El oficialismo mendocino reorganiza su estrategia de campaña luego del sacudón que significó la salida del asesor presidencial Mario Riorda, por las diferencias que surgieron con los candidatos.
La fecha de las primarias abiertas está cada vez más cerca y es imperioso descontar la ventaja que lleva Cobos en las encuestas para, más allá del resultado en esa jornada electoral, encarar el tramo hasta las legislativas de octubre con posibilidades reales de demostrar en las urnas supremacía sobre el principal competidor.
Los candidatos confían en varias encuestas que señalarían que la diferencia con el candidato radical se acortó sustancialmente en las últimas semanas. Allegados al oficialismo consideran que eso sólo puede ser atribuido a la puesta en marcha de la estructura partidaria y necesitan que así sea porque en la UCR no se descuidan y le siguen el paso a Cobos en su constante recorrida por la provincia. Esperan un fallo favorable de la Cámara Electoral a la apelación opositora por el cupo femenino.
El residual de la interna. Entre los reacomodamientos, en la semana hubo uno bastante importante que se dio en pleno seno del Gobierno. Pérez dispuso dar una nueva función a quien venía desempeñándose desde el inicio de la gestión como su jefe de asesores, Rodolfo Lafalla.
Tal vez fue consecuencia de la traumática interna de junio, en la que dirigentes y funcionarios cercanos al Gobernador perdieron la pulseada con los sectores tradicionales del partido.
Lafalla debía construir políticamente para Pérez, pero no tuvo eco muchas veces en el mismo gobernador. No resultaba fácil para los asesores dicha construcción, ya que el propio destinatario de las estrategias por lo general se mostró poco predispuesto a la tertulia partidaria y consideró prioritario ejercer su rol de titular del Ejecutivo manteniéndose prescindente de la interna, por encima de las estructuras. Esto le impidió adquirir algo necesario para todo gobernante: poder político.
En ese contexto, la mayoría de las batallas que se afrontaron desde la Casa de Gobierno no terminaron del todo bien para el titular del Ejecutivo. Fue así como, en algunos casos, posibles aliados terminaron jugando en la vereda de enfrente.
Encima, los miembros del gabinete que se lanzaron a la interna en nombre del Gobernador perdieron con los otros sectores del peronismo mendocino. El postulante kirchnerista propiciado por el "paquismo", Germán Ejarque, pasó de pretender competir en la primaria para diputado nacional a ocupar el quinto lugar de la lista de consenso que terminó siendo avalada por la Casa Rosada.
Otro paso en falso fue aquel ensayo de una candidatura testimonial para Francisco Pérez. La tan mentada reforma constitucional nunca terminó de encaminarse y nadie pudo ahuyentar la sospecha de que lo que se priorizaba era la posibilidad de reelección del Gobernador.
Sí le sirvió al PJ la movida reformista para mantener activa a la militancia territorial y también para sincerar diferencias que todos intuían en el radicalismo, ya que a partir de ese intento de debate por la Constitución se resquebrajó la unidad de la UCR en la Legislatura y, a partir de ahí, se fue gestando la partida de Roberto Iglesias hacia espacios alejados del eje Cornejo-Cobos, que hoy pilotea al principal partido de la oposición en la provincia.
Liderazgo de hecho. Con Ciurca de algún modo consensuando las estrategias, el justicialismo quiere sustentarse cada vez más en su poder territorial haciendo conocer a sus candidatos a diputado nacional en todas partes. Sin apartarse de su pertenencia al proyecto nacional del kirchnerismo, en la campaña “a la mendocina” pretenden intensificar las propuestas electorales e instalar las diez leyes para la provincia con las que Alejandro Abraham busca justificar su acceso a una banca en el Congreso. Esos proyectos son el libreto principal para la lista que encabeza el intendente de Guaymallén.
Por afuera también compiten radicales y peronistas. En el análisis de la carrera electoral no hay que olvidar lo que pueden afectar a sus partidos de origen aquellos que compiten con otro rótulo pero que no reniegan de su origen. Es el caso de la lista de Roberto Iglesias que, como Partido Federal, apunta a la interna de la UCR y puede restar votos, principalmente, a la que encabeza Julio Cobos. Bien se ha dicho que el votante de Iglesias y Fayad puede ser aquel radical que nunca perdonará a Cobos haberse ido en su momento con el kirchnerismo.
Pero en el oficialismo también hay una competencia que va por afuera de la estructura y que muchos observan con atención. Es el sector que lidera Daniel Cassia, que representa a una porción fuerte del PJ no kirchnerista que puede llegar a beneficiarse en el curso de la campaña en la medida en que la imagen del oficialismo nacional se debilite. Además, Cassia es muy sólido en temas de seguridad, uno de los ejes principales de la campaña a la que están obligados a participar todos los candidatos por ser uno de los asuntos que más preocupan a los mendocinos.
En el Partido Demócrata, que se alió al macrismo, el panorama es mucho más complejo, ya que todos los aspirantes a la diputación nacional competirán en las PASO. Nadie sacó los pies del plato.
Dos listas son encabezadas por dirigentes jóvenes (Rosales y Aguinaga) que pretenden un definido anclaje nacional del partido para tener más posibilidades de acceder al gobierno provincial algún día. En cambio, la tercera lista es liderada por Eduardo Difonso, hermano del intendente de San Carlos, un dirigente con acreditados años de experiencia, que sabe mucho de internas y que prefiere que el PD se mantenga alejado de su actual socio, el PRO, al que considera básicamente un partido porteño.
Por su parte, Gustavo Gutiérrez hace mucho ya que se fue del PD y que está junto a Elisa Carrió y en esta primaria "compite" con el debilitado socialismo que lidera Montbrun con la intención de fortalecerse mutuamente y sumar los votos necesarios para no quedar afuera de las generales.
Líderes que nucleen fuerzas y calmen las disidencias no sobran en ningún partido. Iglesias y Fayad se fueron para dar la espalda a Cornejo y Cobos. La reacción de Difonso en el PD es un tiro por elevación a De Marchi, el hombre más cercano a Macri en la provincia, que molesta a la conducción de Battagión. Y el justicialismo recurre a un líder que, entre bambalinas, trata de no sobrepasar al Gobernador y menos aún molestar al kirchnerismo.