Cruza de hiperrealismo con estética de comic, además de transparentar la influencia de cineastas como Robert Rodriguez, Katherine Bigelow y John Carpenter, la película “Kryptonita” que se estrena hoy entre nosotros narra una historia de amistad y lealtad entre un grupo de “superhéroes” argentinos marginales.
El film, dirigido por Nicanor Loreti y basado en la novela homónima de Leonardo Oyola, se mueve entre el realismo sucio bonaerense y una imagen propia de comics de superhéroes como Superman, Linterna Verde o La mujer maravilla, de los que algunos de sus personajes toman ciertos poderes y características físicas, “Kryptonita” describe una noche en un hospital público del Gran Buenos Aires, donde el bien y el mal se disputan la vida de Nafta Súper, líder de una banda de delincuentes herido de muerte con un vidrio verde.
Mientras todo eso ocurre, el doctor González, médico en la guardia nocturna del hospital, acostumbrado a perder y a empastillarse para soportar la falta de sueño y la violencia cotidiana de ladrones y policías corruptos, debe decidir si toma partido o no por Nafta Súper, si le salva la vida o lo deja morir, al tiempo que asiste -sin saber nunca si se trata de algo real- a eventos extraordinarios y sobrenaturales.
“Un héroe puede venir de cualquier lado, incluso de los barrios más marginados. Leo Oyola viene realmente de ahí y si ves lo que logró literariamente es como un Maradona”, afirmó Loreti.
El cineasta, que en Mar del Plata ganó el premio a la Mejor Película argentina en 2011 con “Diablo”, un film de terror hoy de culto, señaló que los protagonistas de “Kryptonita” son “en un punto antihéroes, una conjunción de superhéroes y de familia de forajidos que están en una situación difícil y se bancan entre ellos. Me parecían personajes entrañables y quería que engancharan al público, aunque fueran delincuentes”.
Con claras referencias a películas como “Asalto al precinto 13”, de John Carpenter, “Near Dark”, de Katheryn Bigelow, “Sin City”, de Robert Rodríguez, e incluso “La pandilla salvaje”, de Sam Penkinpah, Loreti construye una película de encierro y asedio, en la que se pone en juego la lealtad y amistad entre un grupo de marginales que demuestran hasta qué punto la justicia y la dignidad pueden estar también donde no lo parece.
Diego Velázquez y Susana Varela (como el médico y su enfermera), Juan Palomino, Pablo Rago, Diego Cremonesi, Lautaro Delgado, Nicolás Vázquez, Carca y Sofía Palomino son los antihéroes del film, que más allá de su apariencia y modales representan a la justicia y el bien, frente a la corrupción criminal encarnada por los policías Diego Capusotto y Luis Ziembrowsky, o el hampón sin códigos Daniel Valenzuela.
Junto al director de fotografía Mariano Suárez y al director de segunda unidad Alejo Rébora, Loreti trabajó en la construcción de una atmósfera y una estética propias del comic, donde la iluminación, el trabajo con los colores y el uso del croma -especialmente para evocar los recuerdos épicos de cada uno de los personajes- convierten a la guardia y los pasillos de un simple hospital bonaerense en un mundo alucinante y fantástico.