16 de marzo de 2014 - 02:25

Todos contra todos por la inflación

“La experiencia de llevar frutas por todo el país ha sido un fracaso. Muchos pueblos contaron con la oposición de los mismos intendentes por pedido de los comerciantes locales”.

El sector de la producción primaria mendocina tiene un año muy malo, el cual se ha visto agravado por diversas contingencias propias del clima de la región. Pero los problemas habían comenzado tres años antes y nada se hizo. Ante cualquier queja, los funcionarios nacionales, que nunca aceptaron la existencia de inflación, mandaban a los empresarios y productores a ser más eficientes.

El problema se generó mientras subía la inflación, aumentaban los costos de las empresas y el tipo de cambio se mantenía atrasado. Algunos empresarios quedaron fuera de juego rápidamente y otros pudieron aguantar algún tiempo. Los que quedan, entraron en crisis durante 2013.

El continuo avance de los precios, disimulado por los índices del Indec, fue devorando las ventajas competitivas, mientras los aumentos salariales, fogoneados desde el mismo gobierno, fueron generando una situación compleja con la consecuencia de pérdida de mercados.
Es que la inflación es un cáncer que no sólo se devora la rentabilidad de las empresas sino que también devora el tejido social y desata un "sálvese quien pueda" ante la falta de un horizonte claro.

En el sector hortícola, los problemas para vender a Brasil, a raíz de represalias aplicadas por las trabas que nuestro país ponía a sus productos, fue afectando a productores de ajo, pero también a muchos productores de frutas. Esta situación fue desalentando a muchos productores, sobre todo pequeños, que decidieron cambiar de rumbo. Así hemos visto cómo han florecido urbanizaciones en tradicionales zonas hortícolas de Guaymallén, Las Heras, Luján y Maipú.

En el caso de las frutas, se sumaron viejos problemas: montes frutales viejos, no adaptados a los nuevos sistemas de conducción, falta de actualización de variedades y pobres desarrollos comerciales, que los deja a expensas de los mayoristas intermediarios. Pero el problema es que los productores se niegan a ser ellos los que comercializan y terminan, ellos mismos, alimentando a los acopiadores.

Algunos suelen quejarse del precio que se les paga, comparando con los precios que paga el consumidor. Pero pocos conocen el valor agregado que tiene el producto en la etapa del empaque. También los costos de traslados, cámaras frigoríficas, los impuestos que gravan cada pase de mano y demás rubros. Obvio, todos ganan, pero el límite lo pone el consumidor.
Hasta el año pasado, los consumidores estaban en una fiesta de consumo y convalidaban casi todo, pero desde el último trimestre de 2013 en adelante, la aceleración inflacionaria y la desaparición del crédito, pusieron un freno muy duro al consumo, y hoy los clientes se han vuelto mucho más racionales y selectivos.

En el caso del vino, los problemas comenzaron a detectarse en los vinos fraccionados más baratos que fueron perdiendo volumen. Por un tiempo, los volúmenes fueron remplazados por ventas de vinos a granel, pero este mercado también se tornó complejo. Mientras, el mercado interno trata de recuperar lentamente la pérdida de mercado experimentada en 2009 a raíz de un faltante de vinos que hizo subir los precios.

Hoy el sector tiene problemas inéditos. Con problemas de una cosecha magra debido a heladas y lluvias, los precios no reaccionan, con el consumo interno creciendo a pasitos muy lentos, pero con menores exportaciones.

La intervención del Estado

El Gobierno provincial decidió intervenir en el mercado de uvas para mosto pagando $ 2,20 por kilo y pretendiendo que las empresas paguen lo mismo. Los empresarios aducen que ese precio implica un precio de exportación de 2.500 dólares la tonelada, mientras el mercado ha recuperado su precio normal, cerca de 1.300 dólares la tonelada. En ese sentido, el Gobierno de San Juan ofreció un precio menor.

Pero, motivados por esta situación, que es de escasez, el gobierno decidió crear un fondo de 200 millones de pesos para regular stocks, lo cual no se entiende porque en este momento el problema no es de stocks, sino de un estrangulamiento provocado por la inflación, que sube costos, y por el consumidor, que tiene achicados sus ingresos y no puede pagar más.

La idea de intervenir no es buena, porque termina siendo un estímulo para que los productores no cambien y no introduzcan mejoras. Con los precios que actualmente el gobierno está pagando, seguramente tendrá que absorber pérdidas, pero lo hará en una pequeña proporción de la producción. El problema grave es que no son tiempos para aumentar precios porque se caerían las ventas y eso agravaría el problema.

La otra intervención será a través de un Ente comercializador para productos locales algo que, hasta ahora, ha sido un fracaso. En ese sentido, es más fuerte la idea de Alberto Samid de crear mini mercados centrales en más lugares.

Pero actualmente, los productores pueden ir por sí solos a los mercados concentradores que funcionan en nuestra provincia y llevar sus productos, pero no lo hacen. La experiencia de llevar frutas por todo el país ha sido un fracaso. Muchos pueblos a los que llegaron los camiones contaron con la oposición de los mismos intendentes por pedido de los comerciantes locales.

La única forma es que los productores se organicen en cooperativas y tengan su propio esquema comercial, pero ellos se niegan a hacerlo y les resulta más tranquilo que el Gobierno lo haga por ellos, Esta función es totalmente ajena al Estado, porque se introduce en la intermediación comercial de terceros, algo que no le corresponde.

Este tipo de salidas no solucionan los problemas estructurales y para ello debería abordarse el tema en profundidad. El Estado no puede seguir poniendo plata para ayudar a  empresarios, dueños de propiedades, que se niegan a trabajar con los requerimientos de los consumidores y a organizarse para alcanzar la escala necesaria. Pensemos que no se les puede aumentar a los maestros o a los enfermeros y estamos poniendo plata para ayudar a empresarios.

Esta historia ya la hemos vivido y se repite. El problema es la inflación y como el Estado no se hace cargo, se da una batalla de todos contra todos. La intervención del Estado sólo genera distorsiones. Ahora que se anunció una baja en los fletes por medio del ferrocarril, los empresarios del transporte entraron en crisis y así seguirán otros porque todos tienen sus costos comprometidos y todos están afectados por el ajuste desatado por el gobierno nacional.

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