22 de junio de 2013 - 20:56

¿Son lo mismo el cerebro y la mente?

Es un patrón tan antiguo como el tiempo. Alguien hace algún importante descubrimiento científico que explica un pedazo del mundo. Sin embargo, luego la gente queda atrapada en la excitación de este descubrimiento y trata de usarlo para explicar todo. Esto

Por experiencia personal, puedo decirles que cautiva y, en ocasiones, uno se va a los extremos, como si comprender al cerebro fuera la solución para comprender todos los pensamientos y comportamientos.

Esto sucede a dos niveles. Al nivel intelectual, están los neurocartógrafos del circuito de conferencias. Son personas que toman imágenes bonitas de encefalogramas y dicen que las pueden usar para pronosticar el producto que comprará alguien, si mienten o no, o si se debería responsabilizar a un delincuente por su crimen.

En el área intelectual hay académicos y teóricos a los que algunos llaman "nothing buttists". Los seres humanos no son otra cosa más que neuronas, aseveran. Una vez que comprendamos al cerebro lo suficientemente bien, podremos entender el comportamiento.

Veremos la cadena de causalidades físicas que determinan a las acciones. Veremos que muchas conductas, como las adicciones, no son nada más que enfermedades cerebrales. Veremos que las personas realmente no poseen libre albedrío; sus acciones están causadas por procesos materiales que surgen directamente de la naturaleza. La neurociencia remplazará a la psicología y a otros campos como la forma de comprender a la acción.

La propia realidad refuta a estas dos formas de extremismo. El cerebro no es la mente. Probablemente sea imposible ver un mapa de la actividad cerebral y pronosticar o, incluso, entender las emociones, las reacciones, las esperanzas y los deseos de la mente.

El primer problema básico es que las regiones del cerebro manejan una amplia variedad de tareas diferentes, como lo explican Sally Satel y Scott O. Lilienfeld en su libro, absorbente y sumamente ameno, "Brainwashed: The Seductive Appeal of Mindless Neuroscience" ("Lavado de cerebro. El seductor atractivo de la neurociencia sin sentido"), se coloca a alguien en una máquina de resonancia magnética funcional y se ve que la amígdala o la ínsula se encienden durante ciertas actividades. Sin embargo, la primera se prende durante el miedo, la felicidad, la novedad, el enojo o la excitación sexual (al menos en las mujeres). La ínsula tiene la función de procesar la confianza, la introspección, la empatía, la aversión y el escepticismo.

Entonces, ¿qué es lo se está viendo en realidad?

Luego, está el problema de que, por lo general, una actividad está distribuida en muchos lugares diferentes del cerebro. En su libro "Brain Imaging" ("Imaginería del cerebro"), el biofísico de Yale Robert Shulman nota que tenemos este concepto útil, "memoria operativa", pero la actividad que describe este concepto se distribuye extensamente por al menos 30 regiones del cerebro. Más aun, al parecer no hay un patrón disperso de activación que podamos ver y decir: "Esa persona está experimentando odio".

También está el problema de que una acción puede salir de muchos estados distintos del cerebro y el mismo acontecimiento puede disparar muchas reacciones cerebrales diferentes. Como ha argumentado el eminente psicólogo Jerome Kagan, se puede ordenar la misma ensalada, pero la actividad cerebral se verá diferente, dependiendo de si se está ebrio o sobrio, alerta o cansado.

Luego, como también nota Kagan, está el problema del significado. Un vaso de agua puede ser más significativo para usted cuando muere de sed que cuando no es así. Su amante significa más que una amistad. Es tan difícil estudiar a las neuronas y comprender los sabores del significado, como lo es estudiar la ortografía de Shakespeare y comprender las pasiones que despierta Macbeth.

Finalmente, está el problema de los instrumentos, el problema que aqueja a todos los métodos que imitan a la física para pronosticar el comportamiento humano. La gente es fumadora un día, pero lo deja al siguiente. La gente puede cambiar su cerebro en formas únicas e impredecibles, modificando los patrones de su atención.

Lo que Satel y Lilienfeld llaman "neurocentrismo" es un esfuerzo por tomar a la indeterminación de la vida y reducirla a categorías científicas medibles.

En este momento nos vemos obligados a depender de diferentes disciplinas para tratar de entender el comportamiento a niveles múltiples, con tensiones inherentes entre ellos. Algunas personas quieren reducir esa ambigüedad integrando una disciplina que explique todo. Quieren eliminar la complicada ambigüedad de la libertad humana reduciendo todo a un determinismo material.

Sin embargo, esa es la forma del utopismo intelectual que siempre lleva al error. Una tarea importante hoy día es cosechar los excitantes beneficios logrados por la ciencia y por los datos, al tiempo que entendemos los límites de la ciencia y de los datos. La próxima ocasión que alguien les diga lo que dice un encefalograma sean algo escépticos. El cerebro no es la mente.

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