Me alegra que viva en un país con personas que están atentas a la defensa de las libertades civiles.
Me alegra que viva en un país con personas que están atentas a la defensa de las libertades civiles.
Pero, mientras escucho el debate sobre la revelación de dos programas gubernamentales diseñados para registrar presuntos contactos telefónicos y correo electrónico de terroristas, realmente me pregunto si algunos de aquellos que defienden inequívocamente esta revelación se están comportando como si el 11 de setiembre nunca hubiera ocurrido; que lo único que debemos temer es a la intrusión del gobierno en nuestras vidas, no a la intrusión de aquellos que se reúnen en células secretas en Yemen, Afganistán y Paquistán y traman cómo derribar nuestros edificios más altos o derribar aviones de aerolíneas estadounidenses con bombas plantadas dentro de ropa interior, zapatos tenis o impresoras de computadora.
Sí, me preocupa el potencial abuso del gobierno de la privacidad viniendo de un programa diseñado para impedir otro 11 de setiembre, abuso que, hasta la fecha, al parecer no ha ocurrido. Sin embargo, me preocupo incluso más por otro 11 de setiembre. Esto es, temo a algo que ya ocurrió una vez -que fue pasmosamente costoso- y que los terroristas aspiran a repetir.
Me preocupa eso incluso más, no debido a que no me interesen las libertades civiles, sino debido a que lo que más valoro de Estados Unidos es nuestra sociedad abierta, y creo que si hay otro 11 de setiembre -o peor, un ataque que involucre material nuclear-, eso podría conducir al final de la sociedad abierta como la conocemos.
Si hubiera otro 11 de setiembre, temo que 99% de los estadounidenses le diría a los integrantes del Congreso: “Hagan lo que necesiten hacer, que la privacidad se vaya al diablo, tan solo asegúrense de que esto no ocurra de nuevo”. Eso es lo que más temo.
Es por esta razón que yo, muy a regañadientes, intercambiaré que el gobierno use extracción de datos para buscar patrones sospechosos en números telefónicos a los que se llamó y direcciones de correo electrónico -y después tenga que ir con un juez para obtener una orden a fin de efectivamente ver el contenido, bajo normas fijadas por el Congreso estadounidense- para prevenir el día en que, por temor, le demos al gobierno licencia para ver a cualquiera, cualquier correo electrónico, cualquier llamada telefónica, en cualquier lugar, en cualquier momento.
Así que no creo que Edward Snowden, el filtrador de todo este material secreto, sea algún tipo de soplón heroico. No, yo creo que Snowden es alguien que necesitaba un soplón. Necesitaba a alguien que lo desafiara con el argumento de que no vivimos ya en un mundo en el que nuestro gobierno puede proteger a sus ciudadanos de amenazas reales, no imaginadas, sin usar grandes datos -donde aún tenemos una ventaja- bajo constante revisión judicial. No es ideal. Sin embargo, si un ataque más de la magnitud del 11 de setiembre logra pasar, el costo para las libertades civiles será mucho mayor.
Inclino mi cabeza y toco mi sombrero ante Andrew Sullivan por ligar su blog a un ensayo de David Simon, el creador de “The Wire” de HBO. En lo personal, va directamente al núcleo del problema.
“No se pensaría que el gobierno estaba escuchando los secretos de 200 millones de estadounidenses a partir de la reacción y la hipérbole que se está proyectando”, escribió Simon. “Y se pensaría que en vez de una orden legal de la Corte, que es una consecuencia inevitable de legislación que nosotros trazamos y aprobamos, se había descubierto algo ilegal para vergüenza del gobierno. No.
Lo único nuevo aquí, desde un punto de vista legal, es la magnitud sobre la cual el FBI y la NSA (Dependencia de Seguridad Nacional) al parecer están intentando reunir pistas antiterrorismo de esos datos. Sé que es grande y da miedo que el gobierno quiera una base de datos de todas las llamadas telefónicas. Y da miedo que le estén prestando atención a internet. Y da miedo que sus teléfonos celulares tengan GPS instalados.
La cuestión no es si los datos resultantes deberían existir. Así es. La cuestión es más fundamental: es el gobierno teniendo acceso a los datos por las legítimas necesidades de seguridad pública de la sociedad, o están teniendo acceso a ellos en formas que abusan de las libertades civiles y violan la privacidad personal; y en cierto modo eso no está supervisado. Y ante eso, el diario The Guardian y aquellos que están gritando jeremiadas sobre este supuesto descubrimiento de una colección de grandes datos de EEUU están notablemente callados. No estamos enterados de ningún abuso real”.
No necesitamos estar constantemente en guardia ante abusos. Sin embargo, el hecho es que, agregó Simon, cuando menos durante las últimas dos presidencias, “este tipo de captación de datos ha sido una lógica fundamental de un esfuerzo estadounidense en contra del terrorismo al que, en efecto, se le pide encontrar las agujas antes de que sean plantadas en pajares, que prevenga incluso conspiraciones tan modestas y de bases populares como el atentado con bomba en la Maratón de Boston antes de que ocurran”.
Ciertamente, programas secretos, como los ataques prácticamente sin regulaciones de vehículos aéreos no tripulados, pueden conducir a verdaderos excesos que tienen que ser controlados. Sin embargo, también es real lo siguiente, concluyó Simon: “Esos aviones realmente impactaron contra esos edificios. Y esa bomba efectivamente estalló en la línea final de la Maratón de Boston".
"Además, estamos realmente en un conflicto persistente, de baja intensidad y alto riesgo, con un enemigo difuso, comprometido y motivado ideológicamente. Y, por un momento, tan solo imaginen cuánto discurso pomposo estaría llegando, flotando a través de nuestro espectro político si, en las consecuencias de un incidente de terrorismo nacional, un presidente estadounidense y su administración no hubieran logrado aprovechar plenamente los datos telefónicos ya existentes para hacer lo que sea posible para encontrar esas agujas en los pajares”.
Y, yo agregaría, no solo largos discursos arrogantes. Imaginen cuántas restricciones reales a nuestra hermosa sociedad abierta toleraríamos si hubiera otro ataque de la magnitud del 11 de setiembre. Perdónenme si soy el soplón con respecto a eso.