27 de junio de 2026 - 12:00

La mafia china inspira una película rodada en Mendoza y basada en un caso real: cuándo estrena en el cine

El director Juan Martín Hsu habla sobre su nueva película, "Los caminantes de la calle", inspirada en un caso real de mafia china y filmada en Mendoza. Se estrenará el próximo 3 de julio.

Tras tener buena repercusión en festivales como el Bafici, "Los caminantes de la calle" tendrá su estreno comercial el próximo viernes 3 de julio, en Cinemacenter. El cineasta argentino Juan Martín Hsu dirigió una historia que combina la tensión del thriller policial con una mirada sobre los procesos migratorios, la identidad y los mecanismos invisibles del crimen organizado.

Inspirada en hechos reales ocurridos en Buenos Aires, eligió situarla y filmarla en Mendoza, con un elenco encabezado por Victoria Almeida, quien por estos días se encuentra en la provincia protagonizando junto a Eduardo Blanco "Empieza con D, Siete Letras", obra escrita y dirigida por Juan José Campanella. También actúan Andrés Alberto Tan He, Yuchen Che, Chien Min Lee, Yam Pin Kon y Emilio Chau Chiu.

Juan Martin Hsu

La película, una coproducción entre Argentina y Perú, reconstruye una investigación judicial sin precedentes para adentrarse en una guerra silenciosa que enfrentó a mafias chinas en territorio argentino. Situada en 2010, muestra extorsiones a comerciantes, redes de trata de mujeres llegadas desde China mediante engaños y una compleja organización criminal, que sirven de telón de fondo para una historia en la que un pequeño restaurante familiar termina convirtiéndose en el punto de partida de una investigación judicial.

"El guion nace a partir de una noticia que encontré en la sección policiales de un diario", nos cuenta el director sobre los orígenes del proyecto. "Contaba que una fiscalía estaba investigando una mafia china y que la causa tenía una particularidad: se había construido a partir de dos años de escuchas telefónicas que no podían traducirse porque estaban habladas en un dialecto chino. Como no entendían el contenido, la investigación no podía avanzar. A partir de eso, la fiscalía pidió ayuda a la Embajada de la República Popular China, que envió policías de Shanghái para traducir todo ese material. Así comenzó un trabajo de colaboración entre la fiscalía, la policía argentina y la policía china. Gracias a esas traducciones, la investigación pudo avanzar y empezar a revelar cómo funcionaba la organización".

- ¿Y qué fue lo primero que te impactó del caso?

- Lo que más me llamó la atención no fue tanto la mafia china en sí, sino la manera en que se desarrolló la investigación. Me imaginaba al fiscal escuchando esos CDs, oyendo solamente sonidos, sin entender absolutamente nada de lo que se decía. Eso me llevó a empezar a escribir la historia, porque ahí se cruzaban varios temas que me interesaban: lo sonoro, lo idiomático, la traducción del dialecto y la idea de que llegaran policías desde Shanghái que no venían armados, sino que su arma era el poder de la palabra. Me pareció una linda metáfora para encarar la película. A partir de ahí empecé a desarrollar la historia y también me interesó mucho ese cruce intercultural que se produjo entre un fiscal argentino y policías chinos: por un lado, la ley argentina; por el otro, personas formadas bajo la ley china. Ese intercambio me resultó muy atractivo para seguir trabajando un tema que atraviesa todas mis películas, que es la migración asiática en Latinoamérica y, en este caso, en Argentina. Me pareció un punto de partida muy interesante para desarrollar este universo, tanto desde lo narrativo como desde lo cinematográfico.

Los caminantes de la calle 05

Se trata, en efecto, del tercer largometraje de Juan Martín Hsu, cineasta nacido en Buenos Aires y formado en Diseño de Imagen y Sonido en la UBA. Su ópera prima, " La Salada", ambientada entre los feriantes migrantes de ese complejo, fue seleccionada por festivales como Toronto International Film Festival, BAFICI y Festival Internacional de Cine de San Sebastián, además de obtener reconocimientos como el Premio Cóndor de Plata. Posteriormente dirigió el cortometraje " Diamante Mandarín" y el documental "La luna representa mi corazón", estrenado en la Competencia Internacional de Visions du Réel, donde muestra el reencuentro entre él y su madre, quien eligió volver a Taiwán después de haber vivido en Argentina.

La mafia china y la experiencia migrante

- Aquí combinás por primera vez thriller con drama migrante. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio en la dirección?

- Con "Los caminantes de la calle" vuelvo a tocar este tema, sí, aunque esta vez toma la forma de un policial de autor. Yo no lo llamaría un thriller, sino un policial que transita la experiencia migrante desde otro punto de vista: el policial, a través de víctimas y victimarios. La idea era contar esas historias siguiendo la misma lógica de mis películas anteriores: mostrar el tránsito de personas migrantes en un país que les resulta extraño, a partir de los negocios donde trabajan y de cómo, muchas veces, terminan convirtiéndose en víctimas, como el personaje de Yuchen Che, que es víctima de trata de personas. La manera de trabajar ese equilibrio entre el policial y el drama fue apareciendo de forma bastante natural. La trama policial ya estaba dada por la causa real en la que se inspira la película. Lo que me quedaba era darle cuerpo a esos personajes para poder contar parte de su experiencia migrante dentro de esa investigación. En mis películas siempre abordo distintos momentos de la migración: quienes ya están asentados, quienes recién llegan y las distintas formas en que viven o perciben ese nuevo lugar.

- ¿Qué implicó situar la película en Mendoza?

-El hecho está basado en una causa que era de Buenos Aires. Pero decidimos filmar en Mendoza, en parte por las posibilidades de rodar en locaciones reales, como el Ministerio de Justicia, y también por poder trabajar con actores no profesionales cuyos trabajos cotidianos tenían que ver con los personajes que interpretaban. Por ejemplo, el secretario de la fiscal es abogado, y el comisario de la película es un subcomisario real, Diego Rodríguez. Ellos nos aportaron mucho desde su perspectiva para filmar y para entender las escenas desde la experiencia de sus propios trabajos. Entonces, hubo algo muy importante en el trabajo de los diálogos de la fiscal, interpretada por Victoria Almeida, y de todo el universo judicial y policial, donde estos actores nos ayudaban mucho a entender cómo se habla en el día a día, cómo se trabaja, cómo se arma una escena criminalística, cómo se opera y cómo se construyen esas situaciones. Fueron de muchísima ayuda para generar escenas más reales y evitar que quedaran forzadas o falsas. Y también estuvo la posibilidad de filmar en la ciudad y aprovechar un paisaje que creo que le sienta muy bien a la película: el paisaje mendocino, como escenario de un policial alrededor de una ciudad cercana a las montañas. Hay cierta austeridad en ese universo, tanto en el paisaje urbano como en el natural, que, para mí, le dio a la película una identidad muy particular y un espacio de cierta rareza.

-¿Investigaron o pudieron tomar contacto con los protagonistas reales?

- En cuanto a la investigación, fue principalmente un trabajo realizado dentro de la ciudad. Contamos con la ayuda de las personas que nos facilitaron el acceso a las distintas locaciones y también nos explicaron cómo funciona el mundo judicial y policial, para darle mayor realismo a la película. En cuanto a los protagonistas reales, son de Buenos Aires y no tuvimos contacto con ellos. Se trata de una causa de 2010 o 2011, bastante antigua, así que no hubo un vínculo directo durante el proceso de investigación.

Los caminantes de la calle 02

-Comentabas que desde tus primeros trabajos ya había interés por los cruces culturales y las comunidades migrantes. ¿De dónde nació la necesidad de hablar de estos temas?

-En principio, la necesidad surgió con la primera película, "La Salada", de 2014. Tenía que ver con tratar de contar a un personaje migrante desde un lugar más humano. La idea era correrse del estereotipo: no mostrarlo como alguien bueno o malo, sino como una persona, con emociones y contradicciones, como cualquiera. Primero, quería alejarme de esa imagen estereotipada que muchas veces mostraba la televisión. Y, además, había una motivación personal. Mi familia es taiwanesa; vinieron a la Argentina en las décadas del 60 y del 70. Yo nací acá, soy la primera generación nacida en Argentina, y quería retratar ese lugar migrante desde mi propia perspectiva, desde mis sentimientos y las imágenes que tengo de mi infancia y de mi adolescencia. También, al haber conocido a muchos otros migrantes, noté que había ideas, sensaciones y emociones que se cruzaban y eran muy similares entre ellos. Pienso, por ejemplo, en algunos amigos de mi madre, a quienes yo les digo tíos. Mi madre decidió volver a Taiwán, pero muchos de ellos no, porque cuando regresaban descubrían que el país había cambiado tanto desde los años 60 que ya no reconocían el lugar que habían dejado. Y, al mismo tiempo, tampoco sentían que la Argentina fuera completamente su lugar. Entonces viven con esa contradicción cotidiana de no ser ni de allá ni de acá. Ese tipo de ideas, sensaciones y emociones siempre me parecieron muy potentes para contar en una película y para darle una dimensión más humana a los personajes. También me interesaba que quienes no están tan familiarizados con estos temas pudieran acercarse a esa experiencia a través del cine.

-Aquí trabajaron con actores no profesionales.

-Hay algo interesante relacionado con el trabajo con los actores. Una parte de la película se filmó en Lima, porque allí hay una comunidad china muy grande. A través de los castings que hicimos encontramos a varios actores. Para ese casting fuimos, básicamente, a centros culturales y centros sociales de la colectividad. Buscamos puerta a puerta, con volantes, actores o posibles actores, o simplemente gente que quisiera actuar. A partir de ese proceso surgieron varios de los personajes de la película. Una de mis maneras de trabajar con actores no profesionales es tratar de que, primero, actúen un poco de sí mismos. Y una herramienta para lograrlo es incorporar sus propias historias a la película, tomar experiencias que ellos vivieron e integrarlas al guion. Yo suelo trabajar con Marcelo Pitrola. Escribimos un guion que, al momento del rodaje, se vuelve mucho más blando, más permeable a cambios de situaciones; un guion adaptable a la realidad que va apareciendo durante el rodaje. Entonces, el guion empieza a nutrirse de las propias historias migrantes de estos personajes, y muchas de las situaciones que se cuentan están directamente ligadas a las experiencias personales de cada uno de ellos. Eso ayuda a que estos actores se interpreten, en cierto modo, a sí mismos y, al mismo tiempo, potencia la película desde historias reales que, muchas veces, son muy difíciles de imaginar o de escribir únicamente con la imaginación.

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