11 de febrero de 2015 - 00:00

Traiciones en el Oriente Medio

A mediados de 2013, Estados Unidos empezó a ayudar a los rebeldes moderados de Siria. Les dio solo el apoyo necesario para traicionarlos después.

Como informó Adam Entous en The Wall Street Journal la semana pasada, Estados Unidos les prometió apoyo a los combatientes de Siria pero nunca tuvo la voluntad de cumplir. La CIA les dio a los rebeldes solo del 5 a 20 por ciento de las armas que solicitaron.

Un comandante de confianza solicitó más de mil rifles y recibió menos de 36. Otro comandante recibía al mes 16 balas por combatiente. Los rebeldes capturaron docenas de tanques, pero la CIA no les entregaba dinero para combustible ni morteros, así que los tanques solo estaban ociosos.

Los rebeldes le pedían a la CIA municiones para aprovechar las oportunidades temporales, pero la agencia se tardaba hasta dos semanas para decidir. Estados Unidos les daba dinero para pagarles a las tropas rebeldes, pero solo de 100 a 150 dólares mensuales por combatiente. El Estado Islámico les paga a sus combatientes más del doble.

La CIA tenía el temor de que las armas que suministrara fueran a caer en manos enemigas, por lo que mantenía controles estrictos y paralizantes sobre armas avanzadas. Los comandantes de confianza tenían que grabar cómo usaban los misiles anti-tanques. Tenían que entregar los lanzamisiles usados en un sitio de la frontera para tener derecho a ser reabastecidos.

“Caminamos por Siria con una enorme bandera estadounidense plantada en la espalda, pero no tenemos suficientes rifles AK-47 en las manos para protegernos”, les dijo un combatiente a legisladores estadounidenses.

“¿Por qué nos dieron esperanzas si no iban a hacer nada al respecto?”, preguntó otro.

“Pensamos que ir con los estadounidenses significaría ir con las armas grandes”, declró otro dirigente rebelde en una reunión. “Perdimos esa apuesta.”

Todo el reporte de The Wall Street Journal da la impresión de que el Estado Islámico no solo tiene más resolución que Estados Unidos y sus agencias de inteligencia, sino que tiene una directiva más rápida y competente.

La traición a los rebeldes sirios en 2013 y 2014 fue solo una pequeña traición comparada con la traición de valores que involuntariamente está sucediendo ahora. Parece como si Estados Unidos estuviera dando marcha atrás a su oposición a Bashar Assad, el asesino masivo cuyo régimen bárbaro es la principal causa de inestabilidad en esa parte del mundo.

En su empeño por detener al Estado Islámico, con la esperanza de suavizar las charlas sobre el programa nuclear iraní, los estadounidenses entraron en una alianza de facto con Assad.

Ahora, Siria es obviamente un foso de serpientes en una región donde las opciones normalmente van de lo espantoso a lo horrendo. Pero hay formas de abordar los problemas de esta región y formas de no hacerlo.

La forma de no abordar al Medio Oriente es considerarlo un tablero de ajedrez en el que los grandes maestros de la política exterior de Estados Unidos pueden imponer sus designios. Este es el razonamiento excesivamente confiado que hace que los políticos desperdicien su autoridad moral comprometiéndose un día a destruir Assad y apuntalándolo efectivamente al día siguiente.

Es también lo que lleva a hacer una calibración demasiado fina del apoyo estadounidense a los rebeldes moderados: dándoles el apoyo apenas suficiente para tener la ilusión de estar haciendo algo real, sin darles lo necesario para hacer algo realmente bueno.

El Medio Oriente no es un tablero que Estados Unidos tenga el poder de manipular. Es un drama generacional en el que solo puede interpretar su papel. Es un drama en torno de ideas, una competencia entre las fuerzas del yihadismo y las del pluralismo.

No podemos saber en qué va a desembocar este drama ni podemos dirigirlo. Solo podemos promover el pluralismo de manera continua, sistemática y sencilla.

Apegarnos a nuestros valores significa mantener una postura simple de apoyo a personas que también los adoptan y de oposición ante quienes los rechazan.

Significa ofrecer por lo menos cierto apoyo financiero confiable a los combatientes y activistas moderados aunque sus perspectivas parezcan sombrías. Significa evitar alianzas cínicas, al menos tanto como se pueda. Significa lanzar menos bombardeos para evitar matanzas masivas.

Si hacemos eso, entonces fortaleceremos a personas que no conocemos de una manera que no podemos imaginar. A largo plazo, Estados Unidos logrará que el Medio Oriente sea más fértil para la moderación, que es la única influencia que tiene realmente. Las ideas impulsan la historia.

Por ahora existe una incongruencia partidista sobre la efectividad del gobierno. Los republicanos piensan que el gobierno es una herramienta farfullante en casa pero un magnífico instrumento en el extranjero.

Los demócratas piensan que es un magnífico instrumento en casa pero una herramienta farfullante en el extranjero. En realidad, el gobierno está mejor cuando escoge lo simple y firme en lugar de lo complicado e inteligente. Cuando no se conoce el futuro y no se pueden controlar los eventos, hay que apostarle a la gente. Hay que apoyar lo bueno y oponerse a lo malo.

Los compromisos realistas a medias que socavan a nuestros aliados y los juegos demasiado astutos que fortalecen a nuestros enemigos siempre serán contraproducentes y desembocarán en traiciones que harán que nos sintamos avergonzados.

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