7 de junio de 2013 - 22:41

Tormentas fuertes nublan el horizonte

Frente a una política cada vez más judicializada, tanto oficialismo como oposición mueven sus cartas electorales esperando más de los fallos que de sí mismos.

Parece un juego de palabras pero sólo expresa una realidad de estos días: el intento del Gobierno de politizar la Justicia con la elección popular de miembros del Consejo de la Magistratura en boletas partidarias, ha tenido como primera consecuencia la de judicializar la política.

Hoy la elección de esos consejeros en las primarias de agosto está suspendida y es inminente la llegada de esta cuestión a la Corte Suprema cuyo presidente, Ricardo Lorenzetti, ha prometido resolver en forma inmediata.

Los miembros del alto tribunal sienten que han sido puestos por el Gobierno en medio de un vendaval, pero varios de ellos dicen estar tranquilos y dispuestos a cumplir su obligación constitucional.

Quieren producir un fallo definitivo antes del 22 de junio, fecha en la que vence el plazo para la presentación de candidatos, pero también temen que el oficialismo estire los tiempos para introducirlos aún más en el barro electoral.

Son años

De la gran cantidad de presentaciones que se han hecho ante jueces de primera instancia para que declaren inconstitucional a la elección de consejeros, uno de los fallos esperados con más ansiedad es el de la jueza electoral María Servini de Cubría.

La magistrada recibió el planteo hace unos días y tomó licencia. Quienes dicen conocerla sostienen que su viaje a Europa fue un consejo de su propia y larga experiencia. "Lo hizo para no recibir presiones", aseguran.

Esos mismos informantes agregan que "la Chuchi", como le dicen sus íntimos, siempre fue oficialista y que por eso el Gobierno tiene expectativas de un fallo favorable. Sin embargo, en este caso debería enfrentarse a un gran número de colegas que esperan lo contrario.

La jueza regresa este lunes y muchos creen que su resolución ya está redactada, dando algo de razón a cada una de las partes. "La debe tener lista en la caja fuerte", se dice en Tribunales.

Cualquiera sea ese fallo, o cualquier otro que llegue a la Corte, el alto tribunal puede revertirlo con su propio criterio. Nadie puede asegurar nada pero los cuestionadores de la ley confían en la Corte más que en el Gobierno.

Es que en la Casa Rosada evalúan la información que les hace llegar el supremo Eugenio Zaffaroni, otro viajero que regresó de Italia pero volverá a irse en estos días. También hay comentarios sobre él en Tribunales: "No puede decir ahora algo diferente a lo que expresó sobre la Magistratura cuando fue constituyente, por eso se va".

Si fuera por ese clima previo, la Presidenta debería prepararse para una dura derrota. De ocurrir eso, más tarde o más temprano seguirían el mismo camino otras dos leyes de la reforma judicial: la de cautelares y la que crea Cámaras de Casación. Por ahora a la urgencia y sus prioridades la establece la política.

Si hacía falta una nueva clave para entender lo que el oficialismo piensa sobre la sucesión presidencial, acaba de darla Juan Manuel Abal Medina.

El jefe de Gabinete afirmó: "La única que expresa la continuidad de este modelo es nuestra Presidenta. Hoy no se me ocurre otro nombre que no sea el de ella. Si ella define otro nombre, va a contar con todo el apoyo del espacio político". Esas palabras contemplan dos ideas que se han hecho bandera y que el kirchnerismo no está dispuesto a arriar.

Final abierto

La primera idea es que debe hacerse todo lo posible para que Cristina Fernández siga al frente del proyecto político, a pesar de que la Constitución por ahora lo impide, porque no hay otro que pueda remplazarla. La segunda es que si ella no puede o no quiere seguir, sólo ella señalará al candidato a sucederla. Ambos caminos están hoy sembrados de incertidumbre y eso genera en el poder un desgaste cada día mayor.

Así lo advierten los opositores que, en el caso de Capital Federal, ya han decidido unirse; también lo perciben otros dirigentes que se hacen los rulos dentro del espacio oficialista. Es el caso de Sergio Massa, intendente de Tigre, y del gobernador bonaerense Daniel Scioli. Ambos esperarán hasta horas antes del vencimiento del plazo para la presentación de candidaturas a fin de descubrir sus estrategias en la próxima elección.

Scioli, resistiendo pasivamente todos los ataques del cristinismo, espera que por descarte el dedo de la Presidenta lo señale como su sucesor en 2015. En la Casa Rosada se divierten con eso. Dicen que cualquiera sea el candidato ungido por Cristina, el modelo tienen una base del 35 por ciento de los votos y creen que con eso les alcanzará.

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