Rodolfo Suárez priorizó la paz social y declinó el que consideraba el proyecto fundacional de su gobierno, el que iba a definir su gestión y soñaba como su legado. La reacción de los mendocinos superó sus previsiones, las de sus funcionarios y también las del peronismo, que inicialmente lo apoyó en bloque.
La decisión de frenar la reglamentación y consecuentemente la aplicación de la ley 9.209, lejos de calmar las protestas, como pretendía, las había atizado y eso se vio el mismo jueves a la noche: la marcha que recorrió el Centro fue más numerosa, heterogénea y contundente que aquella del lunes a la mañana frente a la Casa de Gobierno.
Tanta gente unida por la defensa del agua, una consigna a la que nadie puede dejar de adherir, sorprendió incluso a aquellos que militan desde hace años la conservación sin cambios de la 7.722, la ley que frenó el avance de la minería metalífera en la provincia desde su sanción en 2007.
Pero el alcance fue más allá del Gran Mendoza: la fuerza del reclamo la sintieron por ejemplo quienes ayer viajaron hacia o desde la Patagonia. Uno y otro corte los demoraron durante horas en General Alvear y llegar a la frontera con La Pampa se volvió una misión imposible.
Esos cortes eran el mayor temor oficial. De hecho, en el oficialismo aseguran que en la suspensión de la reglamentación influyeron y mucho los informes de inteligencia que alertaban sobre el riesgo de que Mendoza quedara aislada, con todas las rutas de ingreso cerradas y la refinería de YPF bloqueada.
Ante la evidencia del rechazo social, el Gobernador no sólo dio el paso que le reclamó la calle, dejar tal como estaba la 7.722, sino que también cambió el tono. Su enojo mutó en aceptación del reclamo. A diferencia de aquella decisión anunciada el jueves en soledad por su gobierno, la derogación de la 9.209 fue comunicada tras una reunión con todos los intendentes y líderes legislativos, incluso los del PJ.
Los jefes comunales peronistas intentaron anoche disimular su contundente apoyo inicial asumiéndose como voceros de sus vecinos e impulsores de la derogación. Aunque ya era tarde: ninguno se salvó en las redes sociales.
Juntas, las dos principales fuerzas mendocinas aceptaron su derrota política para evitar una ola como la de Chile, donde las protestas dejaron en offside a la dirigencia de todos los partidos, con efectos todavía difíciles de estimar.