Túnez y Egipto, los vecinos cuyas revueltas vecinas desataron la Primavera Árabe, son una lección dual sobre los peligros y el potencial para la democracia a lo largo de la región.
En el tercer aniversario de la huida del ex caudillo, presidente Zine El Abidine Ben Ali, la asamblea constituyente de Túnez estaba posicionada este martes para aprobar una nueva Constitución, que es una de las más liberales en el mundo árabe.
La nueva carta, fusión cuidadosamente redactada que ha ganado la aprobación tanto del gobernante partido islamista como de su oposición secular, presenta a la región un inusual modelo de reconciliación con respecto a la irritante cuestión del papel del Islam en la vida pública.
En el ínterin, los egipcios caminaron lentamente a las urnas este martes para su tercer referendo en tres años a fin de aprobar una nueva Constitución: esta vez por otra que valide la expulsión que hiciera el ejército de su primer presidente elegido justamente, Mohammed Morsi, de la Hermandad Musulmana, y también le dé poder e inmunidad tanto a las Fuerzas Armadas como a la Policía.
"'Descarrilamiento' pudiera ser una manera caritativa de describir la situación actual de Egipto", dijo Nathan Brown, experto en sistemas árabes legales por la Universidad George Washington. En Túnez, dijo, "todos siguen bailando en el borde del precipicio, pero nunca caen".
La diferencia, dijeron académicos, yace en la forma de los fragmentos dejados tras la revuelta de cada país. La brutal policía de seguridad de Túnez prácticamente colapsó durante su revuelta, en tanto su ejército, pequeño y profesional, históricamente no tuvo interés en el poder político. En la política civil, sus facciones islamistas y seculares estaban relativamente en las mismas condiciones de fuerza, con los islamistas ganando sólo una pluralidad en la primera votación libre de Túnez. Cada parte necesitaba de la otra para gobernar.
En Egipto, donde las Fuerzas Armadas han sido un actor político desde el golpe de Estado de Gamal Abdel Nasser en 1952, los generales intervinieron para remover al ex presidente Hosni Mubarak, él mismo militar en otros tiempos, y nunca retrocedieron totalmente. Para complicar incluso más la situación, cada parte del cisma político abrigaba razones para esperar que pudiera gobernar sola: los islamistas dominaron las elecciones, al tiempo que sus oponentes sabían que las Fuerzas Armadas estaban esperando al acecho.
"La oposición sabía que, en primer lugar, quizá nunca pudiera ganar de nuevo unas elecciones, y, en segundo lugar, los militares estaban ahí", dijo Brown.
Con la expulsión de Morsi y la violenta represión de sus partidarios el verano pasado, lo que empezó como una revolución en Egipto se convirtió en tan solo otro capítulo de "la viejísima y siempre violenta historia" de "la rivalidad entre la seguridad de Estado y la Hermandad Musulmana", dijo Zaid al-Ali, jurisconsulto en El Cairo que sigue de cerca ambas constituciones por el Instituto Internacional de Ayuda Electoral para Democracia.
"En Túnez, hemos superado el capítulo por entero, y realmente sientes que ha tenido lugar una revolución", dijo. "En Egipto, eso es debatible".
Túnez, marcada por su propio conflicto agotador, a veces violento, entre autócratas seculares e islamistas políticos, quedó atrapado en un Estado policial incluso más restrictivo que en el que estaba Egipto, con menos espacio para la participación política o la disensión antes de la revuelta.
Hasta mediados de diciembre, su proceso también daba la impresión de estar titubeando al borde del colapso. Hubo asesinatos de líderes políticos de la izquierda y alegatos en el sentido de que el gobernante partido islamista de tendencia moderada, Ennahda, había hecho muy poco por combatir el surgimiento de una insurgencia de militantes islamistas. Durante cinco meses, un atolladero político detuvo la redacción de la Constitución.
Pero, quizá acicateadas por el derrocamiento de los islamistas elegidos en Egipto, ambas partes alcanzaron un arreglo el mes pasado, acordando un primer ministro provisional para el gobierno y regresar a trabajar en la Constitución.
El Ennahda ganó la redacción que asienta que el Islam es la religión de Túnez, pero renunció a cualquier referencia a la ley islámica. "Túnez es un Estado libre, independiente y soberano, y el Islam es su religión, el árabe su lengua y una república su régimen", lee una cláusula del Preámbulo.
Los partidos más liberales, con fuerte cabildeo de grupos de la sociedad civil, aseguraron garantías de que Túnez seguiría siendo un Estado civil con separación de poderes y promesas de libertades y derechos. "Túnez es un Estado de carácter civil, fundamentado en la ciudadanía, la voluntad del pueblo y la primacía de la ley", lee la cláusula homóloga del Preámbulo.
Gobiernos del futuro no pueden enmendar ninguna de las cláusulas.
La asamblea constitucional "finalmente encontró un equilibrio", dijo Ghazi Gherairi, el secretario general de la Academia Internacional de Derecho Constitucional en Túnez, la capital. "Es el resultado del consenso, y esto es nuevo en el mundo árabe".
El referendo de Egipto efectuado este martes al parecer estaba preparado para producir casi unanimidad en votos, pero difícilmente un consenso. Se prevé que una aprobación contundente abra la campaña presidencial del líder militar que removió a Morsi, general Abdel-Fattah el-Sissi. Los electores en varias casillas electorales al parecer dudaban que hubiera quien pudiera votar en su contra.
"¿Qué? ¡Todos están votando sí a la Constitución!", exclamó un hombre al salir de una casilla tras haber creído erróneamente que había oído a otro diciendo que él había depositado su voto en contra de ésta.
"No, me refería a que yo voté en contra de la última", aclaró ese elector, Sami Hadid, de 73 años de edad, refiriéndose a la Constitución trazada por una asamblea encabezada por islamistas y aprobada en el referendo hace poco más de un año. "Odio a la Hermandad Musulmana".
El debate popular ha sido parcial, por decir lo menos. La Hermandad está boicoteando el referendo, descartando la votación por considerarla un intento por legitimar un ilegal golpe de Estado. El gobierno ha clausurado organizaciones de medios informativos de Egipto que simpatizan con el grupo, declarado que la Hermandad es una organización terrorista, encarcelado a sus líderes, decomisado sus activos y penalizado su membresía.
En días recientes, el nuevo gobierno ha arrestado cuando menos a siete activistas meramente por haber intentando colgar pancartas o calcomanías de oposición a la nueva Carta Magna. Medios noticiosos del Estado informaron que más personas fueron arrestadas este martes.
La votación empezó con una pequeña explosión cerca de un edificio de juzgados en el barrio Imbaba de Giza, frente al río desde El Cairo, dañando la fachada pero sin dejar heridos.
Para cuando llegó la noche, el ministerio de Salud informó que al menos 11 personas habían muerto, pero incluso las muertes fueron puestas en duda. La Hermandad informó que cuando menos cuatro de los muertos eran civiles, incluido un menor, que habían sido muertos por la policía.
El ministro del Interior informó que cuatro habían sido muertos por miembros de la Hermandad. Docenas de otros supuestos miembros de la Hermandad fueron arrestados bajo cargos de intento de interrumpir la votación, pero no hubo grandes protestas.
"Esta vez, ha superado a Mubarak en la cúspide de su autoritarismo", dijo Hossam Bahgat, el fundador de la Iniciativa Egipcia por los Derechos Personales.
