16 de diciembre de 2019 - 00:00

Tristeza y decepción en el final de otra cumbre del clima en Madrid

La diplomacia multilateral no consiguió estar a la altura de las expectativas de la sociedad y de la ciencia.

La XXV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático de la ONU, presidida por Chile pero celebrada en Madrid, pasará a la historia por varios motivos.

Se la recordará tanto por las circunstancias que motivaron el cambio de sede, como por ser la más larga nunca antes celebrada desde que las COP comenzaron hace 25 años.

También por ser llamada la "Cumbre de la Ambición" y por quedarse, al final, en una exhibición de que la diplomacia multilateral ha decepcionado a todos, incluso a la propia Presidencia de la Cumbre y a la Organización de las Naciones Unidas.

El resultado definitivo no se corresponde con el esfuerzo de 14 días de negociaciones intensísimas y que se extendieron dos días más de lo previsto.

 

Es una declaración que sí sentará las bases para elevar la ambición climática, pero ya en 2020. Sin embargo por primera vez incluye un mayor protagonismo para los océanos y los suelos, pese a que eso precisamente a punto estuvo de hacer sucumbir también el documento llamado 'Chile-París: Tiempo para la Acción', que allana el camino a la implantación del Acuerdo de París el año próximo, ya que Brasil exigía que se excluyeran esas referencias.

Postura de Brasil

Finalmente, "en consideración" con Tuvalu e Indonesia y tras mostrar su soledad en el plenario, Brasil aceptó el texto. Pero si no se avanzó más allá en el asunto que estuvo más encallado en las negociaciones previas a la COP –que era el artículo 6 del Acuerdo de París, relativo a los mercados de carbono– fue de nuevo por la oposición de Brasil, que bloqueó cualquier avance. Y es que los asuntos multilaterales deben aprobarse con el beneplácito de todos los países y sin esa unanimidad no hay avance posible.

En contra de la postura mayoritaria entre los casi 200 países que forman parte de la Convención Marco de la ONU para el Cambio Climático, Brasil exhibió su postura parecida a la de Estados Unidos, que también trató de limitar cualquier avance en la Cumbre, de acuerdo con la decisión del presidente Donald Trump que inició la desconexión del Acuerdo de París, algo que se hará efectivo el año próximo.

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La sensación general es de "tristeza" y "decepción" ante unas jornadas maratonianas, diurnas y nocturnas, de intensas negociaciones para lograr estar a la altura de lo que la sociedad y la ciencia advierten: que los próximos 10 años son decisivos para evitar los peores efectos del cambio climático si se logra limitar el aumento global de la temperatura a 1,5 grados centígrados.

Tristeza y decepción

Después de que la Presidenta de la COP25, Carolina Schmidt, expresó su "tristeza" ante un acuerdo que no es suficiente para lo que reclaman la sociedad y la urgencia de la emergencia climática. 

Manifestaba así la sensación general expresada por buena parte de los delegados, los que quedaban en el plenario, porque muchos habían abandonado ya Ifema rumbo al aeropuerto.

La ministra para la Transición Ecológica de España, Teresa Ribera, jugó un papel fundamental en esta cumbre. Su rol fue aplaudido y agradecido por los negociadores ayer, tanto en su preparación como en las negociaciones como facilitadora, especialmente en las "horas finales" cuando su homóloga chilena le pidió ayuda para lograr un documento de consenso.

Ribera dijo tener una sensación "agridulce" porque se esperaban compromisos "más contundentes y serios de las grandes economías", mientras que el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, señaló su "decepción" pero aseguró que no se rendirá para conseguir lo que el planeta necesita

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Pese a que 30 mil personas participaron en la agenda oficial  y expresaron la necesidad de que los países aumenten su ambición y rebajen sus emisiones de CO2, al menos a un ritmo del 7,6 por ciento como estima la ciencia que sería lo mínimo necesario, los líderes mundiales plasmaron en el papel la desconexión con las demandas sociales y científicas.

Las cosas de la diplomacia avanzan más despacio que la velocidad a la que gira el planeta. La COP26 empieza a prepararse ya para intentar lograr en esa ocasión la ambición deseada en Glasgow. 

Los jóvenes y Greta, figuras esenciales del evento 

La de este año era una Cumbre Climática diferente, pues a lo largo de 2019 la juventud del planeta y la sociedad civil se movilizó, en parte inspirados en el fenómeno Greta Thunberg.

La adolescente sueca que viajó en barco eléctrico, primero a Nueva York para asistir a la Cumbre Climática de la ONU en septiembre, con la intención de seguir hacia Chile –donde se iba a celebrar originalmente la COP25– y después con el traslado a Madrid, en catamarán por el Atlántico norte, hasta Lisboa para llegar a tiempo a la capital española.

En la capital española se unió a la Marcha Climática el 6 de diciembre que recorrió la Castellana y en la que participó medio millón de habitantes.

Thunberg desató tal expectación que sus apariciones en diferentes actos de la sociedad civil y en el plenario oficial de la Cumbre se anunciaban con poco tiempo de antelación o, ni eso para evitar el caos de jóvenes que querían verla y escucharla.

Durante los días de la COP25 se han organizado miles de actividades, se han presentado importantes informes científicos que concluyen que la emergencia climática es ya una realidad y las organizaciones sociales desplegaron acciones de protesta pacífica casi todos los días.

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