Mientras Said vertía aceite sobre la cabeza del conductor de taxis, yo seguía esperando que le escurriera por el cuello. Sin importar cuánto aceite vertiera Said, parecía desaparecer en el cuero cabelludo del hombre. Una vez que se terminó la botella, Said tomó la gorra de plástico y empezó a apretarla donde había desaparecido el aceite, haciendo marcas circulares. Con una profunda inhalación, empezó a cantar un versículo árabe melódico.
La cadencia de sus palabras y el ritmo con el que trazaba los círculos se sincronizaron hipnóticamente. Luego de varios minutos, el taxista empezó a sacudirse. Los ojos de Said brillaron. Interrumpiendo brevemente sus versículos, me dijo: “Ahora lo ve, el genio está saliendo”.
Estaba sentado en el asiento de atrás de un taxi, en Stone Town, el barrio viejo de la Ciudad de Zanzíbar, en Unguja, la isla principal del archipiélago. Junto a mí estaba Said Suleimán Mohammed, herbolario y cazador de genios. En el asiento de enfrente estaba un chofer que había reconocido a Said cuando éste pasó caminando frente a su base de taxis. Le imploró a Said que le sacara un genio (o espíritu) malévolo que había entrado a su vida. Said asintió respetuosamente y se volteó a verme: “OK, vamos”, dijo.
Durante gran parte del mundo islámico, se considera que los genios (o “jinni”, como se escribe a veces) son un fenómeno espiritual muy real. El Corán hace varias menciones a los genios, llamándolos una creación de Alá. Ni humanos ni angelicales, se cree que existen en una variedad interminable de manifestaciones, negativas y positivas; por lo general se piensa que los genios invaden las casas y cuerpos de los humanos para causar desastres. Pero tener un problema con un genio no es una ocurrencia rara ni vergonzosa en un lugar como Zanzíbar.
Siendo una región semiautónoma de Tanzania, las islas son más famosas como centro del comercio de especias. En el siglo XIX también fueron el centro del comercio de esclavos, como parte del Sultanato Otomano. La influencia islámica persiste, pero la arquitectura y cultura de Zanzíbar también reflejan la influencia de los zoroastras persas, del Imperio Portugués y del Imperio Británico.
Siendo niño, puse a Zanzíbar en esa clase de destinos fantásticos exaltados junto con Katmandú y Tombuctú. Eran nombres que sonaban muy exóticos para realmente existir. Para mí, Zanzíbar era una antigua tierra de aventuras y especias raras. Pensaba que no había forma de que pudiera estar a la altura de las visiones que había creado mi mente infantil. Gracias a Said, resulté estar equivocado.
Lo conocí mientras trabajaba en una serie documental sobre bebidas alcohólicas indígenas. Hizo de intermediario para la producción. Tenía una calidez casual que contrastaba con la de mis más estudiosos colegas del territorio continental tanzano. Usaba una blanca cofia bordada (un sombrero cilíndrico sin alas) muy alto en la cabeza, revelando una “zebiba”, protuberancia callosa causada por tocar la frente contra el piso repetidas veces durante la oración, considerada señal de devoción.
Le informé que durante mis horas libres iba a investigar sobre medicinas tradicionales y sobre cierto tipo de hechicería islámica con la que brujos crean amuletos protectores impregnados con cenizas de famosos guerreros que lucharon en la batalla de Badr, un punto de inflexión en la campaña de Mahoma para diseminar el islamismo.
“Encontrará más de eso en la isla de Pemba, al norte, que también alberga a muchos genios”. “¿Genios? ¿Como en Aladino y su lámpara?” “El Corán dice que Alá creó al hombre y a los genios. Los genios son un gran problema en Zanzíbar. La gente me llama para que me haga cargo de ellos”.
Y con eso, empezó una nueva obsesión. Los siguientes días los pasé viajando con Said, hurgando en su cerebro para conocer el proceso del exorcismo de genios. Mientras caminábamos por Stone Town, me compartía su conocimiento sobre la historia local, demostrando su habilidad para traducir el significado oculto de los tallados de ornato de los marcos de las puertas. “¿Ve este patrón de cadenas tallado en la madera? En algún punto esta familia fue comerciante de esclavos”, explicaba.
“¿Cómo son los genios?” “Pueden ser hombres o mujeres, y viven mil años. No son placenteros a la vista, por lo que Alá los hizo invisibles... la mayoría de las veces. Pueden asumir muchas formas y a menudo se posesionan de una persona o animal. Cuando veo que se manifiestan, en la mayoría de los casos se ven como personas muy viejas vestidas con ropa antigua”. “¿A dónde van cuando no están molestando a la gente?”
“Los genios tienen sus propias ciudades en el bosque y bajo el mar. A algunos incluso les gusta vivir en sitios asquerosos como el baño. Por eso entramos al baño con el pie izquierdo y salimos con el derecho mientras recitamos súplicas del Corán. No obstante, a la mayoría de los genios les gusta estar solos en los lugares antiguos. Les encanta la isla de Pemba porque tiene muchas ruinas de templos y fuertes que nadie visita. En tiempos del profeta Suleiman bin Dawood (el rey Salomón), Pemba tenía la prisión central de todos los genios. Muchos de ellos todavía permanecen ahí, en las ruinas”.
Said proviene de un largo linaje de herbolarios que empezó en Omán. Su abuelo les instruía. “En ese entonces, no éramos felices porque era un trabajo duro y ajetreado para un niño. Solo queríamos jugar. Hasta después comprendí que nos estaba enseñando”.
Said pasó un tiempo trabajando como ingeniero mecánico en Dubai, en Emiratos Árabes Unidos. Cuando volvió, se mudó lejos del bullicioso Stone Town. Luego de vivir en Dubai había desarrollado un mal sabor por la vida citadina, y solo quería estar rodeado de la naturaleza junto con su familia.
En el pueblo donde se mudó, notó que algunos de sus vecinos dependían de la medicina moderna para tratar enfermedades que sabía que tenían curas naturales. Cuando se enteró que un hombre había sido mordido por una serpiente, ofreció su ayuda.
“Salí a buscar la parte de la planta de yuca donde la raíz choca con el tallo. La molí hasta formar una cataplasma y se la llevé. Se sintió mucho mejor, y me hizo ganar buena reputación en el pueblo. Más y más gente venía de los alrededores haciéndome preguntas. Empecé a recordar todo lo que mi abuelo me había enseñado”.
Al tratar a la gente, Said usaba el nombre de Mohammed Said, el mismo que su abuelo. Pronto sus hermanos y hermanas empezaron a hacer preguntas para averiguar quién era el herbolario que usaba el nombre de sus abuelos. “Al principio nadie sabía que era yo. Cuando les dije, estaban impactados”.
Said confirmó su verdadero llamado una noche en la aldea. “Era aproximadamente media noche y escuché a una mujer gritando. Entré a la casa, y la familia me dijo que estaba teniendo terribles calambres. Cuando la vi, supe que era un genio. Empecé a leer versículos del Corán. Dejó de gritar y me miró. Pude ver que el genio estaba en sus ojos. Me dijo que me fuera. Seguí leyendo los versículos hasta que el genio empezó a llorar y a disculparse. Si puedes hacer que un genio firme un contrato, nunca lo rompe. Esa fue la primera vez que escribí un contrato. El genio se fue para nunca volver”.
“Desde ese momento, mucha gente se me ha acercado en busca de ayuda con los genios. Ha habido veces en que he tenido que matar seis cabras para lograr que un genio firme un contrato y se vaya de una casa. Estaba en el segundo piso de una casa y el genio se llevó las escaleras para que yo no pudiera encontrar la salida. El momento en que tuve más miedo fue cuando entré a un patio y encontré a 10 hombres poseídos por genios. Me rodearon y me dijeron que era muy pequeño para luchar contra ellos. Tardé muchas horas, pero los derroté. Los genios saben que con el Corán podemos matarlos”.
"¿Cómo se mata a un genio?"
"Puedo usar la sura de la espada, en el Corán. Este es el último recurso; prefiero que firmen un contrato y que se vayan en paz. Mis dos principales armas son el Corán y mi aceite para genios". En su mochila lleva una decena de tintineantes botellas de vidrio con aceites de distintos colores, la mayoría usan una base oleaginosa de semilla negra (nigella sativa) y están impregnados de especias. Al mezclarlos, Said lee versículos del Corán y después sopla las palabras en el aceite.
“Este aceite es muy importante para una mujer que está siendo violada por un genio. El genio que la ama no la deja encontrar esposo. Si un hombre la embaraza, el genio la penetrará mientras esté dormida para matar al bebé no nacido. Ella debe aplicar el aceite cada noche en los 32 puntos de entrada de su cuerpo para proteger al bebé”.
Mientras Said hablaba de sus recetas y técnicas, llegamos a una gran ciudadela amurallada. Los Baños Reales de Forodhani, que anteriormente fueran una gran casa de baño persa para el sultán, actualmente son una escuela primaria. Mientras entrábamos al patio, pude ver una decena de ojos curiosos mirándonos a través de las ventanas con celosía de los salones de clases.
“¿Así que quiere ver un genio?”, preguntó Said mientras me guiaba por una desvencijada escalera ubicada en el rincón del patio. Inmediatamente pude sentir que se espesaba el aire. “¿Siente eso?”. Entramos a una cámara subterránea que alguna vez fue baño de la familia real. La pintura de los arcos se estaba cayendo en grandes manchas. Permanecimos parados ahí, bajo los rayos del sol que caían a través del domo del techo. Repentinamente, algo destelló en el rabillo de mi ojo. Sorprendido, alcé los puños y giré hacia el destello. Un gato blanco salió disparado.
"¡Siga a ese gato!", gritó Said, elevando la voz por primera vez desde que nos conocimos. Perseguimos al gato, saltando a la cámara adyacente. Vimos que no había salidas, y no encontramos al gato. Said soltó una carcajada victoriosa. "Ya ve que le dije que los genios están por todas partes".
Le puse el brazo sobre los hombros mientras caminábamos hacia la salida. "Bueno, un genio o un gato muy astuto", le dije.