22 de mayo de 2016 - 00:00

Tinelli y Moyano: la afición por el poder es mayor que el deseo de gobernar

Hay puntos de contacto entre Marcelo Tinelli y Hugo Moyano que pueden utilizarse como lazo vinculante para intentar una aproximación al por qué se empeñan en mostrarse dispuestos al manejo dirigencial del más alto plano en el fútbol argentino. De hecho, sus figuras respectivas están ganando en el último tiempo más espacio en la prensa deportiva que en otra categoría comunicacional.

Los cargos de relevancia que ocupan en los clubes San Lorenzo e Independiente, respectivamente, fueron producto de internas dirigenciales que los terminaron depositando en puestos clave tras el acto eleccionario: vicepresidente para el animador y conductor televisivo; presidente, en el caso del sindicalista. A ninguno de los dos les cabe la identificación del estereotipo de quien llegó desde una pequeña subcomisión hasta ocupar el puesto principal gracias al apoyo de sus asociados; esto queda para el guión de un film como 'Luna de Avellaneda', pero no para la AFA.

La vocación por el poder en sí mismo es la libido que mueve a dos peso pesado de la escena nacional. No habría de qué extrañarse: a su manera, tanto Tinelli como Moyano son emergentes de la línea de conducción que impuso Julio Grondona durante 32 años de mandato consecutivo. Don Julio -se sabe- fue la representación cabal del modelo autocrático para acumular voluntades en beneficio propio.

Un estratega con rasgos de brillantez para trazar objetivos que se cumplieran con sólo un movimiento de piezas cual si fuera un ajedrecista sagaz. Así, quienes progresivamente lo secundaron en el formato de miembros de su círculo áulico, debieron limitarse a cumplir una función sin despegar con vuelo propio y sólo mostrando eficacia como ejecutores de las órdenes. En la era del grondonismo sin Grondona, aún está vacante el vértice superior de la pirámide en la Asociación del Fútbol Argentino.

Tinelli se ha movido oscilante en la cuestión AFA tal como si estuviera tratando de hacer pie entre el flujo y el reflujo de una marea que lo acerca y lo aleja de la pantalla chica, al cabo la herramienta de comunicación que utiliza con una solvencia ante cámaras, propia de un experto. Es allí donde su personalidad carismática hace anclaje en aquello que los especialistas denominan psicología de la atracción, en la cual la seducción externa importa más que el contenido del mensaje.

El referente televisivo interpreta el personaje del triunfador que está alojado en el inconsciente colectivo argentino. Irradia un mensaje de significación inequívoca: el aquí y ahora prevalece sobre el proyecto del mediano y largo plazo. Su modo de vincularse con el afuera prioriza la empatía como la llave que abra las puertas del vínculo social. Tiene claro que la forma es casi o más importante que el fondo: la espontaneidad en el trato lo aleja de una eventual o hipotética respuesta modelada desde la hostilidad o el rechazo. Acompaña sus frases con un lenguaje gestual que produce un efecto movilizador en las emociones del otro y es un sagaz manipulador desde el impacto visual.

Moyano llegó a los primeros planos desde otro lado: un sindicato. Mantuvo tics del espectro gremial que hacen a su esencia, tal como la toma de decisiones en el momento menos esperado y con la intención de un golpe de efecto. Se le recuerda, por ejemplo, que sólo a veintipico de minutos del cierre estipulado fue a presentar su lista para las elecciones en la entidad de Avellaneda. Esa contextualización cultural lo marcó desde joven para saber cómo hallar su espacio en una base ancha de ingreso al ámbito de las relaciones laborales. Y así siempre hasta que la marcha ascendente vaya decantándose por la supervivencia del más fuerte, al estilo darwiniano.

El modus operandi del líder de los camioneros está marcado a fuego por estas señales de demostración de poderío cuando el rival de turno menos se lo espera. Es en su misma gestión presidencial en la que está frente a una dualidad continua: conjugar su función de administrador de recursos frente a las demandas de recomposición salarial tanto de futbolistas como de empleados. Ser o no ser, ésa es su cuestión.

A Tinelli y Moyano no les son esquivas las contradicciones. Se acercan y se alejan del espectro AFA provocando un efecto continuo de confusión. ¿Quieren o no lo quieren? Una puesta en escena, quizá. Un juego de tono perverso, también. El eje de autoridad sigue marcándoles el camino: la meta es el poder. No importa cuánto, cuándo ni dónde. El Poder, así, en mayúsculas.

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