Tonto pero no tanto, Axel Kicillof ya se convirtió en un superministro. Tontos pero no tanto era la agrupación que fundó en la universidad. Esa fue su única construcción política.
Tonto pero no tanto, Axel Kicillof ya se convirtió en un superministro. Tontos pero no tanto era la agrupación que fundó en la universidad. Esa fue su única construcción política.
Era una trinchera desde donde disparaba contra las malversaciones de las cifras del Indec y reivindicaba las ideas del marxismo y de Keynes. Tonto pero no tanto, Axel es quien más poder tiene hoy en la Argentina después de Cristina Fernández.
Ella está hipnotizada por su creatividad e inteligencia. En la intimidad le dice “genio” o Kichi, y ambos se potencian en las miradas soberbias y sectarias que tienen de la realidad.
Un dirigente de la UIA no podía creer cuando Axel le dijo que era el mejor ministro de Economía de la historia y que los empresarios se hacían los vivos hasta que llegó él. Aldo Pignanelli dio un panorama totalmente opuesto.
Calificó a Axel como el peor ministro de la historia. Lo crucificó diciendo que le producía tristeza la mediocridad de los que estaban manejando el país al que van a dejar sembrado de bombas de tiempo para el próximo gobierno.
Para colmo, Pignanelli sacó un papel donde tenía anotadas todas las pruebas de lo que decía. Eran demoledoras. Desde que el Chapulín Colorado se hizo cargo de la economía el rumbo general se hizo impredecible y espasmódico.
Hay más inflación, más cepo y más recesión. El muchacho progre de las patillas y la casa en Colonia duplicó el déficit, perdió el superávit de la balanza comercial, el dólar se devaluó 100%, la carne y la nafta valen el doble, los salarios por primera vez perdieron poder adquisitivo y corren de atrás a los precios y bajaron las reservas.
Como si esto fuera poco, Kicillof le llenó la cara de billetes a Repsol, el Club de París, el Ciadi y cuando estaban por acceder al mercado mundial de créditos, dinamitó la vaquita que habían hecho los empresarios para cerrar el tema de los holdouts.
A partir de allí se dedicó junto a la Presidenta a fogonear teorías conspirativas que dicen que no hay default, no hay desacato y que todos quieren derrocar a Cristina e incluso atentar contra su vida o su libertad.
Un volantazo incomprensible que fue leído por todos como una epidemia de irresponsabilidad y mala praxis. En su voracidad por manejar todo se cargó a Juan Carlos Fábrega en el Banco Central y sembró de gente suya y de La Cámpora todos los ministerios.
Pero su victoria fue a lo Pirro. Por primera vez, su figura aparece manchada de una sospecha de corrupción Hasta ahora se mantenía impecable. Pero, enojados, colaboradores de Fábrega hicieron circular información que involucra a Axel con un broker llamado Diego Marynberg que, entre otras cosas, quebró al banco Somicer en Las Bahamas.
Hay muchas cosas poco claras y sospechosas alrededor de este empresario que a través de Latam Securities compró 200 millones de dólares de la deuda argentina desde su oficina en el Central Park de Nueva York. Marynberg, al que Kicillof dice no conocer, tiene en Buenos Aires la consultora Clover en sociedad con Elena Szpolski, hija de Alberto ex presidente del Banco Patricios que quebró en medio de la debacle de sus mesas de dinero negro. Este muchacho manejaba un fondo de inversión de 90 millones de dólares, en su mayoría, con dinero del chavismo venezolano.
Nada demasiado limpio como se ve. Primera basura arrojada sobre Kicillof en lo ético. Veremos cuanto de verdad hay en eso. Mientras tanto, se da un teorema extraño en su relación con el poder. Mientras más fracasa Cristina le da más premios.
Alfonso Prat Gay dice que hace cagadas y que debe abandonar el cargo. Los gobernadores del PJ y hasta Carlos Zannini lo miran con desconfianza. Temen que lleve el gobierno al borde del precipicio. Lo acusan de infantilismo y falta de experiencia. Nunca manejó un quiosco. Lo ven como el mariscal de todas las derrotas económicas.
Tonto pero no tanto, el súper Kicillof nos dijo que debemos quedarnos tranquilos, que tiene todo estudiado. Pero la realidad, que es la única verdad, solo muestra sus fracasos.