los temas de la actualidad nacional, el gobierno ante una inflación que no cede, la disminución de la recaudación fiscal por la merma de la actividad económica y ante el escándalo Adorni, solo ve conspiraciones de la prensa y de intereses afectados por sus políticas, comportamiento similar al de los K, cuando el problema es muy claro: el señor Adorni aprovechó su cargo para adquirir bienes y darse gustos que hasta hace dos años estaban fuera de su alcance; lo que corresponde es echarlo. FIN.

* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.

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