30 de septiembre de 2019 - 00:00

Suárez y el nuevo poder político provincial - Por José Luis Toso

El futuro gobernador contará con la estructura de gobierno que deja cornejo y con un sólido respaldo territorial.

El gobernador electo Rodolfo Suárez de alguna manera sintetizó anoche, al hablar durante la celebración del triunfo electoral, qué tipo de gestión le tocará encarar a partir de diciembre.

“El orden debe seguir”, enfatizaba en medio de la lógica euforia de funcionarios y militantes que en muchos casos hasta se sorprendían por la diferencia porcentual obtenida.

Es que Suárez deberá utilizar la transición que hoy arranca para dar forma a un elenco de colaboradores que, según él mismo admitió, incluirá a dirigentes que han venido acompañando a Alfredo Cornejo en distintas áreas de la gestión y con diferentes rangos. Ese elenco cornejista del que espera valerse en parte Suárez es el que apuntaló la gestión de gobierno que recibió el amplio respaldo de los mendocinos en las elección de ayer. ¿Cómo no trasvasar parte de esa estructura?

Otra porción del poder político que recibirá el nuevo gobernador son los intendentes. En ellos Suárez encontrará gran respaldo, porque, salvo los casos puntuales de Santa Rosa y La Paz, también cuentan con un fuerte aval en cada uno de sus departamentos. Hubo reelecciones contundentes en territorios estratégicos y otros llegan como sucesores de jefes departamentales muy ponderados, como De Marchi en Luján y Difonso en San Carlos. Los triunfos de Daniel Orozco y Marcelino Iglesias tienen el mérito de haberle puesto un tope a las aspiraciones de retorno de dirigentes que marcaron una etapa del peronismo mendocino que parece cerrarse.

Cornejo definía anoche a su sucesor como poseedor del perfil de una suerte de mendocino típico. Tal vez haya querido expresar el jefe del Ejecutivo que ese estilo confrontativo que lo caracteriza en su extensa carrera política, y que tanto le sirvió para imponer su concepción de cómo debe ser conducido el Estado, tal vez no sea una prioridad en Suárez. Sin embargo, quienes más conocen y frecuentan al actual intendente de la Capital advierten que no se debe subestimar la imagen calma que éste suele ostentar con asiduidad. En realidad, el futuro gobernador probablemente deba desarrollar lo suyo en un escenario diferente en lo nacional, con las implicancias que ello supone.

El orden en la gestión y la revalorización del rol del Estado en cuanto a la prestación de servicios que ha caracterizado al gobierno de Cornejo son un compromiso ineludible para Suárez, que deberá sumar la conducción hasta su concreción de proyectos que, como Portezuelo del Viento, quedan encaminados a pesar de la adversidad económica con la que debió debatirse la  administración actual.

Pero de Suárez también cabe esperar una conducción armónica y de buen vínculo con las cercanías partidarias del espacio que seguirá gobernando. Su explícito reconocimiento al aporte que a Cambia Mendoza realizan los partidos del amplio abanico que forma la coalición habla de, por lo menos, la intención de compartir iniciativas a la hora de fijar prioridades. Los resultados de ayer le aseguran a Suárez una representación legislativa sólida en ambas cámaras. En las bancas, precisamente, seguirán y se sumarán dirigentes que están muy alineados con su idea de gobierno pero que en varios casos provienen de esos espacios no precisamente radicales.

Y otro detalle no menor es el punto de vista de Suárez sobre su relación con la Nación. Bien dijo anoche que cuando pase el bullicio por esta elección y se haya definido la contienda presidencial, buscará lograr el mejor vínculo posible con quien resulte electo para conducir la Nación. Una mirada prudente y oportuna; hace tiempo que Suárez es consciente de que si triunfa Alberto Fernández será uno de los pocos gobernadores representantes de una nueva oposición en el país, con todo lo que supone posicionar a la provincia ante una previsible adversidad política.

. buena base para modelar su propio estilo de gestión.

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