Hace 40 años, en los inicios de la primavera de 1973, dos hechos políticos conmovieron la vida de los argentinos. En las elecciones del 23 de setiembre, Juan D. Perón obtuvo el 62% de los votos, logrando por tercera vez la presidencia de la Nación. Ningún candidato presidencial, hasta el presente, ha obtenido una victoria tan contundente, un verdadero plebiscito.
Su triunfo auguraba, en parte, la tan ansiada unidad nacional y poner fin a la enconada lucha entre la derecha y la izquierda del peronismo, lo que algunos politólogos e historiadores han denominado "la batalla peronista".
Sin embargo, cuarenta y ocho horas después, esta unidad se desvanecía a raíz del asesinato del secretario general de la CGT, el dirigente metalúrgico José Ignacio Rucci. La confrontación interna del peronismo seguía vigente, a pesar de la presencia física de Perón en la Argentina.
De tal forma impactó la muerte de Rucci, que al enterarse el propio Perón de lo sucedido, entre azorado y sorprendido, exclamó: "Me mataron un hijo, esos balazos fueron para mí; me cortaron las patas". El llamado Pacto Social se había quedado sin uno de sus principales referentes.
De alguna u otra forma, lo sucedido entre 1970-1973, esto es, entre el asesinato de Aramburu y el de Rucci, es un período en el cual sindicatos, partidos políticos, organizaciones armadas y la sociedad civil en su conjunto se encontraron en un estado de efervescencia social y política.
El regreso definitivo de Perón se produjo el 20 de junio de 1973, en lo que dio en llamarse "la tragedia de Ezeiza". A esto nos hemos referido en nuestro artículo titulado "Ezeiza y el regreso de Perón" (Los Andes, 20-VI-2013). En el mismo hacemos referencia a los pormenores del retorno de Perón y a los sectores que se disputaban su liderazgo, haciendo hincapié en su discurso del 21 de junio, donde definió su postura al afirmar que "? nosotros somos lo que dicen las 20 verdades del peronismo". De esa manera anunciaba el fin del camporismo.
El 13 de julio renunciaron Cámpora y Solano Lima, asumiendo la presidencia Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega. De inmediato, el giro ideológico del gobierno se produjo en consonancia con lo explicitado por Perón en su discurso y se convocó a elecciones para el 23 de setiembre.
La candidatura de Perón era un hecho, y así quedó demostrado, cuando el Consejo Superior del Justicialismo proclamó en el teatro Cervantes, la fórmula Juan D. Perón - María E. Martínez de Perón. La vicepresidencia recaía en la tercera esposa del líder, luego de algunos intentos de colocar en ese lugar al presidente de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín.
El triunfo de Perón fue aplastante y demoledor: obtuvo el 61,87% de los votos, Balbín el 24,37%, Manrique el 12,13%, y Juan C. Coral del Partido Socialista de los Trabajadores el 1,58%.
Una de las figuras claves en el triunfo de Perón había sido, sin lugar a dudas, el secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci. Su imagen había quedado en las retinas de los argentinos por haber cobijado a Perón con un paraguas cuando se produjo su primer regreso, el 17 de noviembre de 1972. Este dirigente gremial de la UOM, de baja estatura, constituía la garantía que Perón necesitaba para que las organizaciones y sindicatos obreros no fueran cooptados por la izquierda sindical, que calificaba a Rucci como un mero "burócrata sindical".
Recordemos que a partir del derrocamiento de Perón en 1955, el movimiento obrero se había burocratizado en su nivel de conducción, corrompiendo a la clase dirigencial. Un punto de inflexión se dio durante la época de la Revolución Argentina, con la figura de otro sindicalista metalúrgico, Augusto Timoteo Vandor, que había apoyado el golpe de 1966 y manifestado su apoyo a la misma. Sin embargo, su política gremialista y "neoperonista" finalizó con el Cordobazo, en mayo de 1969. Un mes más tarde Vandor era asesinado.
El conflicto ideológico del peronismo fue en aumento, atravesó y dividió no sólo a su clase política, sino también a la dirigencia gremial. Cuando Rucci fue electo secretario general de la CGT la situación se volvió aún más tensa y difícil; las organizaciones armadas de Montoneros y el ERP lo consideraban un continuador del vandorismo y un exponente cabal de la burocracia sindical que detestaban. El lema "Rucci traidor, te va a pasar lo mismo que a Vandor", resonaba en las reuniones de las citadas agrupaciones y en los sindicatos enfrentados a la conducción de la CGT.
Perón confiaba ciegamente en Rucci, lo había recibido varias veces en su exilio madrileño y constituía para él un aliado fiel e incorruptible y el elemento clave para mantener al movimiento obrero dentro de la doctrina justicialista y del llamado Pacto Social. Sin embargo, para Montoneros Rucci significaba el gran enemigo interno, ya que era el pivot en el que se apoyaba Perón para disminuir la gravitación de esa agrupación en la conducción del justicialismo.
Lo señalado explica brevemente el hecho de que el asesinato de Rucci se produjese 48 hs. después del triunfo de Perón. Tenían que demostrarle al General el poder de la organización y su deseo de ser tenidos en cuenta en la futura administración del país, para lograr la tan ansiada "liberación nacional". Rucci, en más una ocasión, había expresado que los Montoneros constituían un grupo de jóvenes confundidos, que querían sustituir a Perón y pelearle la conducción del movimiento.
El martes 25 de setiembre al mediodía, el dirigente gremial fue acribillado en la puerta de su casa al igual que uno de sus custodios, recibiendo 23 impactos en su cuerpo, por lo que los responsables de tal hecho denominaron al episodio como "Operación Traviata" en referencia a las galletitas cuya publicidad anunciaba el número de agujeros que tenían.
La consternación fue total y no sólo en el gobierno y en el movimiento justicialista, sino en el país entero; dos días después del plebiscito de Perón, la violencia y la muerte seguían vigentes en la Argentina. Los hechos siguieron su curso, el 12 de octubre de 1973 Perón asumió la presidencia por tercera vez, la cual no finalizaría por su fallecimiento, ocurrido el 1º de julio de 1974.
En su breve gestión la llamada "batalla peronista" no terminó, los enfrentamientos continuaron y la tan anhelada unidad nacional aparecía cada vez más remota, presagiando los sucesos que pondrían al país al borde de un verdadero caos, desencadenando un proceso institucional y económico de graves consecuencias para el conjunto de la sociedad argentina.
Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de diario Los Andes.