15 de septiembre de 2013 - 01:33

Transporte y competitividad

“El costo de los fletes está complicando mucho a las economías regionales, sobre todo a aquellas que están lejos de los grandes mercados y alejadas de la posibilidad de transporte fluvial.”

En los últimos tiempos, y a raíz de los problemas de competitividad que presentan muchas actividades, producto de la inflación, las empresas vienen haciendo un estudio cada vez más fino de sus costos y de los mismos surgió la importancia que ha tomado el costo de logística, lo que comúnmente llamamos fletes de larga distancia y fletes de distribución.

Es real que el crecimiento de la economía en los últimos diez años se vio reflejado en una mayor utilización de los servicios de transporte, donde aparece casi en forma exclusiva el uso de camiones, ya que el transporte ferroviario no se ha recuperado y no cumple con las exigencias de tiempos que las empresas requieren.

A la hora de la búsqueda de explicaciones para semejante crecimiento de los costos, aparecen muchas teorías que se terminan concentrando en la importancia que el tema salarial tomó en los últimos tiempos. Es sabido que el sindicato que agrupa a los choferes de camiones es muy fuerte, dominado por Hugo Moyano y su hijo.

Este sindicato, con mucho peso político, consiguió muchas cosas, entre ellas, niveles salariales que nunca soñarían profesiones que requieren mayor nivel de capacitación, como médicos o docentes. Además consiguieron, en la época de su alianza con Néstor Kirchner, algunas ventajas, que también beneficiaron a los empresarios del sector. Uno de ellos es que toda la producción de electrónica en Tierra del Fuego solo puede ser transportada en camiones.

En este caso, la racionalidad indicaba que lo más conveniente por rapidez y costos era que esa producción se transportara en barco, pero con esta medida el transporte encarece en un 30% adicional a estos productos, que además no tienen competencia porque está prohibido el ingreso de productos extranjeros.

El impacto en la producción

El costo de los fletes está complicando mucho a las economías regionales, sobre todo a aquellas que están lejos de los grandes mercados y alejadas de la posibilidad de transporte fluvial. Desde el punto de vista de las exportaciones, solo pueden achicar la brecha los que pueden despachar sus mercaderías desde puertos chilenos, que está mucho más cerca, aprovechando pasos cordilleranos.

Para el caso específico de las bodegas, el gerente de una importante empresa nos explicaba que dentro del costo de producción de una botella que en el mercado se vende a 25 pesos, los rubros de transporte y logística (almacenamiento y distribución) representan un 20% del mismo.

En una comparativa, y para ver como la distorsión es del mercado interno, el flete Mendoza-Buenos Aires de una caja de vino como la descripta cuesta casi lo mismo que el flete marítimo Buenos Aires-Rotterdam, pero a su vez cuesta la mitad que la distribución en Capital Federal y Gran Buenos Aires.

En productos de mayor valor la incidencia porcentual es menor, pero en productos de menor valor el problema es más grave, y es el que están sufriendo las frutas y hortalizas de la región.

Cuando se envía un producto en fresco a los grandes mercados, debe usarse como flete un camión que tenga furgón frigorífico. El equipo de frío consume tanto combustible como el tractor que lo lleva, lo que hace que se duplique el costo.

Cuando hay que competir con otras zonas, el estar más alejado atenta contra los precios finales y el problema lo termina pagando el productor primario, ya que no se le puede trasladar al consumidor toda esta cadena que, como se ve, es notoriamente ineficiente.

Los costos y la distancia han impactado directamente en nuestra provincia en la producción de peras y manzanas. Lo que se exporta a través del puerto prácticamente ha perdido con sus colegas del Alto Valle de Río Negro, ya que ellos tienen menor distancia al puerto de San Antonio Oeste, desde donde operan con subsidios. Los nuestros tienen mucha más distancia, que agravaría los fletes perdiendo el beneficio.

Estas desventajas se han acumulado y desestimulado la producción, a tal punto que prácticamente no queda manzana en Mendoza y la pera parece ir por el mismo camino. Algo similar les ocurre a las hortalizas que, sumado a la falta de productividad, se está tornando en una condena de muerte para muchos productores.

Los transportistas se quejan

Por el lado de las empresas de transporte, las quejas también son importantes. El mayor componente del costo de transporte está representado hoy por los salarios y cargas sociales. El combustible también incide porque el continuo aumento va impactando en la ecuación del negocio. Aunque parezca una paradoja, es más fácil manejar la compra de un camión nuevo que administrar los otros temas.

“Nos estamos fundiendo todos”, afirman varios de ellos reunidos de manera informal acerca de este tema. Es que son conscientes, ya que dialogan en forma permanente con sus clientes, del impacto que sus costos van generando, pero dicen que no los pueden bajar ya que son variables que no dependen de ellos. Otros agregan como elemento el incremento de precios permanente de los repuestos y algunos críticos como las cubiertas

Lo real es que la situación se va haciendo cada vez más compleja. Desde el sector vitivinícola y también de la producción de frutas y hortalizas se les ha solicitado a las autoridades nacionales, entre otros puntos, una ayuda para lidiar con el problema de los fletes, pero hasta ahora no apareció ninguna solución.

Es tan grave la situación que un bodeguero decía: “Si tuviéramos que traer botellas vacías desde Buenos Aires, directamente tendríamos que salir del negocio”. La situación es muy compleja porque no aparece un sector con poder económico sojuzgando al resto, sino que todos están impactados, directa o indirectamente, por variables que están fuera de su alcance.

Es indudable que tendrán que hacer un frente común para acudir hacia el poder que puede dar las respuestas: la Nación.

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