9 de agosto de 2026 - 09:38

Tu celular no te escucha, pero sí te espía y no es el único: cómo evitar la "vigilancia" de los dispositivos

Aunque muchos creen el mito de que los smartphones nos oyen para mostrarnos productos, la realidad muestra que nuestros datos personales se escapan por otras vías. Qué casos encendieron las alertas y cómo reducir la exposición.

Tan intenso como el uso que le damos al celular es la creencia de que nos espía para saber qué hacemos o queremos. Nuestra paranoia no es infundada y constituye el miedo tecnológico más común de los usuarios. Sin embargo, aunque muchos creen el mito de que el teléfono nos escucha, la realidad muestra que el espionaje es mucho más amplio y diverso que nuestras presunciones.

El celular no escucha, pero sí espía

A todos nos ha pasado: hablamos de zapatillas con un amigo y luego vemos publicidades del producto en redes sociales. Esa parece una prueba definitiva de que el teléfono estaba escuchando, pero como ya hemos mencionado antes en este espacio, no hay evidencia sólida de que las aplicaciones activen de forma generalizada el micrófono para grabar conversaciones y vender anuncios. Incluso una investigación de la Universidad Northeastern analizó miles de aplicaciones Android y su conclusión fue contundente: “No hubo filtraciones de audio en absoluto; ni una sola aplicación activó el micrófono”.

Aunque muchos creen que los teléfonos nos escuchan, la realidad muestra que el espionaje está en otros mecanismos y los usuarios somos en parte responsables de la fuga de datos personales.

Aunque muchos creen que los teléfonos nos escuchan, la realidad muestra que el espionaje está en otros mecanismos y los usuarios somos en parte responsables de la fuga de datos personales.

Escucharnos todo el tiempo no sólo sería ilegal, sino también poco eficiente. La realidad es menos cinematográfica y más inquietante: ubicación, búsquedas, compras, contactos, redes sociales, páginas visitadas, horarios y dispositivos cercanos construyen un perfil tan detallado que muchas veces parece adivinación. Así, no necesitan oír cada palabra para inferir nuestros intereses.

La trampa de las apps

Muchas aplicaciones piden permisos que exceden lo necesario para cumplir su función principal.

Otro caso son algunos juegos gratuitos. Para funcionar no necesitan conocer la ubicación exacta ni acceder a los contactos, pero pueden solicitar esos datos para mostrar anuncios personalizados, medir hábitos de consumo o incentivar invitaciones a otras personas.

La regla es sencilla: conceder solo permisos coherentes con la función de la app. Si una calculadora pide cámara o un juego pide contactos, conviene rechazar el permiso, buscar una alternativa o desinstalarla.

Cámara en acción

Fuera de los celulares, hay dispositivos que nos espían desde la mirada de otros. Los anteojos inteligentes Ray-Ban Meta son un buen ejemplo porque sacan fotos, filman, transmiten en vivo y usan asistentes de IA en un formato casi indistinguible de otras gafas.

Por eso ya hay vetos. Tim Martin, CEO de la cadena de pubs Wetherspoons en Londres, dijo al diario The Guardian: "La norma que rige en nuestros pubs es que no se puede grabar a clientes ni empleados sin su permiso. Las gafas de Meta parecen contravenir esta norma y el sentido común al permitir la vigilancia subrepticia, por lo que nuestra recomendación es apagar las cámaras”.

Las aspiradoras robot cuentan con cámara y escáneres que miran y mapean nuestro hogar, datos que pueden ser robados y comercializados.

Las aspiradoras robot cuentan con cámara y escáneres que miran y mapean nuestro hogar, datos que pueden ser robados y comercializados.

Las aspiradoras robot son un antecedente peligroso. Muchas tienen cámaras y escáneres para mapear el hogar, pero graves fallos de seguridad y vulnerabilidades de privacidad generaron un espionaje inesperado a través de esas funciones. Investigadores y usuarios demostraron que fallas de software permitieron a terceros acceder sin permiso a videos, micrófonos, streaming en vivo y mapas internos de miles de hogares en múltiples países.

El televisor te “mira”

Aunque no tenga cámara, el Smart TV también nos conoce. La tecnología responsable se llama ACR (Reconocimiento Automático de Contenido) y viene activada de fábrica en una enorme mayoría de televisores de Samsung, LG, Sony, TCL y Vizio. Su función es capturar fragmentos de audio o video que miramos y los compara con una base de datos para armar un perfil de nuestros hábitos de consumo.

¿Para qué? En teoría es para mejorar recomendaciones, pero en la práctica busca vender publicidad segmentada a anunciantes, junto con variables demográficas como edad, sexo o nivel socioeconómico estimado según el IP, que es el DNI de nuestra conexión a internet.

Según estimaciones de la consultora ABI Research, el negocio global de datos de Smart TV moverá cerca de 4.500 millones de dólares este año.

La buena noticia es que el ACR se puede desactivar. Aparece con nombres distintos según la marca: "Servicios de información de visualización" en Samsung, "Live Plus" en LG, Samba TV en Sony.

El engaño de Pokémon Go

En 2016 se lanzó la app Pokémon Go y desde entonces millones de jugadores en el mundo salieron a la calle con sus teléfonos a atrapar pokemones a través de realidad aumentada. Sin embargo, hace poco se reveló que Niantic, la empresa desarrolladora, aprovechó más de 30 mil millones de fotos y datos de geolocalización para crear un mapa digital tridimensional del mundo real y entrenar un Modelo de Inteligencia Artificial Geoespacial a gran escala que luego se vendió como tecnología de navegación a empresas de robótica.

Pokémon Go fue un fenómeno sin igual que involucraba jugar con realidad aumentada a través de la cámara del celular. Años después se supo que en realidad era una herramienta para mapear y entrenar modelos robóticos.

Pokémon Go fue un fenómeno sin igual que involucraba jugar con realidad aumentada a través de la cámara del celular. Años después se supo que en realidad era una herramienta para mapear y entrenar modelos robóticos.

La controversia estalló por la falta de transparencia sobre el verdadero destino comercial e industrial de las imágenes capturadas y el vínculo de la empresa con financistas ligados a la CIA.

Estos escándalos se volvieron un recordatorio crucial: los permisos importan. Una app no debería recibir acceso ilimitado a una cuenta, ubicación, cámara o micrófono solo porque ofrece entretenimiento o ayuda.

Claro que esto no significa que todo dispositivo sea una herramienta de espionaje ni que cada conversación privada sea grabada, pero sí obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿cuántos datos estamos entregando a cambio de una función que quizá no necesitamos?

Cómo protegerse

  • Revisar permisos de cada app y quitar acceso a cámara, micrófono, ubicación y contactos cuando no sea indispensable.
  • Desactivar en el smart TV la publicidad personalizada, el reconocimiento automático de contenido y las funciones de seguimiento.
  • Limitar los permisos de ubicación de apps como juegos de realidad aumentada a "solo mientras se usa la app" y no elegir la opción "siempre"
  • Elegir bien qué fotos, ubicaciones y datos se publican en redes sociales: esa información puede servir para herramientas de reconocimiento e identificación.
  • Desconfiar de apps que piden permisos excesivos para funciones simples.
  • Establecer reglas sobre cámaras y anteojos inteligentes en espacios sensibles como trabajo, escuelas, gimnasios o espacios privados.
  • Leer las opciones de privacidad al configurar un dispositivo nuevo.

OPINIÓN

A Dios rogando y con el mazo dando

Shoshana Zuboff, profesora emérita de Harvard Business School, dijo una frase contundente: “El capitalismo de vigilancia comienza apropiándose unilateralmente de la experiencia humana privada como materia prima gratuita para transformarla en datos de comportamiento”.

En otras palabras, la comercialización de datos privados es un negocio bien instalado.

El asunto es que los usuarios también somos parte de esta turbia dinámica porque nos acostumbramos a que la tecnología nos pida permiso con una naturalidad casi imperceptible y la aceptemos sin cuestionar.

También debo admitir que ninguno de nosotros es el Che Guevara tecno para plantarnos frente a términos y condiciones que resulten abusivos y no es por falta de valentía sino más bien por la pereza que da leer un contrato eterno.

Como siempre, la sensatez debe ser el faro que nos guíe. No se trata de volver a vivir desconectados ni de suponer que cada celular es un micrófono clandestino o una cámara oculta. Se trata de recuperar una conducta básica: preguntar qué información se recoge, para qué se usa y quién puede verla.

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