Estás trabajando y la pantalla se ilumina a un costado. No agarrás el teléfono ni abrís el mensaje y seguís con lo tuyo. Sin embargo, para la psicología, las notificaciones del celular pueden afectar momentáneamente la atención incluso en esa situación: un nuevo estudio detectó una desaceleración del procesamiento de aproximadamente siete segundos después de su aparición.
La cifra no significa que quedemos completamente desconcentrados durante siete segundos. Los investigadores observaron algo más específico: las personas tardaban temporalmente más en responder a la tarea que estaban realizando.
Qué pasa durante los 7 segundos posteriores a una notificación
El trabajo, publicado en Computers in Human Behavior, reunió a 180 estudiantes universitarios, distribuidos en tres grupos. Mientras realizaban una tarea Stroop —identificar el color de palabras que podían generar interferencia— aparecían en la pantalla notificaciones similares a las de redes sociales.
Los investigadores midieron tanto las respuestas como la dilatación de las pupilas mediante seguimiento ocular.
Después de aparecer una notificación, el tiempo de respuesta aumentaba durante las cuatro pruebas siguientes. A partir de la quinta, se estabilizaba nuevamente. Según la duración de esas pruebas, la alteración correspondía en promedio a unos 7 segundos.
Lo llamativo es que los participantes no tenían que abrir ni responder la notificación.
Su simple aparición bastaba para generar una interrupción transitoria. Los autores relacionan el fenómeno con una combinación de tres mecanismos: lo llamativo del estímulo, asociaciones aprendidas con las alertas del teléfono y la evaluación automática de si esa información podría ser relevante.
No todas las notificaciones distraían de la misma manera
El experimento incluyó notificaciones que parecían personales, alertas genéricas y versiones visualmente degradadas.
La desaceleración fue mayor cuando la notificación parecía provenir realmente del teléfono del participante y podía contener información relevante. Las alertas genéricas también produjeron un efecto, aunque menor.
Además apareció otra diferencia interesante.
La frecuencia con la que una persona interactuaba habitualmente con su celular predijo mejor la magnitud de la interrupción que el tiempo total de pantalla. Importaban tanto el volumen de notificaciones recibido como la frecuencia con la que revisaba el dispositivo.
Esto cambia ligeramente la discusión habitual sobre el teléfono: pasar muchas horas frente a una pantalla no sería la única variable relevante. La cantidad de pequeñas interrupciones repartidas durante el día también merece atención.
El estudio se realizó en condiciones experimentales y principalmente con adultos jóvenes, por lo que no permite afirmar que cada notificación provoque exactamente siete segundos de distracción en cualquier persona y situación.
Pero sí muestra algo cotidiano: desde la psicología, una notificación del celular no necesita conseguir que toquemos la pantalla para competir por nuestra atención. A veces alcanza con que aparezca.