Después de perder a alguien cercano, algunas personas describen una experiencia difícil de explicar: por un instante sienten que esas personas todavía están cerca. Puede suceder al entrar en una habitación, escuchar una canción, despertarse de un sueño o percibir inesperadamente un olor conocido.
La psicología lleva décadas estudiando estos fenómenos. Una revisión interdisciplinaria concluyó que las experiencias sensoriales o cuasi sensoriales relacionadas con personas fallecidas son relativamente comunes y, en la enorme mayoría de los casos, benignas, por lo que no deberían interpretarse automáticamente como un síntoma psiquiátrico.
1. Sentir su presencia aunque no se lo vea
Es la forma más reportada. Una persona puede encontrarse cocinando, manejando o acostada y experimentar la sensación nítida de que el ser querido está en la misma habitación, aun sin verlo ni escucharlo.
Estudios con personas viudas encontraron esta sensación en aproximadamente 40% a 60% de algunos grupos estudiados, aunque los porcentajes cambian según la muestra y la forma de preguntar.
2. Escuchar su voz o sonidos asociados
Otros dolientes describen haber escuchado durante un instante la voz de la persona fallecida, su manera de llamarlos, pasos o algún sonido que inmediatamente relacionaron con ella.
Eso puede ocurrir especialmente en momentos cotidianos donde durante años existió una expectativa automática: escuchar una llave en una puerta, una tos desde otra habitación o determinada frase frente a una situación concreta.
3. Verlo por un instante o creer reconocerlo
También existen experiencias visuales. Puede ser una imagen fugaz, una silueta o creer reconocer a la persona entre una multitud antes de advertir que se trata de otra.
Los estudios muestran que son menos frecuentes que la sensación general de presencia, pero aparecen repetidamente en investigaciones sobre duelo.
4. Percibir un perfume, una textura o un contacto familiar
Un olor puede activar recuerdos autobiográficos con enorme intensidad.
Por eso algunas personas describen que el perfume, el aroma de una comida, el tabaco o incluso el olor de una prenda aparece repentinamente asociado con quien murió.
También existen experiencias táctiles: sentir durante un momento un roce, una mano o la sensación de que alguien se sentó junto a ellas.
Tanto el olfato como el tacto aparecen documentados en la literatura, aunque con menor frecuencia que las experiencias auditivas o visuales.
5. Soñarlo y continuar el vínculo internamente
Los sueños son otra manera frecuente de sentir cercanía. Además, la psicología utiliza el concepto de “vínculos continuos” (continuing bonds) para describir cómo una persona puede mantener una relación emocional y simbólica con quien murió: hablarle mentalmente, recordar qué consejo daría, conservar determinados rituales o tomar decisiones considerando aquello que representaba.
Eso cambió una idea antigua del duelo según la cual sanar requería necesariamente “desprenderse” por completo de quien murió.