26 de julio de 2013 - 22:19

La suba del dólar acelera devaluaciones

Hace menos de un mes, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos tiró un globo de ensayo al anunciar que “estudian” disminuir la inyección de dinero porque la economía estaría mostrando signos de reactivación. Ni lo dijo en forma taxativa ni anunció que desaparecería dicho aumento de la cantidad sino que disminuiría.

Esta afirmación produjo un movimiento rápido de los inversores, que empezaron a salir de los países emergentes para volcarse en movimiento que denominan “flight to quality” (vuelo a la calidad), aunque debería denominarse, con más precisión “vuelo a  la seguridad”. Es que los operadores se anticipan y prefieren invertir en dólares o en activos que tenderán a mejorar junto con la mejora de la economía estadounidense.

Este retiro de capitales lo están sufriendo casi todas las economías latinoamericanas, pero también India y China. Todas estas monedas se han devaluado alrededor de un 13% en el primer semestre y los gobiernos están dejando que el mercado actúe solo.

Las razones tienen que ver con que la capacidad de estas economías se ha visto afectada por la crisis de EEUU y Europa y no tienen la fuerza suficiente para generar mayores ventas ni mantener el ritmo de crecimiento que traían.

En este período hemos visto caer el precio de los metales y ahora le está tocando a los granos. La soja viene en un serrucho de caída acercándose al piso de los 500 dólares la tonelada y podría bajar más por dos factores: buenas cosechas en Estados Unidos y menor demanda de China que, no solo no compraría sino que podría vender stocks para aliviar su situación. Los mercados de futuro de la soja ya están hablando de precios cercanos a los 400 dólares para los próximos meses.

Por lo pronto, las monedas de Chile, Brasil, Perú y Colombia se han depreciado, mientras solo se han revaluado, en términos reales, las monedas de Argentina y Uruguay. Los especialistas calculan que estamos frente a un cambio de ciclo y esto es preocupante para los países de la región.

La mayor preocupación es porque una suba del dólar puede acarrear una segura baja en los precios de exportación de las materias primas que permitieron un gran ingreso de dólares a bajos precios. Al revertirse habrá que ver qué pudo capitalizar cada país para entrar al nuevo ciclo en mejores condiciones que les permitan consolidar las ventajas ganadas, sobre todo en materia de industrialización y en mejoras sociales.

La situación argentina

Uno de los interrogantes de los analistas es de qué manera Argentina podrá enfrentar el cambio de ciclo, dado que hay un atraso cambiario generado por la inflación y existe el temor de que una devaluación fuerte termine alimentando más el proceso inflacionario, neutralizando cualquier devaluación del peso.

En todo el período de bonanza Argentina tuvo ingresos récord de dólares, pero la tasa de inversión estuvo ligada a la mecanización del sector agrícola y a la construcción, pero la inversión industrial no recibió inversiones suficientes, salvo alguno que cuenta con algo de protección, como el automotriz.

No obstante, el Banco Central aprovechó para acumular grandes cantidades de reservas y de esta manera se pudo sobrellevar la crisis de 2008/2009, cuando se produjo un proceso similar aunque transitorio. En esa ocasión, el Banco Central pudo frenar una corrida devaluatoria porque tenía poder de intervención.

Además, como la economía crecía a tasas muy altas y la demanda interna era muy grande, también tenía demanda de pesos. Esto permitió al BCRA seguir comprando divisas, ya que había demanda para los pesos que se emitían.

La diferencia con la situación actual es muy clara. En 2009 había superávit fiscal, abundantes reservas y un mercado cambiario libre y una tasa de crecimiento cercana al 8%. Además, en dicho año el peso se devaluó casi un 30%, pero la inflación era casi la mitad, lo que generó una caída de los costos en dólares.

En la actual situación, Argentina tiene pocos dólares, una economía estancada, déficit fiscal, cepo cambiario, emisión monetaria y un déficit energético que corroe peligrosamente las reservas.

Las disyuntivas del gobierno

Frente a este proceso el gobierno se enfrentará a problemas ante los cuales deberá solucionar no sin pagar costos políticos. Si mantiene la actual relación cambiara, aún con una devaluación del 26%, como marca el ritmo actual de suba del dólar, la situación no cambiaría nada.

Pero un mayor valor del dólar podría mejorar las expectativas de exportación y entrarían más dólares. El problema, con las políticas actuales es que deberían emitir más pesos para comprar el aumento de los dólares y el BCRA debería hacer un esfuerzo extraordinario para esterilizar los excedentes de pesos. Además, como estamos en ritmo muy bajo del consumo, no hay demanda de pesos y esto podría generar mayor inflación.

Las comparaciones son inevitables. Algunos analistas sostienen que la situación de 2009 se pudo sortear porque había una crisis de demanda, por eso el mercado podía absorber pesos porque había superávit fiscal. Pero actualmente hay una crisis de oferta producto de la falta de inversión y el uso del total de la capacidad instalada.

Si el gobierno mantiene el actual modelo cambiario, mayores exportaciones generarían mayor emisión que terminaría alimentando el mercado paralelo y presionando sobre los costos.

Todos coinciden en que el gobierno debería prepararse para una etapa de aceleración de las devaluaciones de las monedas regionales y encarar una estrategia distinta, que debería pasar por cortar las causas actuales de la inflación. Si no lo hace, aunque aumente el ritmo devaluatorio, este se tornará inflacionario. De lo contrario, debería liberar el mercado de cambio. Pero en ambos casos la caída de la inflación sería fundamental para que un aumento del dólar tenga el menor traslado a los costos.

Dado que los procesos se dan tendencialmente, es probable que el actual esquema pueda aguantar hasta las elecciones, pero dependerá de las políticas que apliquen nuestros socios de la región. Lo que es inexorable es que habrá que enfrentar un cambio de ciclo y para ello hay que estar preparado.

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