Quienes crecieron en los años 90 y 2000 acompañaron de cerca el paso de un mundo predominantemente analógico a otro cada vez más digital. Internet, los teléfonos celulares y las redes sociales surgieron o ganaron espacio justamente mientras estas personas estaban formando su identidad, según la psicología.
La psicología denomina adultez emergente al período que suele ubicarse entre los 18 y los 29 años, una etapa caracterizada por la exploración de la identidad y la conquista progresiva de la independencia.
Durante estos años también se desarrollan capacidades como la regulación emocional, la tolerancia a la incertidumbre y el autocontrol. El joven comienza a tomar decisiones propias y a construir una vida menos dependiente de las elecciones familiares.
La tecnología acompañó este proceso y obligó a incorporar herramientas y formas de comunicación que no habían formado parte de la infancia de generaciones anteriores.
Quienes crecieron durante esta transición también estuvieron expuestos durante buena parte de su infancia a procesos menos inmediatos: esperar para acceder a determinados contenidos, resolver problemas sin respuestas instantáneas y atravesar períodos de frustración antes de obtener un resultado.
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Esta experiencia pudo contribuir al desarrollo de la capacidad de persistir ante las dificultades y tolerar la frustración, aunque no puede afirmarse que todas las personas de una misma generación hayan desarrollado estas características de idéntica manera.
Las redes sociales también cambiaron la construcción de la identidad
Las redes sociales introdujeron nuevos espacios para explorar gustos, opiniones, relaciones y formas de presentarse ante los demás.
La construcción de la identidad dejó de desarrollarse exclusivamente en ámbitos como la familia, la escuela y los grupos presenciales. Los espacios digitales pasaron a formar parte de ese proceso y permitieron experimentar con distintas formas de expresión y pertenencia.
Un estudio publicado en Frontiers in Psychology, que analizó a 1.148 jóvenes de entre 16 y 21 años de España y Colombia, encontró una asociación entre mayores niveles de autonomía y un mayor bienestar psicológico durante la transición hacia la adultez.
Esto no significa que las redes sociales produzcan por sí mismas mayor autonomía, sino que forman parte del entorno social y tecnológico en el que muchos jóvenes construyen su identidad y desarrollan sus relaciones.
¿Por qué lidiar con la incertidumbre se convirtió en parte de esta experiencia?
La adultez emergente es una etapa marcada por la exploración. Durante esos años todavía pueden permanecer abiertas decisiones fundamentales relacionadas con la profesión, las relaciones, el lugar donde vivir o el proyecto personal.
Aprender a convivir con esas decisiones sin respuestas definitivas puede favorecer el desarrollo de recursos para manejar la incertidumbre. La maduración, en este sentido, no consiste únicamente en encontrar respuestas, sino también en adquirir herramientas para desenvolverse mientras algunas preguntas permanecen abiertas.
Esta transformación también modificó las ideas tradicionales sobre lo que significaba convertirse en adulto.